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Dentro de la severa crisis que afectó a España, Seseña fue una especie de ejemplo, con sus complejos residenciales que nunca recibieron la población para la que estaban construídos.

El símbolo de la crisis económica española que está renaciendo

El símbolo de la crisis económica española que está renaciendo

Por varios años los edificios vacíos de El Quinón, en Seseña, fueron sinónimo del auge y la caída del mercado inmobiliario español. Hoy, poco a poco, sus espacios están cobrando vida.

Dentro de la severa crisis que afectó a España, Seseña fue una especie d...
Dentro de la severa crisis que afectó a España, Seseña fue una especie de ejemplo, con sus complejos residenciales que nunca recibieron la población para la que estaban construídos.

En un pueblo pequeño que queda a la mitad del camino entre Madrid y Toledo, un grupo de hombres mayores se sientan fuera de un café. Sus cervezas se van calentando a medida que debaten las noticias del día. En la acera, los niños salen de la tienda rumbo a sus casas con paletas de sabor a lima en las manos y una pareja joven camina hacia el parque de los perros llevando a un terrier con una correa.

Tal escena común sólo es asombrosa debido al lugar en que está ocurriendo: El Quiñón, un complejo residencial en Seseña, España, que se conoce como un 'pueblo fantasma'.

Hoy en día, se calcula que más de 8,500 personas viven en el Residencial Francisco Hernando, un extendido complejo de viviendas en El Quiñón. Los restaurantes están animados, las tiendas venden de todo —desde alimentos a muebles— y una nueva escuela abrirá sus puertas en septiembre. Casi 2,000 personas siguen la página de la comunidad en Facebook, la cual anuncia noches de películas gratis y un servicio mejorado de internet de alta velocidad.

A medida que suben los precios de bienes raíces en el cercano Madrid, má...
A medida que suben los precios de bienes raíces en el cercano Madrid, más familias están acudiendo a suburbios como El Quiñón.


Pero en 2008, cuando se terminó, sólo se vendieron un 20% de los 13,500 departamentos de Francisco Hernando. Ubicadas entre jardines bien mantenidos, los edificios siniestramente deshabitados y calles vacías se convirtieron en un símbolo mundial del desplome español con los bienes raíces. Con cobertura en medios que incluyeron Top Gear y el New York Times, Seseña y El Quiñón se convirtieron en sinónimos de la crisis.

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No sorprende que esto no haya sido del agrado de las personas que viven allá. Unos nueve años después, los verdaderos fantasmas que siguen en este pueblo son los de periodistas que llegaron, sacaron fotos y —según el punto de vista de los residentes— injustamente convirtieron a un proyecto de bienes raíces en un bochorno local y nacional.

“Los medios nos tomaron como ejemplo de la burbuja de vivienda como si ésta sólo hubiera sido construida en Seseña”, dice un residente de El Quiñón que fue uno de los primeros en mudarse a Francisco Hernando y quien pidió mantenerse anónimo. “Es por eso que somos reacios a hablar con la prensa. Se contaron muchas mentiras y exageraciones”.

En cierto sentido, El Quiñón era un blanco fácil. “Cuando llegó la crisis, nadie salió viéndose bien”, dice Mark Stücklin, un analista del mercado con sede en Barcelona quien administra un sitio sobre los bienes raíces españolas. Al final, los complejos no completados “se hicieron casi simbólicos de la locura del boom y del daño del desplome”, dice.

Los residentes de El Quiñón se jactan de los parques y comodidades a los...
Los residentes de El Quiñón se jactan de los parques y comodidades a los que tienen acceso.


Pero la vida siguió andando para los que vivían allí. “Personalmente, yo hice muchas amistades”, dice el residente, quien ayuda a moderar la página de Facebook de El Quiñón. “Soy casado y tengo dos hijos y me parece que tienen un buen lugar para vivir aquí. Aquí podemos pasear, correr y andar en bicicleta sin la contaminación y el estrés de la gran ciudad”.

El orgullo cívico no sorprende a Christopher Marcinkoski, profesor adjunto de Arquitectura Paisajista en la Universidad de Pennsylvania. “Las comunidades emergen en cada escala”, dice. “Sólo porque un lugar no llegue a 20,000 o 35,000 personas no significa que no sea una comunidad ni que no exista social y culturalmente como una comunidad”.

Marcinkoski es el autor de The City That Never Was ('La ciudad que nunca fue'), un completo estudio de la 'urbanización especulativa', el fenómeno en que los promotores inmobiliarios crean suministro de vivienda con la esperanza de impulsar la demanda.

