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De acuerdo a este nuevo estudio, solo los vehículos eléctricos realmente nos pueden salvar.

Cómo los autos de bajo consumo pueden terminar siendo peores para el medioambiente

Cómo los autos de bajo consumo pueden terminar siendo peores para el medioambiente

Una nueva investigación revela que muchas familias, luego de comprar un vehículo eficiente, optaron por tener otro mucho más gastador de gasolina.

De acuerdo a este nuevo estudio, solo los vehículos eléctricos realmente...
De acuerdo a este nuevo estudio, solo los vehículos eléctricos realmente nos pueden salvar.

Conjuntamente con el Clean Power Plan (Programa para la Producción de Energía Limpia), el que la administración Trump propone destruir, un factor clave de la política ambiental de Barack Obama fue el compromiso regulatorio para lograr que los vehículos fueran más eficientes respecto al uso que hacían del combustible. En 2012, la administración anterior predijo que incrementando gradualmente los estándares de la Economía de Combustible Media Corporativa (o CAFE, por sus siglas en inglés) hasta las 54.5 millas por galón para 2025, –casi el doble de la economía de combustible de un coche promedio– se reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero en seis billones de toneladas métricas.

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La decisión fue ampliamente celebrada por quienes abogaban por la defensa del medioambiente. Pero un nuevo estudio sobre las opciones de compra de autos se cuestiona si las normas de CAFE son suficientes para cumplimentar esas metas de reducción de emisiones, debido a razones psicológicas más que políticas. Los choferes podrían encontrar vías para compensar sus más económicos vehículos.

En un documento reciente, científicos de la Universidad de Yale, de la Universidad de California en Davis y del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) señalan los efectos indeseados de la aplicación de estándares de combustible más estrictos: cuando una familia con dos autos va a cambiar uno de ellos. Si ya posee un vehículo eficiente, tienden a comprar otro gastador como segundo auto. Esta toma de decisiones erosiona más de un 60% de los ahorros de combustible que el primer auto debió de producir, según los estudiosos.

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Los economistas llaman a este fenómeno ‘sustitución de atributos’, sostiene David Rapson, profesor de Economía de la Universidad de Davis y uno de los autores del nuevo informe de investigación, el cual no ha sido aún avalado por otros expertos. La idea es que, como estos choferes ya cuentan con un auto pequeño y de bajo consumo, ellos buscarán un vehículo con los atributos opuestos en caso de tener que reemplazar su coche.

Podría ser que los choferes estuvieran buscando compensar a partir de lo que no tienen o, como aquellos que se zampan una dona después de entrenar, sienten que gozan de cierto permiso moral para comprar un Escalade habida cuenta que ya son dueños de un Prius . “Pero yo creo que lo más probable es que la gente valora tener dos autos con atributos diferentes”, observa Rapson. “ En caso de una compra futura, las personas podrían decantarse por tener más velocidad, confort y seguridad”.

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Los investigadores aprovecharon una valiosa base de datos: todos los registros de inscripciones de vehículos de California, de 2001 a 2007. Eso les permitió indagar en todos los hogares propietarios de dos autos en ese estado, y particularizar en cada momento en que un auto fue reemplazado por otro. Aislando los efectos de los precios del combustible y la depreciación del vehículo, los investigadores desarrollaron un marco analítico que les posibilitó probar cómo, conforme los hogares se deshacían de sus autos viejos para comprar nuevos, los atributos del auto con que se quedaban afectaban la elección del coche futuro que compraban.

Como aquellos que se zampan una dona después de entrenar, sienten que gozan de cierto permiso moral para comprar un Escalade habida cuenta que ya son dueños de un Prius.


Sus hallazgos no son precisamente buenas noticias para quienes abogan por medidas más austeras en cuanto al consumo de combustible, pero no serán motivo de sorpresa para los que han seguido el debate de CAFE. Los estándares de la era Obama encararon no poca resistencia cuando se implementaron por vez primera y no solo por parte del grupo antiregulador que ha aplaudido al presidente Trump cada que intenta desmantelar la herencia ambientalista de la administración previa. Las normas dejaron un amplio vacío para los fabricantes de coches y pueden haber terminado por alargar las vidas de los más devoradores de gasolina, sacándolos, poco a poco, de las salas de exhibición de las distribuidoras, lo que impulsó su valor en el mercado de autos de segunda mano. Entretanto, el declive de los precios de la gasolina en los años recientes ha opacado el atractivo de los autos que consumen poco.

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Economistas de todo el espectro ideológico también muestran su preocupación por el hecho de que los autos capaces de viajar más lejos, con el mismo tanque de combustible, son los más propensos a ser conducidos, un ejemplo clásico del llevado y traído ‘efecto rebote’. El nuevo documento halla que esta reacción, combinada con el atributo de sustitución antes mencionado, contribuyó a la pérdida de un 60% en materia de ahorro de combustible.

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Si bien es difícil examinar la consecuencia exacta de cada problema, está claro que las reglas de CAFE durante el mandato de Obama no han satisfecho todas las expectativas: se estimó que, entre 2012 y 2014, los nuevos estándares rebajaron 60 millones de toneladas métricas de CO2, aproximadamente un 1% de los 6,000 millones previstos.

Pero eso no quiere decir que los defensores del medioambiente debieran cruzarse de brazos ante el CAFE o renunciar a las regulaciones. Más bien, los resultados de la pesquisa avalan la necesidad de políticas que puedan incentivar la actitud ambiental que los reguladores desean ver. Imponiendo un precio al CO2, o subiendo los impuestos de gasolina, se presionaría a las personas a comprar autos más económicos, conducir menos los vehículos gastadores, e incrementar la tasa en que los autos viejos y menos eficientes están siendo desechados, acota Rapson. Mientras la red vehicular se torne más sostenible, el subsidio del crecimiento de los autos eléctricos puede, a su vez, contribuir enormemente a la merma de las emisiones en Estados Unidos.

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Una y otra vez, el aumento de los precios de la gasolina ha probado ser políticamente poco viable. Pero ello no es óbice para colgar los guantes respecto a una de las pocas medidas conocidas para reducir el gasto, añade Rapson: “Creo que necesitamos cambiar el pensamiento político”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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