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Cinta policiaca. (Imagen de Archivo).

¿Por qué subió el índice de homicidios en 2015?

¿Por qué subió el índice de homicidios en 2015?

Un reciente informe del Instituto Nacional de Justicia profundiza en las razones del rápido incremento de los asesinatos en 56 ciudades de Estados Unidos durante el año anterior.

Cinta policiaca. (Imagen de Archivo).
Cinta policiaca. (Imagen de Archivo).

Cuando los máximos responsables de velar por la ley se reunieron un día de octubre, lo hicieron para llamar la atención sobre el alarmante aumento del número de crímenes violentos en algunas ciudades de Estados Unidos. Entonces salió a la luz pública el informe A Gathering Storm (“una tormenta en creación”), el cual advertía acerca de las estadísticas que tenía el FBI sobre los crímenes habían “confirmado nuestra preocupación y la de las autoridades policiales por el dramático ascenso del índice de crímenes violentos”. El reporte también dijo que “esta tendencia…se expandía hacia otras partes del país”.

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Sin embargo, este repunte criminal tuvo lugar en un año, lo cual no lo hace necesariamente una tendencia. Se lee en su prólogo lo siguiente:

Hay quienes, ya sea dentro de la academia o el gobierno, creen que este auge del crimen violento puede ser algo fugaz o pasajero y que, por tanto, en números globales, el índice criminal es todavía relativamente bajo. Argumentan que antes de que saquemos conclusiones apresuradas deberíamos esperar y ver si este aumento de la violencia criminal persiste en el tiempo. Este pensamiento, ni qué decir, se equivoca. Sería comparable con tener un virus pandémico en algunas ciudades, pero aguardar a que este se expanda al resto del país para poder hacer algo. Para más de un jefe de la policía, alcalde u otros residentes en comunidades peligrosas, sería un lujo sentarse a “a esperar qué pasa”. El tiempo de actuar es ahora.

Usted podría suponer que la reunión a que se hizo referencia fue la conferencia de la International Association of Chiefs Police (Asociación Internacional de Jefes de Policía), que tuvo lugar en octubre último y donde el director del FBI, James Comey, insinuó que el incremento criminal era resultado del llamado “Efecto de Ferguson”. Pero no es así. La reunión correspondiente a la “tormenta en creación” ocurrió hace diez años, cuando autoridades de la policía identificaron alarmados la misma ola de crímenes que, a menudo, hoy constatamos en algunas ciudades de Estados Unidos.

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¿Qué ocurrió tras aquel repunte del número de homicidios entre 2005 y 2006? Pues que este número cayó considerablemente en años posteriores, manteniéndose así hasta 2012, cuando sufrió un ligero aumento de nuevo, para luego volver a caer. Entonces comenzó a subir, desafortunadamente, en el período 2013-2015, el cual ha sido llamado, con bastante poco acierto, la era del “Efecto de Ferguson”. Dado que el índice de criminalidad iba más bien en declive durante ese período de diez años, las alarmas de 2006 parecen ahora prematuras.

Lo que no quiere decir que el aumento temporal de la cantidad de homicidios debió ser ignorado entonces. Tampoco debiera echarse a un lado el análisis del incremento actual. Pero el problema, tanto entonces como ahora, es que las voces encargadas de narrar los actos criminales han trabajo con datos sesgados, incompletos. La información que fue empleada para confirmar las preocupaciones de los jefes de la policía en el informe “Gathering Storm” de 2006 provino fundamentalmente de cifras preliminares asociadas al FBI Uniform Crime Report (UCR), de 2005.

Precisamente el FBI no dará a conocer las cifras preliminares de 2015 hasta octubre de este año, de modo que una conjetura en torno a los “Efectos de Ferguson” como causante de la actual ola de crímenes también sería prematura. Eso al menos sostiene Richard Rosenfeld, investigador de la Universidad de Missouri, en un nuevo informe publicado por el Instituto Nacional de Justicia (NJI, por sus siglas en inglés).

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“Lo que se ha conocido como el ‘Efecto de Ferguson’ en el incremento de los homicidios”, escribe Rosenfeld, “está sujeto a no poca controversia y a una retórica carente de evidencias.”

Con la muy limitada información disponible, su informe para el NJI busca aportar al análisis del aumento de crímenes violentos en algunas ciudades de Estados Unidos en 2015. Primero que todo, es preciso notar que este incremento ha sido un hecho incuestionable desde 2014. En la propia investigación de Rosenfeld, él examina los índices homicidas en 56 principales ciudades (con más de 250,000 personas) y concluyó que el alza relativa al período 2014-2015 es “casi sin precedentes”.

