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La cantidad de crímenes resueltos está a la baja en Chicago. Los homicidios, todo lo contrario.

En Estados Unidos la policía cada vez resuelve menos homicidios

En Estados Unidos la policía cada vez resuelve menos homicidios

Los índices de arrestos están a la baja en el país: un tercio de los asesinatos no llevan a capturar a los culpables.

La cantidad de crímenes resueltos está a la baja en Chicago. Los homicid...
La cantidad de crímenes resueltos está a la baja en Chicago. Los homicidios, todo lo contrario.

No importa qué serie policial sintonices en la tele: cada capítulo sigue el mismo guión. Tras numerosas peripecias, los detectives ubican y neutralizan al delincuente. La historia siempre se resumen en el crimen, la resolución del crimen y el arresto.

En Estados Unidos, la policía llama a esto ‘clearance rate’, es decir, la tasa en la cual determinado tipo de crimen culmina en arresto en el plazo de un año. Sin embargo, al país no le está yendo bien en eso.

El trabajo de las fuerzas policiales estadounidenses es el peor del mundo Occidental en cuanto a resolver delitos. Solo uno de cada ocho robos conduce a un arresto. En lo concerniente a violaciones, la correlación es menos alarmante: una de cada tres. Y dos de cada tres en los casos de homicidio. Respecto a los índices de este último tipo de crimen, hay que decir que se han mantenido generalmente así por 30 años, incluso cuando el número de asesinatos ha caído en picada, desconociéndose, sin embargo, las razones de fondo.

En azul, el porcentaje de homicidios resueltos. En rojo, la cantidad de homicidios por cada 100,000 personas.

Ha habido, en otras palabras, una mejoría igual a cero en cuanto a la resolución de asesinatos. Recuérdese que aquí solo consideramos los arrestos; las tasas de condenas son ciertamente más bajas.

Pero este no es solo un problema que enfrenta la policía en las comunidades urbanas de bajos ingresos. El rico y gentrificado San Francisco ‘liquida’ apenas la mitad de sus casos de asesinato; Palm Beach y Long Island, solo un tercio.

Por supuesto que ansiamos que se cumplan nuestras leyes y se haga justicia. Aunque es aún más esencial que la gente se siente más segura cuando los asesinos son atrapados. Las tasas de homicidios están muy relacionadas con las de resolución de homicidios. Si, por ejemplo, vives en una comunidad con un índice de resolución de asesinatos por debajo del promedio, entonces cuentas con el doble de las probabilidades de ser asesinado. Es más, sabemos por investigaciones sociales realizadas que el riesgo de ser atrapado o arrestado desalienta las conductas criminales, no tanto las penas de cárcel. Estos individuos parecen no pensar a largo plazo. Si se consigue capturar al perpetrador, entonces disminuirá la cantidad de crímenes futuros. No debería sorprendernos tanto el hecho de que, conforme Chicago ha luchado contra una ola de asesinatos vinculados a la actividad pandillera, la tasa de resolución de homicidios se desplomó en un escalofriante 20%.

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Por otra parte, algunas localidades —tales como Raleigh, Carolina del Norte, o Arlington, en Texas— han mantenido establemente altos sus índices de arrestos, por encima de un 80%, y durante décadas. Las mejoras dramáticas también son posibles: Santa Ana, California, pasó de tener un 30% a inicios de los noventas hasta cerca de un 100% hoy día. Washington DC ha experimentado un repunte favorable. Analizando los modelos de estas agencias, podemos extraer algunas lecciones de cómo los departamentos policiales deberían elevar su rendimiento.