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El Residencial Francisco Hernando se desarrolló justamente a raíz de esa mentalidad de 'constrúyelo y vendrán'. Su promotor inmobiliario —una figura polémica quien le puso su nombre al complejo y lo llenó de monumentos a su esposa y a sus padres— construyó departamentos espaciosos entre un paisaje de parques para perros y parques infantiles, esperando atraer a familias jóvenes que estaban hartas de la vida en la ciudad.

“Sólo porque un lugar no llegue a 20,000 o 35,000 personas no significa que no sea una comunidad ni que no exista social y culturalmente como una comunidad”.


Inicialmente, sí atrajo a dichas personas, pero cuando reventó la burbuja, los promotores inmobiliarios en toda España se dieron cuenta de la poca demanda que existía para todas las propiedades que se habían construido. “Nadie realizó investigación de mercado para averiguar lo que realmente querían los compradores”, dice Stücklin. “Fue todo un mejunje de malos factores como crédito fácil, malos préstamos, pobre planificación de pueblos, corrupción y arrogancia… La gente pensando que esto nunca se acabaría y todos eran magnates de bienes raíces”, dice.

Como resultado, El Quiñón se convirtió en un pueblo en busca de una comunidad. A medida que se recuperó el mercado de vivienda, poco a poco la fue encontrando. Los costos crecientes en el cercano Madrid (los precios de casas incrementaron en un 8% en 2016, según los analistas en Servhabitat) y una falta de suministro disponible hizo que las familias se mudaran a mayor distancia de la gran ciudad, a lugares como a los departamentos vacíos de Francisco Hernando.

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Como resultado se construyeron servicios de electricidad y agua, se terminaron de construir edificios y se agregaron rutas de autobús. Lo que fue más importante fue que los residentes ganaron poder político. Según El País, no pasó mucho tiempo antes de la gente en Francisco Hernando ayudó a elegir un alcalde quien obligó al promotor del proyecto a pagar los millones que le debía a la ciudad. Dentro de poco tiempo, el complejo empezó a recibir servicios de ciudad de Seseña y se construyó la nueva escuela.

Pero Marcinkoski advierte que no se debe usar la palabra 'resurgimiento' para describir el crecimiento reciente de El Quiñón. “El resurgimiento implica que allí no había gente y que antes no había actividad”, dice. “Pero indiscutiblemente había personas allá… había niños y familias y actividad. Pero se vio desde la óptica de grúas detenidas, proyectos no completados y todo un conjunto de otras condiciones que hicieron que la comunidad no se viera como un lugar de la vida social”.

Durante una visita hecha el mes pasado a El Quiñón, algunos restos del desplome seguían visibles: edificios vacantes y lotes vacíos aún se encontraban en la periferia del complejo Francisco Hernando y departamentos de 1,200 pies cuadrados en uno de los edificios más nuevos se listaban por menos de 70,000 dólares, menos de la mitad de lo que pagaron los dueños iniciales hace 10 años.

Un tablón de anuncios comunitarios en El Quiñón anuncia rutas de autobús...
Un tablón de anuncios comunitarios en El Quiñón anuncia rutas de autobús, restaurants cercanos y eventos culturales que se aproximan.


Más allá de la historia, sin embargo, El Quiñón parece ser un suburbio perfectamente agradable, incluso ordinario. Cuando lo visité, las familias se reunían en los patios de restaurantes y bares, los vecinos se saludaban en las filas de supermercados bien surtidos y afiches anunciaban festivales, conciertos, noches de cine que se aproximan, así como departamentos disponibles. El Quiñón tiene problemas similares a los de los pueblos pequeños más tradicionales. Los residentes se quejan en línea acerca de las ventas de narcóticos, los delitos menores y una falta de acceso a la carretera principal que corre a la vista del pueblo. Los lugareños también tuvieron que soportar un incendio de neumáticos (gomas, llantas) el año pasado, lo cual los hizo nuevamente ocupar titulares por todas las razones equivocadas. Sin embargo, por lo general las personas que viven en El Quiñón parecen estar contentas de estar ahí.

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“Dicen que pronto harán un centro cultural con un teatro y dos parques más”, me dijo un residente. “Por cierto, el que tenemos es maravilloso y nos gusta alardear sobre éste”.

El parque sí es maravilloso. Incluso durante una ola de calor con temperaturas que llegaron hasta unos 105 grados, sus jardines eran exuberantes y verdes. Un estanque grande estaba lleno de peces koi y saqué una foto justo cuando nadaron cerca de la superficie del agua. Pero cuando traté de postearlo en Instagram, me di cuenta de la lucha difícil que El Quiñón tiene para cambiar su reputación: la ubicación fue etiquetada como Seseña Nuevo (La Ciudad Fantasma)”.

Este artículo originalmente fue publicado en inglés en CityLab.com.

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