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En los veranos, las olas de calor son cada vez más comunes en ciudades como Seattle.

El aire acondicionado amenaza con transformar el Pacífico Noroeste

El aire acondicionado amenaza con transformar el Pacífico Noroeste

En una región conocida por su clima agradable, los residentes están siendo obligados a adaptarse a circunstancias extremas.

En los veranos, las olas de calor son cada vez más comunes en ciudades c...
En los veranos, las olas de calor son cada vez más comunes en ciudades como Seattle.

La pasada semana fue muy dura para Lila van der Woof, de cinco años, y que reside en Eugene, Oregon.

Después de pasar apenas 20 minutos afuera el pasado miércoles –y en una piscina de juguete–, se la comenzó a ver sin energías y desorientada. Habitualmente esta perra es juguetona y cariñosa, pero ahora Lila se negó a comer y parecía pasar un excesivo rato mirando a la pared. Al siguiente día, en el veterinario, le diagnosticaron un golpe de calor, convirtiéndose en una de las víctimas peludas de la severa ola de altas temperaturas que recién ha sacudido al Pacífico Noroeste.

Lila, por suerte, está mucho mejor ahora: su dueño, Dylan Anslow, le rebajó su mullida melena e instaló una unidad de aire acondicionado cerca de su cama, la primera en la casa.

Lila van der Woof. (Instagram)


El cambio climático ha desatado circunstancias extremas en el Pacífico Noroeste, hogar de leves inviernos y envidiables veranos. Tras un invierno de nevadas récords en Portland, la ciudad acabó de vivir tres días consecutivos de calor también insuperables, con temperaturas que subieron hasta los 105 grados Fahrenheit (40 grados Celcius). Seattle podría haber sufrido el impacto de los tres dígitos igualmente –habría sido la tercera vez en 123 años de que se llevan registros–, si no fuera por la alta concentración de material particulado proveniente de los incendios cercanos no controlados.

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Como reportó The New York Times la semana pasada, los residentes de Portland han sido instados a adaptarse, junto al resto del país, a los aires acondicionados. En esa ciudad, un 30% de los hogares no cuenta con un equipo de este tipo en modo alguno; mientras que en Seattle, un 66% adolece de formas artificiales para refrescarse. Sin embargo, el acceso al aire acondicionado no deja de ser ilustrativo de la desigualdad, ya que los hogares que no lo tienen a ser de personas de bajos ingresos.

Para sobrevivir a la inesperada ola de calor, los oriundos de Oregón desarrollaron estrategias desplegadas en ciudades con otros climas, más cálidos digamos, tales como el establecimiento de 'cooling centers' (centros para refrescarse) en estaciones de bomberos, refugios para personas desamparadas y hogares de ancianos. En la universidad Lewis & Clark College, en Portland, los estudiantes se apilaron en un espacio con aire acondicionado ubicado en el sótano de la capilla, debido a que la mayoría de los dormitorios no contaba con estos. Quizá en el futuro estos singulares puntos de encuentro se generalicen, al punto de signar el espíritu de la época. “El aire acondicionado compartido”: no suena nada mal.

Un niño se refresca en el río Wilamette, en Portland, Oregon.
Un niño se refresca en el río Wilamette, en Portland, Oregon.


Si bien muchos residentes del Pacífico Noroeste han sido forzados a improvisar alternativas para combatir el calor, muchos otros en esta región de gran conciencia ambiental han admitido la derrota. Anslow describe la escena en una ferretería local, donde una tarima de aires de cajón fue vendida casi con anterioridad a ser desempacada y colocada en la estantería. “Más bien todas las personas con quienes he hablado esta semana cuentan con una unidad de aire de cajón”, afirma.

La adopción del aire acondicionado en el Pacífico Noroeste no solo responde al aumento de las temperaturas. En años recientes, el área ha visto llegar nuevos residentes procedentes de lugares en que no se concibe la vida sin estos aparatos. Además, a los altos y vidriosos condominios que ahora se levantan como árboles en urbes como Seattle suelen acoplárseles aires acondicionados centrales. En general, un 25% de las unidades edificadas en Seattle después de 2010 los llevan consigo, cifra superior al 16% de las unidades construidas después del 2000 y al 4% de las erigidas en los noventas.

La siguiente interrogante es si el Pacífico Noroeste, quizá el último gran bastión en los Estados Unidos continentales de una vida veraniega con las ventanas abiertas, verá arraigar cambios culturales a largo plazo conforme el aire acondicionado se afinque en sus ciudades. “Suelo creer que no”, añade Joe Cortright, director de Observatorio de Ciudad, un centro de investigación ubicado en Portland. Quizá los aires de cajón se encenderán un poco más a menudo, mientras las cifras de tres dígitos se hagan más familiares, pero en su mayor parte, el Pacífico Noroeste sigue siendo “templado, húmedo y agradable”. La verdadera pregunta para Cortright es si los episodios de calor extremo sirven como una llamada de atención. “Ojalá nos impulse a optar por un estilo de vida donde no tengamos que depender demasiado de conducir”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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