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¿Chocolate o papas fritas?

¿Chocolate o papas fritas?

La predilección por lo salado podría estar determinada por el nivel de sodio al nacer. Pero su consumo exagerado es peligroso.

¿Si te ponen sobre la mesa unos bombones de chocolate y una ración de jamón serrano, ante cuál de los dos manjares se te hace agua la boca? Si tu paladar disfruta más con lo salado, quizá hayas nacido de forma prematura y con bajos niveles de sodio (sal) en lasangre, lo cual podría hacerte más susceptible a aumentar de peso.

Es lo que indica un estudio de investigadores israelíes que analizaron a 41 niños prematuros y encontraron que cuanto menor era su nivel de sodio sanguíneo al nacer, mayor era el consumo de ese mismo mineral cuando tenían entre 8 y 15 años de edad.

Según los investigadores, de la Universidad de Haifa, el hallazgo sugiere que los niveles muy bajos de sodio en la sangre de los bebés prematuros y recién nacidos parece ser un factor que contribuye al consumo de sodio a largo plazo, un factor de riesgo clave para la obesidad.

"Existen alrededor de ocho estudios que muestran que alguna forma de pérdida o deficiencia de sodio, antes o después del nacimiento, se relaciona con un mayor apetito por la sal al final de la infancia o en la adultez", según el investigador Micah Leshem, coautor del trabajo.

Doble de sal, 30 por ciento más de peso

Los israelíes estudiaron el apetito por el sodio de cada niño entre los 8 y los 15, una etapa comprendida entre la infancia temprana y el comienzo de la adolescencia, verificaron si preferían mucha sal en la sopa y azúcar en el té, y les invitaron a que se sirvieran con total libertad los tentempiés salados y dulces dispuestos en una mesa.

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Aquellos que habían nacido con niveles de sodio más bajos tomaron el doble de refrigerios salados que los que habían venido al mundo con un nivel normal de este mineral en sus sangre. Además, pesaban cerca de 30 por ciento más que otros niños.

Según los investigadores, esto puede deberse a que la evolución nos ha brindado la capacidad de responder a la pérdida de sodio aumentando nuestra avidez por este mineral, aunque reconocen que hacen falta más investigaciones, porque sólo tuvieron en cuenta a bebés prematuros, y no a los de un peso normal.

Para la médica nutricionista Luz García Juan, de Madrid, "además de por factores biológicos, como la inclinación hereditaria por un determinado tipo de alimentación, las preferencias por lo dulce o lo salado las determinan los hábitos alimentarios familiares, lo que se acostumbraba comer en casa cuando éramos pequeños y jóvenes, y nos habituamos a comer".

"Aunque también influye en nuestras preferencias gastronómicas el estilo de vida, ya que la dieta de quien suele comer en su casa y la de quien lo hace fuera, en bares y restaurantes, difieren bastante", explica Luz García.

Las apetencias por lo salado a veces se deben a la necesidad de sal del organismo: por tensión baja o falta de oligoelementos. Esta preferencia también obedece a las costumbres alimentarias familiares: aliños excesivos en las comidas o uso frecuente de vinagretas o salazones, lo que exige siempre sabores fuertes en las demás comidas.

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Una de las claves para no atiborrarse de alimentos de modo que ello repercuta en la balanza, consiste en caer en la tentación pero sin pasarse, ya se trate de comidas o bebidas dulces o saladas. Para García, "la clave de todo programa para adelgazar consiste en restringir el consumo de las familias de comidas que más aportan calorías vacías". Las tres familias comidas y bebidas que aportan calorías pero no nutrientes, son las harinas, en las que se incluyen los bollos, las galletas, el pan blanco y las pastas, los dulces, a la cual pertenecen el chocolate, las golosinas, los postres y helados, así como el alcohol: cervezas, vino y licores.

Según García, "las personas con preferencia por lo salado son muy dadas al picoteo: unas aceitunitas, una rodajita de chorizo, unas patatitas fritas, unos pistachitos.... Pero en vez de estas comidas, se puede tomar un tomate con aceite de oliva y sal, lo cual es nutritivo, saciante y bajo en calorías".

Hay que tener cuidado con ciertos alimentos, que contienen carbohidratos pero en ocasiones no son sólo salados, como son las patatas fritas, aperitivos, carnes cargadas de grasas, alimentos fritos, salsas con aceite o mayonesa.

Retención de líquidos, hipertensión y más

Pueden tomarse ensaladas, verduras, frutas , carne, pesado, pollo y huevos, convine consumir con moderación los lácteos, cereales, pasta y legumbres, pero hay que "echarle el candado" a los alimentos muy salados como ciertos embutidos, pues hacen retener liquido y contribuyen a que no se pierda peso.

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Además de influir en el sobrepeso, el consumo excesivo de alimentos salados tiene efectos perjudiciales en la salud. "La sal favorece la hipertensión arterial y la retención de líquidos", advierte Luz García.

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