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Las alcaldesas Ada Colau (Barcelona), Anne Hidalgo (París) y Manuela Carmona (Madrid).

Las tres mujeres que están sacando la cara por las ciudades

Las tres mujeres que están sacando la cara por las ciudades

Las alcaldesas de París, Madrid y Barcelona publicaron una carta abierta donde pidieron más poder para los gobiernos locales. Quieren que las ciudades reciban un 25% de los impuestos nacionales.

Las alcaldesas Ada Colau (Barcelona), Anne Hidalgo (París) y Manuela Car...
Las alcaldesas Ada Colau (Barcelona), Anne Hidalgo (París) y Manuela Carmona (Madrid).

Hay una pregunta que pende sobre la conferencia Habitat III, la gran conferencia de la ONU sobre vivienda y urbanismo sostenibles: ¿dónde están los alcaldes? Es probable que los representantes de las ciudades estén participando de forma masiva en la conferencia, que ahora se celebra en Quito, Ecuador, pero sus funciones no influyen mucho en la creación y conformación del documento central de evento, la Nueva Agenda Urbana que se ratificará en la cumbre.

Al menos ésa es la afirmación de una carta abierta publicada el viernes por las alcaldesas de Barcelona, Madrid y París. Firmada por Manuela Carmena (Madrid), Ada Colau (Barcelona) y Anne Hidalgo (París), la carta afirma que la infrarrepresentación de los líderes de las ciudades en la mesa de conferencias es un grave error y, podría decirse, tanto un síntoma como la causa del problema. Hay un desfase cada vez mayor, dicen, entre las cargas que llevan las ciudades y los fondos con que cuentan para lidiar con ellas. Su solución: gastar un 25% de los impuestos estatales a nivel municipal, no a nivel nacional.

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Como un llamamiento a un mayor papel político para las ciudades, vale la pena citar la carta en detalle (disponible en su totalidad en español aquí):
Allí donde los estados compiten, las ciudades cooperan. Por ello, desaprovechar esta capacidad de cooperación e innovación supone tanto un déficit democrático como un coste de oportunidad que tan solo se explica por la inercia del pasado y por la voluntad de los gobiernos nacionales de mantener acotado su monopolio de decisión en la escala internacional”.

Esta ausencia urbana en la mesa de negociación es importante porque las ciudades deben abordar problemas enormes y a menudo lo hacen mejor que los gobiernos nacionales, como lo explicaron en la carta:
“Los estados tienen cada vez más dificultades para dar respuesta a las demandas ciudadanas y hacer frente a los desafíos más importantes de nuestro presente: el incremento de las desigualdades socioespaciales, la aceleración del cambio climático y los desplazamientos de población que huyen de zonas de guerra, miseria o desastres naturales. De hecho, los gobiernos locales ya lo estamos haciendo, si bien con recursos escasos y competencias mal definidas. A pesar de la infrafinanciación crónica que padecemos los gobiernos locales, hemos demostrado sobradamente que las ciudades podemos hacer más con menos”.

Los gobiernos nacionales de todo el mundo deberían reconocer las funciones que desempeñan las ciudades, continúan las alcaldesas, asignando un 25% de sus ingresos impositivos a los municipios y permitiéndoles a "las ciudades acceder a los mecanismos de financiación globales actualmente restringidos a los estados".

Aunque esta por ahora es más una declaración de campaña que una propuesta concreta, un cambio como éste aumentaría, mediante al mayores presupuestos para las ciudades, el alcance de las actividades que pueden apoyar. Tal como están las cosas, por ejemplo, la ciudad de París obtiene la mayoría de su presupuesto a partir de los impuestos directos que se le permite imponer, además de una pequeña subvención del gobierno central (que en 2016 sumó un total de tan sólo un 9.3% de sus ingresos). Si esta subvención aumentara (o se le permitiera a París ampliar el alcance de los impuestos), podría relevar al gobierno central en algunos aspectos de la gobernanza, tales como la preparación para desastres o la disposición de los refugiados, que actualmente son principalmente responsabilidad del gobierno nacional. Las alcaldesas sostienen que, al hacerlo, las ciudades probablemente podrían hacer un mejor trabajo.