Apremia que las investigaciones se intensifiquen, aceleren y se organicen mejor. En la etapa inmediata posterior a un crimen, las primeras 48 a 72 horas son cruciales: ¿se está respondiendo con la urgencia necesaria, digamos, antes de que los testigos y sospechosos se dispersen? ¿Hay los suficientes detectives disponibles para trabajar no solo las largas, incómodas horas requeridas, sino hasta dar con un volumen considerable de pistas iniciales? Más casos suelen resolverse en la medida en que haya más detectives involucrados. A su vez, estos necesitan ser los primeros al tanto de cualquier trabajo forense, análisis de datos, o levantamiento de evidencias. Por ejemplo, el departamento de policía de Santa Ana decidió tener su propio investigador forense interno antes que esperar semanas por cualquier respuesta desde Sacramento, la capital estatal. Dilatar la realización de una prueba de ADN puede en ocasiones ser contraproducente, en especial cuando da negativa y el verdadero culpable, en ese momento de la investigación, ya está muy lejos.

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Otro elemento de peso a considerar por el orden público: la importancia del liderazgo. ¿ Están los supervisores observando como deben el trabajo de los detectives, ayudándolos a ser precisos y asegurándose de que estos dispongan de los recursos necesarios? Las ciudades donde los supervisores suelen lavarse las manos, por así decirlo, reportan menores índices de casos resueltos. Por otro lado, ¿Qué tan organizados son los sistemas de documentación? ¿Son capaces los supervisores y los detectives de localizar con prontitud esos documentos y de advertir tendencias para atar cabos? Por último, ¿contamos con el adecuado sistema de reclutamiento, dotado de altos estándares a la hora de elegir el personal competente para estos puestos? Los departamentos con altos rendimientos suelen tener elevados estándares de selección de detectives, incluyendo tanto exámenes de aptitud como cursos obligatorios versados en métodos de investigación.

Sin embargo, todo este esfuerzo está siendo desperdiciado sin la cooperación tanto de testigos como de la comunidad de local. En especial en los casos de asesinatos relacionados con pandillas, los cuales son notablemente difíciles de resolver debido a la intimidación de los testigos. Durham, en Carolina del Norte, realiza serios sondeos en los vecindarios después de que ocurre un crimen violento. Incluso los miembros del Concejo Municipal han tocado la puerta de testigos, buscando hacerlos sentir en confianza de brindar testimonios que, con frecuencia, pueden esclarecer los hechos.

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Esto no requiere necesariamente enormes sumas de dinero. Debido a que varias ciudades del país han sido presionadas financieramente, algunos departamentos policiales han sido golpeados con recortes de presupuesto. La cantidad per cápita de encargados de hacer cumplir la ley a nivel nacional ha venido disminuyendo en la última década. Los departamentos han estado dirigiendo una importante fuerza laboral y gestionando no pocos recursos para prevenir crímenes. Han utilizado analistas de datos para diseñar algoritmos de trabajo y poner a oficiales en zonas más conflictivas, dándoles incluso la orden de ubicarse en las esquinas con mayor probabilidad de convertirse en la próxima escena del crimen. Este trabajo preventivo es clave, pero debería otorgársele igualmente prioridad a subir la tasa de crímenes resueltos.

El financiamiento policial es fundamentalmente local, como lo son los delitos graves. Por lo tanto, queda a discreción de los municipios el resolver sus casos sin la asistencia estatal o federal. No existe siquiera un cómputo nacional oficial fiable de casos resueltos. Ese arduo trabajo está reservado a periodistas investigativos comprometidos, como lo es Thomas Hargrove, del Murder Accountability Project. A diferencia de la mayoría de los países ricos, no hay un estudio verificado nacionalmente sobre los crímenes violentos. Texas tiene una tasa de resolución de casos superior a la promedio, cosa que podría deberse a que sus Rangers ofrecen con asiduidad su colaboración a los municipios que se ven sin salida en el esclarecimiento de un homicidio. También por encima de la promedio es la de Wisconsin, aunque con la diferencia de que cuenta con un sistema de cómputo confiable.

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¿Debería ser una preocupación colectiva el que haya más casos resueltos? Desde luego que sí. Veamos entonces el problema como una prioridad no solo nacional sino también local y convengamos en que un 30% de asesinatos sin resolver es algo inaceptable. Lo cierto es que sabemos cómo hacer subir esos índices: varias ciudades han encontrado la forma. Ayudemos a que nuestras comunidades no pierdan el rumbo.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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