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La bandera cubana ante la nueva embajada de EEUU en Cuba

Comercio con Cuba: el freno sigue puesto

Comercio con Cuba: el freno sigue puesto

El embargo sigue vigente. Solo algunas indústrias pueden exportar a Cuba y los inversores se topan con dificultades logísticas.

La bandera cubana ante la nueva embajada de EEUU en Cuba
La bandera cubana ante la nueva embajada de EEUU en Cuba

Por Damià S. Bonmatí @damiabonmati (texto) y Luis Melgar @asincopado (infografía)

El gigante estadounidense Tyson Foods, segundo productor de carne procesada del mundo, ya hace tiempo que le vende a Cuba. Solo en 2014, Tyson y otras empresas de Estados Unidos enviaron a la isla caribeña productos cárnicos por valor de 149 millones de dólares. Pero son una excepción.

Lo eran antes izar la bandera cubana en Washington y la bandera estadounidense en La Habana, y lo seguirán siendo después. Estados Unidos mantiene el freno puesto en las relaciones comerciales con Cuba.

“Todavía hay un embargo comercial”, indica Rachel DeLevie-Orey, que analiza las relaciones entre los dos países desde el observatorio Atlantic Council.

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Pero, con la esperanza de que el embargo siga derritiéndose poco a poco, las empresas norteamericanas quieren estar listas e instaladas en la isla.

“Se trata de inversiones a muy largo plazo”, dice el experto en Latinoamérica Christopher Sabatini, profesor de la Universidad de Columbia. “Es un país con un enorme potencial, con 11 millones de habitantes, a 90 millas de la costa de la Florida, con posibilidades de recibir millones y millones de turistas estadounidense en el futuro”.

Los que sí pueden comerciar

Quienes producen alimentos lo tienen más fácil para hacer negocios con Cuba que la mayor parte de las compañías.

El pollo congelado de Tyson llega a la isla gracias a una excepción hecha en 1999 al embargo: por razones humanitarias,  la exportación de comida, fármacos e instrumental médico a Cuba quedó exempta de la prohibición histórica de 1961.

No en vano, en 2014, los productos estadounidenses más exportados a Cuba fueron la carne, el maíz y las semillas de soja. Sin embargo, Estados Unidos desempeña un papel secundario en este mercado comparado con China y España, los principales exportadores.

Las restricciones para estas empresas estadounidenses son -pese a todo- estrictas. Por ley, Cuba solo puede pagarles al contado y no a crédito, algo que permiten competidores como China y Brasil.

La estrategia del internet

El wifi, los celulares y las computadoras son otro sector clave. Cuentan con el guiño del gobierno estadounidense.

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Cuando en diciembre el presidente Obama anunció que las relaciones entre ambos países se reestablecían, ya habló del “flujo de información”. Su gobierno permitió entonces que empresas estadounidenses vendieran equipos de telecomunicaciones y construcción en Cuba.

Para Geoff Thale, del grupo Washington Office on Latin America, es una estrategia políticamente intencionada. “Un mayor acceso a las telecomunicaciones, a internet, a tener celulares, abre el sector de las comunicaciones a una mayor proporción de la sociedad”, argumenta.

Entre los pasos realizados por la administración Obama, también figura el retiro de decenas de entidades empresariales vinculadas a Cuba de la lista de sanciones comerciales.

No es fácil la llegada

En febrero, la aerolínea JetBlue reveló que volaría a Cuba. En marzo, la plataforma de alojamiento entre particulares Airbnb anunció su aterrizaje. Y ahora en julio, Carnival anticipó que sus cruceros harán viajes a la isla en 2015.

Sin embargo, la nuevas inversiones necesitan el OK del gobierno de los Castro.

“El gobierno cubano está escuchando todas estas propuestas de inversión, recibiéndolas, pero tan solo responde a las empresas que van a contestar en el futuro”, cuenta el académico Sabatini, que habla cotidianamente con firmas estadounidenses en pleno proceso de solicitud. Para el profesor, la situación “refleja el escepticismo del gobierno cubano y su limitada capacidad burocrática”.

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Caminos diferentes

Ni la isla es un prado de oportunidades para las empresas, ni la administración política pone la alfombra roja, dicen los expertos.

“Cuba es un país con transparencia muy limitada en lo que se refiere a los acuerdos comerciales”, asegura Rachel DeLevie-Orey, de Atlantic Council. “Tienen muy pocos datos disponibles; operan con dos divisas diferentes, lo que es una pesadilla para las empresas; los costes de electricidad son altos, las infraestructuras escasas, y hablamos de una población empobrecida que gana de media 25 dólares al mes”.

Mientras la prioridad para La Habana es encontrar inversores que modernicen sus empresas públicas de biotecnología, sanidad y minería; para Washington lo es crear oportunidades en los sectores privados de las telecomunicaciones, la energía y el turismo.

“Hay una desconexión entre las prioridades de inversión del gobierno cubano y los intereses de los Estados Unidos, y tomará tiempo para que cambie”, opina Geoff Thale, de Washington Office on Latin America, un grupo pro derechos humanos.

Y eso es clave en un país en el que el gobierno gestiona más del 80% de la economía.

Por ahora, empresas españolas, italianas y alemanas, entre muchas otras, se han puesto manos a la obra para invertir en Cuba. Las estadounidenses seguirán sin mucho margen de maniobra si el Congreso, controlado por los republicanos, no modifica o extingue el histórico embargo.

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La pregunta es si, con el freno puesto, Estados Unidos llegará a tiempo a las supuestas oportunidades del mercado cubano.

Lea también: La agenda pendiente tras la apertura de embajadas en Cuba y EEUU

Para preguntas, sugerencias y críticas, dbonmati@univision.net

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