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Las palomas pueden ser fascinantes, si sabes cómo observarlas.

Descubriendo la fauna que esconden las ciudades

Descubriendo la fauna que esconden las ciudades

Un nuevo libro da consejos para observar la fascinante vida natural en nuestras calles y parques.

Las palomas pueden ser fascinantes, si sabes cómo observarlas.
Las palomas pueden ser fascinantes, si sabes cómo observarlas.

En una ocasión, Nathanael Johnson comió un poco de excremento de paloma. Lo agarró y se la metió en la boca pensando que era un trocito de galleta que se le había pegado al suéter. Rápidamente se dio cuenta de su error y empezó a tener arcadas en una estación del metro. “Después de eso, por un buen rato las cosas no estaban tan bien que digamos entre las palomas y yo”, escribe en su nuevo libro, el cual se titula: Unseen City: The Majesty of Pigeons, the Discreet Charm of Snails, & Other Wonders of the Urban Wilderness.

Pero parece que Johnson se recuperó de este pequeño trauma. El otro día el autor y periodista me desafió a mirar más detenidamente a una bandada de palomas dando vueltas por el Madison Square Park de Nueva York. “¿Sabes de qué color son los ojos de las palomas?” me preguntó. No lo sabía. Miré a algunos de los pájaros picando al pavimento. Sus ojos eran de color rojo oscuro de granate con motitas naranjas. “Son como llamas”, dice Johnson. “Son intensos”.

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Según escribe Johnson, al principio su interés en palomas “surgió enteramente del odio”. Cuando sí se dio cuenta de sus atributos físicos, fue con el fin de afirmar que los pájaros eran unas “fieras totalmente asquerosas” y sarnosas. Pero al ir hojeando libros sobre las palomas, encontró que estaba cada vez más dispuesto a tolerarlas. Y con el tiempo hasta decidió que realmente son bastante fascinantes.

Criado en Berkley, California, cerca de la falda de las sierras, Johnson dice que aprendió rápidamente lo fácil que es apreciar la naturaleza a gran escala. Por ejemplo, la fachada de granito de El Capitán, la famosa formación rocosa en el Parque Yosemite, se alza sobre el paisaje de manera imponente. Te obliga a mirarlo boquiabierto. “Es fácil cuando es algo deslumbrante”, dice Johnson. El reto está en fijarse en las cosas cautivadoras que son un poco más modestas, las que uno se encuentra como parte de su rutina diaria. Johnson dice que está rompiendo con la narrativa convencional de escribir sobre la naturaleza, en la que con frecuencia una persona que se toma demasiado en serio se postra ante de vistas imponentes. En lugar de hacer eso, Johnson recomienda alternar entre las anteojeras que necesitamos usar para cumplir con nuestras tareas diarias y los ojos curiosos que se percatan de cosas que son fáciles de pasar por alto.

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Johnson argumenta que no hay que memorizar nombres científicos y hechos esotéricos para apreciar lo que se ve, y sacar provecho de la experiencia. La naturaleza urbana cumple con un sinnúmero de funciones: los árboles atrapan el carbono y mejoran la calidad del aire; los espacios verdes también ayudan a reducir el estrés, mejorar a la salud mental en general y hasta nos hacen más productivos. Y también hay beneficios de menor importancia. “La naturaleza es graciosa y a veces repugnante”, dice Johnson. En lugar de dirigirte hacia ella con austeridad y reverencia, agrega, la observación puede tratarse simplemente de la alegría de mirar.

Johnson anda con una lupa de joyero en el bolsillo porque nunca sabe cuándo verá una hormiga que se merece una mirada más cercana (dice que en California muchas veces él ve hormigas argentinas, pero en Nueva York se emocionó por ver una variedad no familiar en Jackson Square Park). La lupa es un lente de 35 dólares que se sostiene en la mano y que ofrece magnificación de diez aumentos. Abre sus ojos al mundo liliputiense.

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Si a primera vista un ambiente le parece estéril, Johnson recomienda dirigir la mirada hacia abajo, luego hacia arriba. En los lugares agresivamente construidos “existe una tierra salvaje, sólo que es pequeña”, explica Johnson. “Está fuera de escala”. A lo mejor esté en el suelo. “No estamos acostumbrados a pensar en insectos y en hierbitas descuidadas como milagros de la naturaleza”, agrega. Si se mira hacia arriba a lo mejor se noten nidos o capullos. Los elementos inesperados —hongos, musgo brotándose entre las ranuras en la corteza de los árboles— pueden presentarse incluso en lugares bien cuidados. “Siempre hay criaturas subvirtiendo y creando sus propios caminos”, dice Johnson.

Al final la idea no es volverse un experto, escribe, sino “cambiar de la percepción seguida por el descarte a la percepción seguida por la curiosidad”. Y no se trata sólo de mirar al mundo a nuestro alrededor sino de pensar en el mismo de manera crítica. “Cuando las preguntas inútiles pueden encontrar donde afianzarse y germinar, pueden crecer hasta convertirse en verdaderos misterios”, escribe Johnson. Y cada cuadra y cada temporada presenta nuevos misterios a explorar.

A continuación están las recomendaciones de Johnson para cultivar la costumbre regular de mirar a las cosas más detenidamente:

Encuentra un grupo de observadores que piensan parecido. Johnson sugiere unirse a uno grupo de observadores de aves del vecindario o ser voluntario en un museo de historia natural.

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Etiqueta tus observaciones. Publica cosas sorprendentes en iNaturalist, un proyecto de la California Academy of Sciences (Academia de Ciencias de California) que permite a los usuarios a ponerles etiquetas geográficas a maravillas y contestar las preguntas de los demás usuarios. Esto puede ayudarte a aprovechar los datos que otras personas han recopilado y ver cuáles descubrimientos integrantes ya se han documentado en el lugar donde estés.

Mantén un diario. En sus notas de campo, Johnson dibuja los lugares que los animales han reclamado como suyos y también pega vainas de semillas y hojas prensadas a las páginas. Johnson se ha puesto la meta de aprender sobre una especie nueva por mes. Según escribe, ese ritmo “me incita a hacer un esfuerzo pero sin prisa”.

Unseen City: The Majesty of Pigeons, the Discreet Charm of Snails, & Other Wonders of the Urban Wilderness, $25 en Amazon.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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