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Video: la amarga despedida de un teléfono público olvidado

Video: la amarga despedida de un teléfono público olvidado

Mira este cortometraje en el que una de las últimas cabinas de Nueva York se despide de sus usuarios.

Payphone, Mike Tucker

“Antes quienes mandaban en esta ciudad éramos nosotros”.

Alguna vez estuvieron en cada esquina de las grandes ubres como Nueva York. Pero ahora los teléfonos públicos han sido desechados, y los pocos que quedan son reliquias de un tiempo oscuro. Las raras veces en que los pasamos cerca de estos, ni siquiera nos percatamos de su presencia, porque estamos ocupados con los dispositivos modernos y brillantes que los justamente los hicieron obsoletos.

Y los teléfonos públicos nos quieren hablar al respecto. “¿Ya no quieres usarnos? Bien. “¿Pero acaso te das cuenta que existimos hoy en día?”.

La cita es de Dead Ringer, una película de cuarto minutos realizada por los directores Alex Kliment, Dana O'Keefe y Michael Tucker que se estrenó a principios de abril en el Festival de Cine de Tribeca y que fue reseñada en línea por la revista The New Yorker. Con una especie de jazz sombrío de fondo, una de las cuatro cabinas telefónicas que quedan en Nueva York va narrando su desdén por lo invisibles que se han vuelto los teléfonos públicos a pesar de todo lo que han hecho por la sociedad.

Acá lo puedes ver, en inglés:

“Sin nosotros, Clark Kent es… sólo Clark Kent”, nos recuerda el teléfono con un fuerte acento de Brooklyn. El enojo y dolor en su voz se vuelven más intensos a medida que continúa el video. “Cuando vino el Ciclón Sandy y se inundó tu departamento y tus baterías estaban muertas y tus gadgets dejaron de funcionar, ¿ a quien viniste corriendo?”.

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Pero Kliment dice que el filme no se trata tanto de lamentar la desaparición de teléfonos públicos. Después de todo, la tecnología cambia. “Se trató más de darle vida a lo que significa el cambio”, le cuenta a CityLab. “[Lo que] nos importó más a nosotros fue cómo el cambio en tecnología que condujo a la desaparición del teléfono publico ha cambiado fundamentalmente cómo la gente se relaciona”.

En un punto de la película, la cabina telefónica critica a sus sucesores, los smartphones. “Nosotros fuimos un símbolo de algo: la última oportunidad de tener cualquier privacidad en estas calles”, dice el narrador. “Antes la gente quería eso, ¿sabes? Pero hoy en día, no hay privacidad con estos aparatitos. Estas cosas se te han colado en el cerebro, se han comido tus conversaciones, han infectado a tus relaciones, se han robado tus ensueños”.

Si acaso hay algún consuelo para los teléfonos públicos, es que no han sido olvidados. De hecho, en algunos lugares aún hay una demanda por ellos, particularmente en vecindarios con muchos inmigrantes. Y mientras que Nueva York está en proceso de cambiar los 10,000 teléfonos públicos con unos elegantes kioscos para wi-fi, abundan los proyectos para mantenerlos relevantes. Por ejemplo, en 2012 los teléfonos públicos vivieron una segunda vida como bibliotecas de guerrilla. Y el año pasado, la emisora de radio pública de la ciudad convirtió a un teléfono público viejo en una herramienta para que la gente pudiera compartir sus pensamientos.

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Pero todo esto se ha presentado demasiado tarde. Kliment —quien se crió a 10 cuadras de la cabina de teléfono que usaron en el video— dice que poco después de que terminaron el rodaje, la ciudad lo removió. Pero no antes de que se despidiera de nosotros por última vez: “Hasta luego, estaremos esperando tu llamada”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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