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El pueblo de San Marcos.

Los adelantados del cambio climático: así vive un pueblo mexicano inundado

Los adelantados del cambio climático: así vive un pueblo mexicano inundado

Las tres familias que se quedaron en San Marcos, Sinaloa, demuestran cómo lidiar con el colapso de una ciudad.

El pueblo de San Marcos.
El pueblo de San Marcos.

Sería mucho más fácil imaginarse el caos que provocará el cambio climático si pudieramos ver lo que implicará. Los seres humanos nunca han presenciado el aumento en el nivel del mar que nos espera si no se detiene la emanación de carbono a la atmósfera. Hemos visto grandes tormentas, pero todavía no las hemos visto con la frecuencia e intensidad que sucederán en el futuro. Demostrar lo que pronostica la ciencia, pero que aún no se ha vivido, es un paso vital para poder sopesar lo que se debe hacer para evitarlo.

A falta de una máquina de tiempo, deberíamos ver Los reyes del pueblo que no existe, un nuevo y surrealista documental de la joven cineasta Betzabé García. La directora pasó cinco años viviendo en un pequeño pueblo en el estado mexicano de Sinaloa. En 2009 esta villa sufrió una inundación cataclísmica, debido a la construcción de la cercana represa Picachos. En la película no se ve la represa, ni tampoco la lucha política que ésta provocó. En cambio, García coloca al espectador entre los “intransigentes”, es decir, las tres familias que insistieron en quedarse aun después de que las aguas invadieran a casi todo el pueblo. La situación parece imposible, sin embargo fue real, y las elecciones de los pobladores que se quedaron ofrece una orientación conmovedora sobre cómo vivir cuando el aguas sumergen tu hogar para siempre.

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Su elecciones varían. El matrimonio compuesto por Jaime y Yoya felizmente mejoran su situación, al pasarse de una casa seca pero frágil y hecha a mano a una casa más espaciosa que fue desocupada durante el éxodo masivo. Para ellos, este cambio en la comunidad provocó una profunda ruptura y los separó de la mayoría de sus vecinos y amigos. Sin embargo, también les abrió unas nuevas oportunidades. En un momento Jaime bromea que va a salir de noche cazar fantasmas. Su esposa le pregunta cómo podrá lograr eso y él responde que será Dios por un momento. Jaime ya no tiene temor a tomar el control de las circunstancias que lo rodean.

En otra parte del pueblo inundado, Pani y Paula mantienen abierta su tortillería y siguen haciendo tortillas frescas para vender en las aldeas cercanas. Su maquina suena y tira vapor, mientras ellos espantan a su burro para que no lama a la masa de tortillas. La familia de Miro barre la iglesia vacía y corta los arbustos. Los podrían dejar crecer, ya que el sacerdote ya no está para fijarse en eso ni para celebrar misa. Pero da algo que hacer y también paga una deuda con Dios, que dicen haber contraído cuando escaparon de una emboscada armada hace unos meses atrás.

Miro aún viaja en canoa a una isla cercana para traerle hierbas y tortil...
Miro aún viaja en canoa a una isla cercana para traerle hierbas y tortillas a una vaca que quedó abandonada después de la inundación.


En cuanto esos los bandidos armados, un manto de miedo envuelve al pueblo, miedo que nunca se trata directamente. Dado que se estamos en Sinaloa, a lo mejor los bandidos sean narcos en guerra. Tal vez sean la gente pobre y hambrienta que fueron desplazados y que luego se desesperaron cuando no pudieron rehacer sus vidas. O puede ser que sean los elementos sombríos que violentamente suprimieron a los aldeanos, cuando éstos últimos intentaron exigir una justa indemnización (cabe notar que el líder del movimiento popular de protesta fue asesinado en una cabina de radio durante una entrevista en vivo. El documental corto que García realizó sobre dicho líder ahora está disponible en The New York Times).

Cuando la electricidad se va durante una tormenta, cuando un ser querido regresa de un mandado o se escuchan disparos en la noche, el pavor se refleja sutilmente en las caras de los residentes. Pero nunca hablan de este miedo. Cuando el estampido de un rifle interrumpe la risa de personas reunidas en el porche de la casa de Jaime, al principio los amigos lo ignoran, luego no le dan importancia. Podría tratarse de fuegos artificiales, ¿no?

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Esta no se trata de una historia triunfal. No se trata de un grupo de rebeldes, unidos por la calamidad que destruyó su anterior forma de vida. Aquí se ve el verdadero peligro dado por el derrumbe de la comunidad y es cierto que la fuerza está en la unión, pero tampoco es que llegue el fin del mundo. El nivel creciente del agua, al igual que el aumento en el nivel del mar, simplemente obliga a la gente a adaptarse. Los sobrevivientes navegan por la calle principal del pueblo remando botes con un palo de bambú, como si se tratara de una góndola. Siguen criando pollos y ganado, sólo que lo hacen en terrenos más altos que antes. El vínculo con el cambio climático se vuelve más profundo dado que la supuesta causa natural de desastre, el agua, realmente fue un resultado de las acciones hechas por el hombre, es decir, la construcción de la represa. Este aldea no es una alegoría, es una comunidad real, pero al mismo tiempo captura el espíritu del Antropoceno.

San Marcos Photo Two

Pero la cinta también demuestra lo surreal que puede ser un desplazamiento de este tipo. La película abre con una toma fija y larga desde una balsa mientras que cruza la cuenca, luego pasa por una casa inundada y llega a un faro de luz que se extiende por encima del agua y aún ilumina la noche. Hay una vaca blanca que se quedó abandonada en un pedazo alto de tierra cuando las aguas crecieron más de lo que se esperaba. Miro viaja hasta la isla para traerle hierba y tortillas a la vaca. No está claro si la vaca podrá salir de su islita. En cada escena la cámara se detiene, hasta que uno se olvida que está viendo una película y empieza a sentir que está en un paisaje etéreo.

Es difícil ver este documental y no preguntarse por qué los aldeanos siguen ahí. Y ellos mismos luchan con esta interrogante. Uno de ellos sabiamente dice que la vida no tiene asideros, por lo que uno tiene que agarrarse de donde sea. Para estas personas, eso significa preparar tortillas o cortar malas hierbas en una plaza que nadie frecuenta o alimentar a una vaca que no puede escaparse de una islita creada por la casualidad. La historia se desarrolla como El mito de Sisifo de Camus, filtrado por García Márquez. Estas rutinas, aparentemente sin sentido, son lo único que se interpone entre ellos y lo absurdo de su situación.

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Quizás, dentro de poco, muchas más personas tengan que enfrentar este tipo de abismo.

'Los reyes del pueblo que no existe' se presentó en el Environmental Film Festival Festival de Cine Ambiental en Washington D.C. y gano el Premio Global de Audiencia en SXSW en Austin. El filme está disponible en varias plataformas digitales.

Esta historia fue publicada originalmente en inglés en CityLab.com.

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