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¿Cuánto pagan los inmigrantes para llegar a las costas de Europa?

¿Cuánto pagan los inmigrantes para llegar a las costas de Europa?

Las mafias exigen diferentes cantidades si el inmigrante viaje al sur de Europa o si desea ser trasladado al norte, donde hay más trabajo

Por Ismael Monzón @IsmaMonzon desde Catania (Italia)

La cúpula de la catedral de Santa Águeda es la única construcción que despunta si se alza la vista desde las aguas que se adentran en el muelle pesquero de Catania. A su alrededor, una marabunta de calles sucias y empobrecidas, que seducen al extranjero capaz de apreciar el paso del tiempo, pero que ofrecen pocas expectativas para el pragmático que intenta buscarse la vida.

La majestuosa figura del Etna a lo lejos queda eclipsada por el humo que desprenden las decenas de camiones que transitan sin descanso en el puerto. Este es el lugar al que esperan llegar miles de inmigrantes cada día, procedentes del otro lado del Mediterráneo, y donde en las últimas horas solo ha atracado un barco italiano con 27 supervivientes de la que se considera ya como la peor catástrofe humanitaria ocurrida en estas aguas.

Debido a su delicado estado de salud, otro de los supervivientes del naufragio había sido trasladado en helicóptero a la ciudad el día anterior. Él fue quien reveló que cerca de un millar de personas iban a bordo de la nave que naufragó a sólo unas millas náuticas de Libia y que quienes consiguieron salir con vida lo hicieron gracias a que se agarraron a los cuerpos de los cadáveres.

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Claudia Marino, médico de la Orden de Malta, es una más de quienes atienden a los refugiados a su llegada a puerto. Por su experiencia expresa que “cuando por fin consigues contactar con ellos y te dan la mano o te sonríen, se te rompe el corazón”. Asegura que los últimos inmigrantes se encuentran en un estado de salud aceptable, aunque sí necesitan asistencia psicológica.

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Viaje al paraíso desconocido

Como ocurre con tantos otros, los protagonistas de la tragedia fueron transferidos a un centro de acogida para inmigrantes a unos 80 kilómetros de la ciudad. Cuatro de ellos son menores y, por tanto, trasladados a otro albergue especial en el que parece imposible comprobar la edad de los refugiados.

El refugio para adultos de la localidad de Mineo tiene capacidad para unas 4,000 personas, aunque tras los últimos naufragios no cabe un alma más. Los equipos de atención médica hacen lo que pueden para evitar el desamparo de los últimos en llegar.

El presidente de la Cruz Roja en Catania, Stefano Principato, confirma que “el seguimiento psicológico es lo más importante en estos casos”, ya que muchos de ellos escapan de la calamidad de la guerra en sus países y después atraviesan una situación traumática en la mar “que les deja marcados”.

En lo que va de año, cerca de 35,000 personas han tratado de arribar a las costas italianas. Las mafias se sirven del descontrol reinante en Libia para convertir a este país en el centro de operaciones. Aunque la mayoría de los refugiados proceden en estos momentos de Siria o Irak.

Desde que hace tres días se produjo la última gran catástrofe, las autoridades italianas han tratado de dar ejemplo en la lucha contra las bandas organizadas, a las que el primer ministro del país, Matteo Renzi, ha calificado como “los esclavistas del siglo XXI”.

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El alto precio

Prueba de ello es que la fiscalía de Palermo emitió este lunes una orden para detener a 24 traficantes que operaban por toda Italia, de los que 15 ya han sido detenidos. Sin embargo, el efecto más impactante lo producen las revelaciones de las que se hace eco la prensa nacional, que narra con todo lujo de detalles la forma de operar de estas mafias.

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Al mando de una de estas redes está Asghedom Ghermay, un etíope que llegó en 2009 como tripulante de una de estas embarcaciones. Entonces pidió un permiso de trabajo y ahora se encarga de trasladar a los inmigrantes que llegan ilegalmente a Italia.

Las víctimas pagan hasta 7,500 dólares por viajar desde su país de origen a Europa, 9,100 si prefieren ser trasladados al norte del continente, mucho más próspero que los países del sur. “Me acusan de llenar demasiado los barcos, pero es que son ellos quienes quieren zarpar rápidamente”, le dice uno de sus colaboradores en una conversación telefónica interceptada por la policía.

