publicidad
Estos bolardos fueron puestos a mediados de septiembre en Sídney por las autoridades, luego que países como Francia y Alemania sufrieran ataques terroristas usando autos o camiones.

Así estas ciudades están construyendo zonas a prueba de ataques motorizados

Así estas ciudades están construyendo zonas a prueba de ataques motorizados

Tras el fatídico evento de Nueva York, una opción es mirar a las localidades que ya han estado bloqueando el paso de los autos en zonas específicas.

Estos bolardos fueron puestos a mediados de septiembre en Sídney por las...
Estos bolardos fueron puestos a mediados de septiembre en Sídney por las autoridades, luego que países como Francia y Alemania sufrieran ataques terroristas usando autos o camiones.

¿Cómo detener a un terrorista, a un loco o simplemente a un imbécil iracundo en un vehículo comercial antes de que impacte contra una muchedumbre? No se tome el trabajo de pensarlo: según Los Angeles Times, es casi imposible.

“El ataque de Nueva York era predecible, pero no evitable”, reza el título de un artículo de ese martes, referido a los retos de identificar posibles malas intenciones entre arrendatarios de camiones. Esto, a raíz del incidente en que un chofer embistió con su camioneta a un grupo de personas en un carril para bicicletas en el Bajo Manhattan, matando a ocho de ellas ( cinco de ellos argentinos).

“Si alguien tiene algún tipo de autorización o licencia válidas para conducir y no está registrado en ninguna lista negra, resulta muy, pero muy difícil evitar que alquile un vehículo y despliegue, cual lobo solitario, un atentado similar al del martes”, sostuvo Jake Jacoby, presidente de la Asociación de Arrendamiento y Alquiler de Camiones (TRALA, por sus siglas en inglés).

Relacionado
Policías en Las Ramblas, el lugar del atentado en Barcelona.
Bolardos: ¿podrían haber frenado el cruel ataque en el paseo peatonal de Barcelona?


Pero ojo, eso no convierte en inevitables eventos como el ocurrido en Manhattan. El artículo, brevemente, reconoce el papel protector que los bolardos –soportes de mucho peso hasta ahora infravalorados– pueden desempeñar en detener vehículos si estos tratan de invadir el espacio de los peatones. Pero, a diferencia de activistas, analistas políticos y periodistas (yo entre ellos), el artículo no considera la posibilidad de que se prohíba la circulación de autos en áreas vulnerables a la ocurrencia de horrendas acciones.

En el fondo, se trata de una idea bien simple, aunque no es un misterio por qué no sucede de esta forma. Los autos son el principio de organización de prácticamente todas y cada una de las urbes de Estados Unidos. Conducir es lo preestablecido. Tanto es así que incluso personas que no manejan tienen que pagar por las carreteras.

publicidad

Sin embargo, es enteramente posible vetar la circulación de ciertos vehículos en áreas donde comporten grandes amenazas. Clarence Eckerson, director de Streetfilms, se ha hecho de una carrera realizando cortos audiovisuales de las mejores prácticas, en todo el mundo, de planificación del transporte público, así como de diseño urbano favorable al ejercicio de la bicicleta y a los peatones. Para contribuir a ensanchar la imaginación orientada al automóvil, él ha editado fragmentos de videos que dan relieve a las ciudades europeas que, con no poco éxito, han bloqueado grandes áreas de sus centros urbanos al paso de vehículos de ocupación individual. Dos claves: bolardos retráctiles y férrea voluntad política.

Mírese, por ejemplo, el éxito de Cambridge, Reino Unido, donde las bicis y los pies llevan la voz cantante. Un cordón de bolardos sube y baja solo para dar paso a autobuses públicos, como lo muestra este video (en inglés):

La ciudad holandesa de Nijmegen, donde los viajes en bicicleta constituyen un impactante 60% del total de viajes que se da en la urbe, ha instalado un sistema similar acorde a su cada vez mayor zona libre de autos. Los negocios al principio se mostraban preocupados por cómo se realizarían las entregas de sus productos, de modo que la ciudad se cercioró de brindar a los camiones que hacían encargos transpondedores especiales que se comunican con las barreras móviles. Paul Van Den Anker, asesor político, afirmó: “Con los bolardos, es simple. No vas a entrar cuando no tengas permiso para hacerlo”.

Por supuesto, la determinación holandesa para evitar a los vehículos con motor es famosamente insuperable. Pero Oslo, capital de Noruega, no se queda atrás, donde el reparto modal de los que se mueven en bicicleta es hoy menor que el de buena parte de las principales metrópolis de Estados Unidos. Sin embargo, para 2019, la ciudad escandinava ha apostado a tener un centro urbano casi totalmente sin autos. No están todavía en la fase de los bolardos, pero de alguna manera eso es más instructivo: cuadra por cuadra, el gobierno está comenzando a remover los espacios de estacionamiento, a ampliar los carriles para bicicletas, para luego reconstruir un casco urbano que priorice al hombre.

Oslo: The Journey to Car-free from STREETFILMS on Vimeo.


No todos los noruegos se encuentran emocionados al respecto, por cierto. Pero los funcionarios electos han decidido que la labor se llevará a cabo justo por avenirse al mejor interés público, y, con el respaldo de la mayoría, están trabajando de conjunto con opositores para construir un plan. Sobra decir que proyectos de esta índole son difíciles siquiera de imaginar en Estados Unidos.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

Con camisetas de Argentina y una bicicleta con flores, Nueva York honra a las víctimas del ataque en Manhattan
publicidad
Contenido Patrocinado
En alianza con:
publicidad
publicidad