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Catedral de Chicago

Hispanos católicos de Chicago se oponen al cierre de dos iglesias

Hispanos católicos de Chicago se oponen al cierre de dos iglesias

Los feligreses han recaudado cerca de 100,000 dólares para evitar el cierre anunciados de dos templos.

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Más de 150 hispanos católicos realizaron hasta este domingo una vigilia de 24 horas delante de la catedral de Chicago para manifestar su rechazo al plan de la Arquidiocesis local de cerrar una iglesia en el barrio de Pilsen, de mayoría latina, y limitar el uso de otros dos templos.

El arzobispo de Chicago, Blase Cupich, anunció el pasado domingo la decisión de cerrar la iglesia de San Adalberto, emplazada en el barrio de Pilsen, porque reparar sus dos torres implicaría un desembolso económico de tres millones de dólares.

De igual manera, se dio a conocer que las iglesias Providencia de Dios y Santa Ana, en el mismo barrio, funcionarían con limitaciones.

Ello dio pie a que unos 150 feligreses hispanos celebrarán desde el domingo una vigilia delante de la Catedral del Santo Nombre, en el centro de la ciudad, durante la cual dieron a conocer que han logrado recaudar unos 100,000 dólares con tal de evitar el cierre de la iglesia de San Adalberto.

"Estamos tratando de evitar el cierre", dijo el diácono Juan Domínguez, quien se reunió con un comité de hispanos del citado templo para buscar soluciones y, al mismo tiempo, el grupo ha solicitado una reunión con Cupich.

"Nos cayó de sorpresa la decisión de la Arquidiócesis", reconoció Domínguez.

Muchos hispanos señalaron que abandonar la Iglesia de San Adalberto representaría un cambio muy drástico en sus vidas.

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"Esta es nuestra parroquia, yo fui bautizada aquí y toda nuestra familia vive aquí cerca", manifestó Olga Alatorre, de 28 años.

De igual modo, los feligreses de la iglesia Providencia de Dios se hallan desconcertados por la noticia de que su iglesia también está en riesgo de cerrar, y que vaya a "consolidarse" con el templo de San Procopio.

"Nosotros no estamos de acuerdo que se consolide con la iglesia San Procopio; no es justo que nos quiten esta iglesia, aquí estuvo el Papa Juan Pablo II en 1989", afirmó María Ester Matías, de 57 años, una inmigrante mexicana.

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