De hecho, estos índices para muchas ciudades crecieron en un 25% durante el período en cuestión. Y 12 ciudades, por su parte, reportaron índices superiores incluso a un 50%. Pero si se mira en detalle el aumento en un año de los niveles de homicidios -16.8%-, se puede colegir que el grueso de ese incremento tuvo lugar en 10 ciudades.

Las 10 ciudades con el mayor incremento de homicidios en el período 2014-2015
CiudadAumento absoluto% del aumento% acumulado total de aumento
Baltimore12758.50%15.50%
Chicago6115%22.90%
Houston6125.20%30.30%
Milwaukee6172.60%37.80%
Cleveland5790.50%44.70%
Washington DC5754.30%51.60%
Nashville3482.90%55.80%
Philadelphia3212.90%83.40%
Kansas City2937.20%63.20%
St. Louis2918.20%66.70%
FUENTE: Richard Rosenfield, National Institute of Justice | UNIVISION

Todas estas ciudades tenían un mayor porcentaje de afroamericanos y de personas pobres que las restantes 46. Estas diez también representan las dos terceras partes del aumento total de crímenes durante el período referido, así que cualquier referencia a la nueva ola de crímenes pudiera bien hacer alusión específicamente a estas diez ciudades. Las cifras finales, recopiladas y calculadas por el FBI, brindarán un cuadro más completo a fines de este año, describiendo la naturaleza y distribución de los asesinatos, así como si incrementos similares se dieron en ciudades más pequeñas.

Ahora bien, el aumento de casos de homicidio ya está fuera de discusión hasta aquí, incluso si solo han ocurrido en unas pocas ciudades. “La pregunta ahora es si un incremento de tal magnitud amerita la atención que le han conferido especialistas, abogados, y funcionarios federales”, añade Rosenfeld.

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Su informe, por otro lado, escarba en tres teorías que pudieran explicar cómo se ha disparado el número de asesinatos, una de las cuales es el “Efecto de Ferguson” propiamente. Esta teoría es especialmente difícil de evaluar de manera empírica, pues no existe aún una definición clara de ella, sostiene Rosenfeld. Muchos la relacionan con que la policía ha flexibilizado un poco su compromiso social, practicando menos arrestos, ya sea por miedo a ser capturada por la cámara de un teléfono, o porque teme las reacciones que pueda generar en los activistas. Pero, como bien indica Rosenfeld, esto no es exactamente lo que el autor de la frase quiso decir:

La interpretación dominante acerca de cómo la policía ha relajado sus métodos deja entrever que los casos altamente mediáticos en que la policía ha usado armas letales contra miembros de una minoría, incluyendo pero no limitándose al incidente en Ferguson, han provocado que la policía se descomprometa un poco de sus funciones habituales, particularmente de sus tácticas proactivas para prevenir crímenes. Sin embargo, esta no es la interpretación que le da el individuo que acuñó el término. Sam Dotson, jefe del Departamento de la Policía Metropolitana de St. Louis, empleó el término durante una entrevista concedida en Noviembre de 2014, tres meses después de que fuera asesinado Michael Brown…

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Declaró que la Policía de St. Louis, los meses inmediatamente posteriores a la muerte de Brown, reestructuró sus métodos de trabajo respecto de sus habituales tareas proactivas durante las protestas y el desorden civil en Ferguson y otras zonas de St. Louis. Cuando las condiciones retornaron a la normalidad, lo mismo hizo la policía. Por ejemplo, el índice de arrestos regresó a los niveles que exhibía antes del caso en Ferguson, habiendo decrecido durante fines del verano y el otoño de 2014.

Refiriéndose al “Efecto de Ferguson”, Dotson añadió que ciertas personas pueden sentir que están en circunstancias más favorables para desobedecer la ley en la etapa que ha sobrevenido tras la muerte de Michael Brown. Rosenfeld, por su parte, señala que ese bien podría ser el caso, si la gente, en algunas ciudades, llega a sentir que no confía en la policía como garante de la solución de sus problemas, específicamente en cómo la policía manejó la situación tanto en el caso de Brown, como en el de Freddie Gray in Baltimore. Luego apunta:

Intencionalmente o no, el Jefe de la Policía de St. Louis invocó un importante aspecto del pensamiento sociológico y criminológico en su explicación del Efecto de Ferguson: la idea de que la violencia se recrudece cuando los individuos y las comunidades se enajenan de los medios legítimos de control social. Cuando la gente no confía en las fuerzas del orden llamadas a actuar en su nombre y a tratar a todos con justicia y respeto, entonces la gente pierde la confianza también en los medios formales del control social y comienza, eventualmente, a hacer justicia por su cuenta. Así pues, los conflictos interpersonales se resuelven de manera informal y muchas veces con violencia. Los códigos de honor se desarrollan de tal forma que alientan a la gente a responder con violencia a las amenazas y el irrespeto. Una violencia rapaz tiene lugar porque los ofensores suponen que las víctimas y los testigos no dirán nada a la policía. Los individuos, entonces, comprenden que solo pueden valerse por sí mismos, mientras las comunidades devienen lugares en que dejan de regir las leyes del Estado.

