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"Mis papás nunca hablaron conmigo y me dijeron, mira nos vamos a ir para allá y no nos quieren", dice Victor Guzman.

No renovó su aplicación de DACA, ahora teme verse obligado a volver a las sombras

No renovó su aplicación de DACA, ahora teme verse obligado a volver a las sombras

Victor Guzman tenía 10 años cuando llegó a Estados Unidos con su papá. DACA le permitió conseguir un mejor trabajo, estudiar e iniciar una carrera como activista. Hoy vive con miedo e incertidumbre ante la perspectiva de que rechacen su renovación.

Video: La renovación del DACA de este activista LGBT enfrenta un futuro incierto Univision

CHICAGO, Illinois. Hace tres semanas Victor Guzman montaba su bicicleta gris, que tiene una calcomanía en el tren delantero que dice "Fuck la migra", cuando pasó cerca de una pelea entre pandillas. A medida que llegaban policías para controlar la situación, se empezó a poner nervioso, así que decidió refugiarse en un parque en el sur de Chicago mientras todo pasaba. 30, 35 minutos estuvo allí, esperando y rogando que nadie se le acercara para interrogarlo como testigo.

Apenas unos días antes, su permiso DACA se había vencido y desde entonces le "espanta" que cualquier interacción con las autoridades pueda desencadenar su deportación.

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Guzman pudo haber renovado DACA, pero no lo hizo, principalmente, porque no tenía los 495 dólares que cuesta la aplicación. "Soy una persona de low income, gano el salario mínimo, pago de mi bolsa para la escuela, entonces me quedé sin dinero", dice con un tono melancólico.

Tampoco creía, añade, que había razón para renovarlo después de todas las amenazas que Donald Trump ha hecho desde que asumió la presidencia de que eliminaría la orden ejecutiva del gobierno de Obama, conocida como Acción Diferida para los Llegados en la Infancia.

"No sabíamos si iba a quitar DACA o no, para mí no tenía sentido aplicar a un programa que no iba a existir. Yo no quería dar mi dinero a alguien que lo va a usar para qué, no sé, para deportar más gente. ¿Para qué va a usar mi dinero que me cuesta tanto conseguir? Por eso decidí esperar", señala Guzman, de 24 años, agregando que no fue el único entre sus amigos que tomó una decisión similar. Hay organizaciones como United We Dream que dicen, que aunque califiquen, algunos no han renovados porque tienen miedo de que nadie garantice la confidencialidad de su información o no quieren exponer a su familia.

El 5 de septiembre cuando la administración anunció que aquellos con permisos de trabajo que vencían entre ese día y el 5 de marzo de 2018, podían renovar su aplicación por dos años si envían sus papeles antes del 5 de octubre.

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Entonces Guzman quedó fuera. Solo 154,000 personas califican para renovar según esas fechas, de los 800,000 que se han beneficiado del amparo de deportación desde 2012, y él no está entre ellos. La noticia lo deprimió, menciona, pero solo dos días. Después tomó la decisión de llenar de todas maneras su solicitud y está esperando una ayuda financiera de la organización Paso para poder ponerla en el correo. Prefiere que lo rechacen, a esperar quieto.

"Mis papás nunca hablaron conmigo y me dijeron, mira nos vamos a ir...
"Mis papás nunca hablaron conmigo y me dijeron, mira nos vamos a ir para allá y no nos quieren", dice Victor Guzman.

"A mí se me hace un poco triste que muchas organizaciones están hablando de protección para todos, pero siento que a las personas como yo, que la DACA se nos ha vencido, nos están poniendo como no prioridad para ayudar. Yo siento que, aunque DACA se me haya vencido, soy parte del grupo de los de DACA y siento que sí, soy parte de la comunidad indocumentada, soy de allá y soy de acá", comenta.

Por DACA consiguió ahorrar y entrar a la universidad

De niño Guzman era muy pobre y cortaba nanches y recogía jícamas, rábanos y cebollas del campo para vender en el mercado de Morelos, México. Vivía con su abuela y una hermana un año menor que él, que se quedó en México porque la familia no tenía suficiente dinero para pagar su travesía y porque el papá de ambos consideraba que traerla era mucho más peligroso por ser mujer.

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Cuando tenía 10 años su papá lo fue a buscar, para que pudiera reencontrarse con su mamá en Estados Unidos, "tener una vida mejor" y desarrollar sus habilidades. Era noviembre y hacía frío. Eso es lo primero que recuerda del día que cruzó el desierto, eso y la misma naturaleza en la que había crecido hasta entonces, cuando subía las montañas de Iguala: "Cuando pasé la frontera para mí era lo mismo, como algo cotidiano, pasar el desierto, caminar, ver nada". Les tomó a él y a su padre 12 días y dos intentos distintos atravesar el desierto y llegar a Chicago. En el primero los agentes fronterizos los apuntaron con armas largas y los devolvieron a México. En el segundo tuvo que desprenderse de todas sus pertenencias, salvo la foto de su abuelita, y pasar la noche en un túnel, escondido, temblando en brazos de su padre.

Una vez en Chicago el impacto fue grande. No reconocía a su mamá que se había alisado el pelo, “pintado de güera” y ahora se maquillaba. El queso no le sabía a queso y él no sabía nada de inglés. “Fue como otro mundo para mí, entonces me di cuenta de que ya no estaba en México".