El problema para Ghermay y el resto de sus compañeros era que los inmigrantes no llegaran a puerto, porque entonces se quedaban sin su parte del botín. Y esto cada vez ocurre con más frecuencia. Según los datos de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), en lo que va de año 1,727 personas han muerto intentando cruzar las aguas del Mediterráneo.

Controversia política por naufragio en Italia /Univision

Al cierre de 2014 fallecieron unas 3,500 personas de las 290,000 que trataron de dar el salto a Europa, aunque a estas alturas del año sólo lo habían hecho 56. Por tanto, las previsiones apuntan a que este curso se pueden batir todos los récords.

¿Cuál es la solución?

El abogado de la OIM Giovanni Abbate, quien también se encarga de atender a los inmigrantes llegados a puerto, sostiene que la labor de las autoridades europeas debe ser “salvar vidas y no contener las fronteras propias, como se ha visto hasta ahora”.

Italia le exige a Europa más cooperación, ya que paradójicamente cuando en 2013 eran solo las autoridades italianas las que se encargaban de las medidas de vigilancia se destinaban 9.6 millones de dólares mensuales a esta causa, por los 3.2 que aportan el conjunto de países de la Unión Europea (UE). Además, el operativo europeo solo se encarga de custodiar las aguas a unos pocos kilómetros de las costas europeas y no en el espacio marítimo cercano a los países de partida de los refugiados.

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El Consejo de Ministros europeo tiene previsto reunirse este jueves de urgencia para tratar este tema y sobre la mesa ya hay una propuesta sin concretar para aumentar los fondos y luchar contra las mafias. La portavoz de la UE en materia de migraciones, Natasha Bertaud, ni siquiera descarta una “operación militar” en los países de origen para frenar el tráfico ilegal de personas.

El drama que no cesa

Lo cierto es que el tráfico de embarcaciones de este tipo en el Mediterráneo continúa sin dar tregua. Las autoridades italianas calculan que asisten cada día a entre 500 y 1,000 personas. A última hora de este martes la Guardia Costera de este país rescató a más de un centenar de personas. Se prevé que más de medio millar lleguen el miércoles a la ciudad sureña de Salerno. Las autoridades continúan en cooperación con la Marina maltesa para hallar a cientos que quedaron el día anterior a la deriva.

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Es tal el aluvión de cifras que ni los equipos de salvamento italianos están capacitados para afrontar la avalancha, ni los trabajadores sociales consiguen asimilar ya las noticias que llegan. La portavoz del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) en Italia, Carlotta Sami, aseguró que “todavía habrá cientos de víctimas más y muchas de ellas ni siquiera serán encontradas”.

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Es lo que ocurre con las más de 1,000 personas que en la última semana se han dado por desaparecidas en el Mediterráneo. Mientras, el fiscal de Catania buscar las causas de la última tragedia.

El capitán de la nave, un tunecino de 27 años que llegó junto a los últimos supervivientes, ha sido puesto en prisión preventiva junto a uno de sus colaboradores por maniobrar negligentemente la embarcación y provocar el naufragio cuando iban a bordo cientos de personas.

El testimonio de los pocos supervivientes será clave para dar con las causas de la última de las tragedias. Aunque las razones probablemente no estén en si el comandante giró más o menos o si provocó que la barcaza cargada hasta los topes chocara contra el mercante que intentaba socorrer a toda la gente que llevaba a bordo.

Más respuestas ofrecen las depauperadas calles de Catania, donde cientos de inmigrantes de todas las nacionalidades venden baratijas en las esquinas o se lanzan sobre los coches para limpiar sus cristales mientras esperan a que continúe el tráfico.

Algunos han llegado a montar sus negocios e incluso los hay que llevan una vida desahogada. Muchos de ellos consiguieron llegar a la orilla y comenzar una nueva vida. Pese a que el mar se haya tragado a miles en los últimos meses, las condiciones de las que escapan en sus países de origen sigue llevando a pensar que merece la pena arriesgar a una cantidad inabarcable de ellos.

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