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Si este es el caso, ningún efecto sobre los crímenes puede achacársele solamente a Ferguson, el cual podría más fácilmente ser llamado el “Efecto Watts”. Una investigación más orientada a la etnografía es necesaria, escribe Rosenfeld, para relacionar el incremento de los homicidios con el comportamiento de las personas negras ante la policía.

Mientras tanto, Rosenfeld explora otras dos plausibles teorías para explicar el brusco salto del número de asesinatos de 2014 a 2015: una expansión del tráfico de drogas en las ciudades, y una caída del índice de encarcelamientos. En cuanto a la primera, Rosenfeld subraya que la cantidad de muertos por heroína se duplicó de 1999 a 2014.

Esta razón puede ayudar a entender la situación de Baltimore, que tuvo el incremento criminal más drástico en todo el país, y que también es conocida como la capital de la heroína. Así consta en Rehab International:

De acuerdo con la Agencia Contra el Contrabando y Consumo de Drogas de Estados Unidos (Drug Enforcement Administration), Baltimore es el lugar con el más alto número de adictos a la heroína y de casos criminales asociados a esta droga en todo el país. Solo en 2013, allí se reportaron más de 300 personas muertas a raíz de sobredosis. ABC News la llama “capital de la heroína” en Estados Unidos. Uno de cada 10 residentes de Baltimore es considerado adicto (esto es, 60,000 de 645,000) a esta demandada mercancía. En una región marcada por el descontento y plagada de crímenes, los traficantes de drogas utilizan la inmejorable situación geográfica de Baltimore, en el centro de la Costa Este, como un punto favorable desde el cual enviar heroína -por igual- hacia el norte y el sur de la costa. Tanto a distribuidores como a consumidores en la ciudad les llega una forma poco adulterada de la heroína (y, por lo mismo, más mortal), siendo esta más pura que el producto final que, eventualmente, es distribuido en otras ciudades del país.

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Sin embargo, el efecto de la heroína podría no bastar para explicar el auge criminal en ciudades sin demasiado tráfico interno de drogas. Al propio tiempo, la teoría de la droga propuesta por Rosenfeld tiene otros puntos flacos. Por ejemplo, el disparado aumento de la tasa de homicidios es relativamente nuevo e irregular si se le compara con el del número de muertos por uso de heroína, el cual ha sido sostenido por los últimos 15 años.

Algo similar ocurre con la teoría relativa a los encarcelamientos. Si bien más personas han salido de prisión en años recientes, todavía no se dispone de información suficiente o clara para determinar si la población excarcelada ha estado ligada a los homicidios de 2015. Pero la constante del informe de Rosenfeld es que todas estas interrogantes serían más rápidamente respondidas si el FBI liberara con más asiduidad y prontitud sus estadísticas relativas a los crímenes. Rosenfeld señala:

Los investigadores habrían estado en mejores condiciones para iniciar sus estudios acerca del incremento en el número de homicidios durante 2015 si hubieran tenido en sus manos, antes que pura especulación, evidencias y estadísticas oportunamente disponibles mientras los crímenes iban sucediéndose. Habríamos sabido, por ejemplo, si la ola de casos violentos criminales estaba limitada a las grandes ciudades, si el total de crímenes subía, o si caía la cantidad de arrestos. En una palabra, todo este debate sobre el auge criminal habría estado amparado en información. Por otro lado, ya cesaron los impedimentos técnicos para conocer mensualmente los datos que atañen a los crímenes. Un amplio y angustiante incremento de la cantidad de homicidios debería ser el catalizador para que, finalmente, el sistema nacional de vigilancia contra el crimen se abra al siglo XXI.

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La moraleja, en suma, es que resulta imprudente lanzar teorías orientadas a explicar la ocurrencia de crímenes, o su tendencia creciente, sin la debida información como sustento. Las políticas se crean sobre la base de teorías pobremente desarrolladas, como se ha visto en los casos de “ventanas rotas” y “tolerancia cero”. Las consecuencias son, ni más ni menos, las vidas de las personas: comunidades negras fueron completamente destruidas debido a la explotación y manipulación de las estadísticas criminales, las cuales alimentaron la encarcelación masiva durante el siglo XX. Si bien algunos eslóganes como el “Efecto de Ferguson” pueden ayudar a vender libros, en nada contribuyen a la justicia.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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