Pero poco a poco hizo su vida y se graduó de bachillerato. Ahí fue cuando verdaderamente se dio cuenta de lo que significaba no tener papeles. "Mis papás nunca hablaron conmigo y me dijeron, mira nos vamos a ir para allá y no nos quieren", comenta. Al no conseguir ayuda financiera para estudiar en college, ni tener permiso para ejercer un oficio legalmente comenzó a trabajar en una fábrica de hamburguesas congeladas. Por dos años se despertó a las 3 am para poder ir a Itasca, un suburbio de Illinois a una hora de Chicago, y formar parte de la línea de producción. "Es difícil, nos hacían trabajar muy duro, producciones exageradas. La línea a veces iba corriendo muy recio. Lo que yo hacía era poner el pan y la otra persona ponía la carne", recuerda.

"Me acuerdo del día que llegué aquí a EEUU, fue un viaje muy largo,...
"Me acuerdo del día que llegué aquí a EEUU, fue un viaje muy largo, llegué cansado, viajamos de Guerrero hasta la frontera", dice Guzman.

Hasta que llegó DACA, en 2012, cuando tenía 20 años, y pudo conseguir trabajo en McDonald’s, en el centro de Chicago, con un mejor horario y condiciones. "Mi papá estaba bien orgulloso de que tenía un trabajo en el centro. Ya salió, le decía a sus amigos, la familia toda trabajando en fábrica y ya él no tenía que pasar por lo que nosotros", recuerda.

Eso es lo que ha significado DACA para la mayoría de sus beneficiarios: conseguir un primer trabajo, un trabajo con mejor paga, un trabajo más acorde con su educación y entrenamientos, un trabajo que encaja mejor en sus metas de carrera a largo plazo, un trabajo con mejores condiciones. Se estima que el 5.5% de los beneficiarios han iniciado sus propios negocios y el 87% están empleados, según una encuesta reciente del Center for American Progress.

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Con ese trabajo Guzmán consiguió ahorrar y entrar al Harold Washington College, para estudiar inglés. Todavía le falta un año para graduarse, porque ha interrumpido varias veces por razones económicas. Quiere especializarse después en psicología y literatura. "Ir al college ha sido muy difícil, ha habido veces que he llorado porque han sido miles de dólares que he pagado al colegio y a veces por pagar no he tenido de comer", narra.

DACA también le ha permitido ser activista, le ha dado “el privilegio de poder luchar” por su comunidad. Primero se involucró con líderes y organizaciones que están abogando por mejores condiciones laborales para los inmigrantes, incluyendo la lucha por un salario mínimo de 15 dólares la hora, y luego por la lucha por los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros y queers (LGBTQ).

Victor Guzman: "DACA me ha dado la oportunidad de luchar en Estados Unidos por mi gente"

Incluso ha sido detenido tres veces por protestar públicamente. En junio, formó parte de un grupo de 40 que interrumpió el paso del desfile del orgullo para llamar la atención sobre el hecho, dice, de que cada vez está más corporizada, es más blanca, cisnormativa, pro gentrificación y racismo, y su rostro apareció en varias revistas y publicaciones nacionales como Teen Vogue.

Se define queer, como 10.2% de los beneficiarios de DACA, según el Center for American Progres. “Es un término que se utiliza para referirse a una persona que no simplemente se identifica como gay. Puedo ser gay, puedo ser más que gay, pero principalmente soy una persona", menciona.

Victor Guzman retratado por una colaboradora de Teen Vogue, manifestando...
Victor Guzman retratado por una colaboradora de Teen Vogue, manifestando por los derechos de las personas transgéneros este junio en Chicago.

En retrospectiva, Guzman dice que ha salido del clóset dos veces: como lgbtq y como indocumentado. "Creo que las dos son difíciles. La primera un poco más porque tienes el rechazo de la familia. En la segunda, como indocumentado, no tienes tanto rechazo porque en la familia entienden esa lucha”, reflexiona.

"No tener DACA me lleva otra vez hasta donde comencé”, menciona. Perder la capacidad de trabajar legalmente significaría para él, como para otras 450.000 personas, perder acceso a un seguro de salud y otros beneficios ofrecidos por los empleadores, de acuerdo con el National Immigration Law Center. Otros 290.000 beneficiarios, también pueden perder su elegibilidad para la cobertura de salud subsidiada por el estado cuando su protección caduque. En este momento Guzman toma prep para protegerse del VIH gracias a una clínica comunitaria, pero teme por lo que pasará cuando los miembros de su comunidad pierdan DACA.

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"Tenemos que asegurarnos de que nuestra comunidad LGBTQ no se olvide, de que los indocumentados de closet estén a salvo, de que la gente más marginada de nuestra comunidad no se olvide, de que las personas trans y queer indocumentadas sean parte de la conversación”, dice.

No quiere volver a las sombras, porque quiere seguir siendo activista, pero ahora tiene miedo. No ha dejado de organizar y asistir a manifestaciones, charlas y reuniones contra la eliminación de DACA en su ciudad, pero se siente mucho más vulnerable que antes.


“Creo que quitarme DACA me va a quitar el privilegio tal vez de protestar, tal vez me van a callar un poco la boca, porque ahora que no tenga DACA voy a tener ese miedo de que me arresten”, dice. “Tengo mucho miedo de que me agarren. Tener que pasar por el proceso de ir un centro de detención a que me marquen, como que he cometido un delito por estar acá, cuando siento que el único delito entre comillas sería luchar por una mejor ciudad para todos aquí en Chicago, para todos los que viven acá. Un mejor lugar para todos".

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