El lenguaje de las alcaldesas: todas mujeres de la izquierda del espectro político y todas ciudadanas españolas (Hidalgo, la alcaldesa de París, posee la doble nacionalidad francesa y española) es franco. Pero, ¿acasos sus historiales respaldan sus éxitos en asuntos en que los gobiernos nacionales han fallado?

Al menos por ahora, sí. Los órganos que administran estas tres ciudades son considerados mucho más eficaces y populares que sus gobiernos nacionales, aun cuando ambas administraciones provienen del mismo partido.

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Por ejemplo, en Francia, el gobierno del presidente Francois Hollande ha tenido dificultades desde sus inicios y las encuestas de opinión de julio de este año indicaron que los índices de aprobación de Hollande son de sólo un 19%, mientras que la alcaldesa de París, Hidalgo (al igual que Hollande, miembro de los socialistas de Francia), goza de índices de aprobación de un 52%. El tamaño más pequeño de la jurisdicción de Hidalgo puede mantenerla lejos de la línea de fuego de los votantes enojados, pero su popularidad es producto de mucha acción efectiva, incluyendo numerosas propuestas para la mejora de las viviendas, avances contra la contaminación, y la creación de más zonas peatonales.

Por su parte, el gobierno nacional de España se arrastra hacia sus terceras elecciones generales desde 2015, después de que las dos anteriores votaciones no pudieron definir un claro ganador o producir una coalición viable. En este entorno disfuncional, Madrid y Barcelona han logrado negociar las alianzas políticas que han eludido a los políticos nacionales.

La alcaldesa de Barcelona, Colau, selló un pacto entre su facción izquierdista Barcelona en Comú (aliada al partido nacional Podemos) y el centrista Partido Socialista Obrero Español. Desde entonces ella ha encabezado una serie de medidas para gestionar una industria turística previamente subregulada, reducir el acceso de automóviles privados a la ciudad con un nuevo modelo de gestión del tránsito, reducir la publicidad, y proteger las pequeñas empresas históricas.

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Manuela Carmena, lideresa de la gobernante facción Ahora Madrid (también aliada a nivel nacional con Podemos), también está gobernando en coalición con los socialistas. Pero, a pesar de las díscolas relaciones entre Carmena y la dirigente local del derechista Partido Popular Esperanza Aguirre (cuyo partido realmente quedó en primer lugar, pero no pudo encontrar socios para una coalición), ha habido un sorprendente nivel de bipartidismo en la ciudad. Durante el año hasta la fecha, los representantes del PP se han puesto del lado de la administración de Carmena en un 81% de las votaciones, hecho que le ha valido a Aguirre, enemiga jurada de la alcaldesa, el sobrenombre de "la principal aliada de Carmena". En contraste con el estancamiento en el plano nacional, esto ha ayudado a impulsar medidas prometedoras sobre la ecologización de la ciudad, la reducción de la contaminación, y la lucha contra la corrupción municipal.

Notará que hay algo en común entre todas las políticas relacionadas con lo anterior. Implican cuestiones menores a las cuales es posibles darles solución a nivel local, como la gestión de la congestión vial y la contaminación dentro de los límites de la ciudad. No se refieren a cuestiones igualmente importantes, pero más amplias, como la contaminación a través de regiones, los efectos del cambio climático, o la política nacional de inmigración.

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París, por ejemplo, ha estado luchando para hacerle frente a una gran afluencia de refugiados (al igual que Alemania). Con limitadas facultades propias de recaudación de impuestos, las ciudades españolas se ven fuertemente afectadas por las políticas de austeridad que no solo han recortado la financiación, sino provocado, como dice la carta de las alcaldesas, una "recentralización de los recursos". Y en conjunto, a estas ciudades se les da muy poca voz a nivel mundial sobre cuestiones relacionadas con el cambio climático, aunque las zonas urbanas (que son responsables de un 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero) son a menudo más proactivas que los gobiernos nacionales en impulsar las políticas favorables al clima.

Sólo podemos especular en cuanto a si las tres ciudades podrían darles soluciones a cuestiones como éstas. Pero a medida que se ocupan del negocio de gestionar las cosas, mientras sus gobiernos nacionales luchan con serias dificultades, no es de extrañarse que piensen que pueden ocuparse de tareas mayores.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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