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De la Asociación Jurídica Cubana

De la Asociación Jurídica Cubana

Los convido a todos a ser cada día mejores seres humanos. Recuerden que la cruz que llevamos con dignidad, se glorificará.

Estas acusaciones levantan interrogantes sobre la probidad, lealtad y

decoro de cubanos que hasta hace poco eran referentes a los que muchos

acudieron a por consejo, protección o ayuda.

Este problema se agudiza por el momento en que tiene lugar. Nunca antes

en su historia la nación se había visto en una situación tan

extremadamente peligrosa para su futuro: aquellos valores que

caracterizaron al pueblo cubano se desvanecen a ojos vistas.

El buscar dinero a como de lugar, parece ser el imperativo por

excelencia. El carácter solidario para con nosotros mismos, la palabra

empeñada, el respeto a las mujeres y a nuestros mayores, el acatamiento

de la Ley por la ley misma, la honestidad, la hospitalidad...todo eso

parece haber desaparecido dentro del país, en tanto crecen y proliferan

sus antípodas.

En ese entorno sombrío, cientos de miles (ya millones) de personas han

adoptado una, para ellos, única alternativa: marcharse por cualquier

vía, a cualquier precio, aún a riesgo de la vida.

Acudir a los responsables del desastre no tiene sentido. No poseen la

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capacidad real ni la voluntad para subvertir el orden de cosas. De

ellos sólo podemos esperar lo de siempre: su insistencia en

descalificar, vilipendiar y acusar, poniendo así un cordón "sanitario"

entre los disconformes declarados, y el resto de la población para que

no se contaminen los que todavía vacilan o temen. Queda a la sociedad

civil cubana buscar los asideros para salir del profundo pozo en que

nos encontramos todos.

Es pues ineludible para los que quieren o dicen representar a personas,

grupos o a la sociedad civil toda, ser ejemplos reales (no teóricos o

demagógicos) de transparencia, lealtad a los valores tradicionales de

la cultura nacional e intransigencia en la defensa de esos principios.

Hacer otra cosa es contribuir aun más a la pérdida de la fe del pueblo

y, como nos enseñó el más grande de todos los cubanos, "los que no

tienen fe en su tierra son hombres de siete meses" y "¿Para qué es la

fe, sino para enardecer a los que no la tienen?".

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De ser ciertas las acusaciones de marras (y ciertas quiere decir en

derecho presentación de pruebas irrebatibles), los responsables

quedarían manchados para siempre con los tristes sellos de la

corrupción, de la traición y de la ignominia.

De la corrupción, porque habrían caído en lo mismos hechos que lo que

dijeron combatir: es sencillamente de demagogos condenar lo que

nosotros mismos somos.

De la traición, porque cuando hay cientos de compatriotas en las

prisiones sufriendo penurias sin cuento, de decenas de miles sin

vivienda y en albergues, de millones con serios problemas de

alimentación etc., lucrar con los pocos recursos de que disponen para

la causa y embolsillárselos miserablemente, sólo puede tener un

calificativo: traición.

De la ignominia, porque a partir de ahora, y por la eternidad, padecerán de la afrenta pública que su actuar les ha ganado.

Por otra parte, pensar que dada la situación actual es posible estafar

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campantemente a la sociedad civil y escamotearle los escasos recursos

para su defensa, ya que nadie pudiera ser acusado legalmente ante las

actuales autoridades por actos semejantes, es un pensar, en el mejor de

los casos, temerario.

Los que así razonan olvidan que no existen situaciones eternas. Dentro

de un año (o de diez), las cosas cambiarán y los que no olvidan (que

siempre existen), pudieran entonces reclamar ante la ley por los hechos

de hoy... y la Ley escucharlos.

La Asociación Jurídica Cubana, que no se ha subordinado nunca ni

jerárquica ni metodológicamente a personalidad u organización política

alguna dentro o fuera del país, y cuyas decisiones son tomadas y

asumidas por su Junta Directiva integrada por letrados y estudiantes

actuales de derecho que radican todos en Cuba, no ignora la

desesperanza en que el país está sumido. Sin embargo, para los

juristas, los pasos lentos pero ascendentes que el Derecho

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Internacional Público da para convertir cada vez más firmemente al

individuo en sujeto de ese Derecho frente al poder, hasta hace muy

poco, omnímodo del Estado, representa una luz cada vez más brillante al

final del túnel.

Por todo lo anterior, los hombres (en sentido genérico) podemos perder

muchas cosas: la propiedad, el derecho de opinión, la libertad de

viajar y otras, incluyendo la vida. Pero lo que no podemos perder en

ninguna circunstancia es la dignidad, aunque otros la pierdan.

Que finalice el Maestro: "Cuanto no sea compatible con la dignidad humana, caerás.

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