publicidad
Un pastor local dijo al periódico que por lo menos una de las mujeres detenidas está embarazada de cinco meses.

Programa culinario devuelve la esperanza a reclusas de recuperar sus vidas

Programa culinario devuelve la esperanza a reclusas de recuperar sus vidas

Las mujeres detenidas han encontrado en la cocina una manera de salir adelante y empezar una nueva vida cuando cumplan su condena en prisión.

Un grupo de internas en el Centro de Detención Las Colinas en el sur de California ha encontrado en un programa culinario la receta a la superación y el anhelo a un mejor mañana.

Como parte de este programa de gastronomía, cada seis meses un grupo de 16 reclusas aprende no solo las labores de comandar un fogón como preparar, presentar y servir los alimentos, sino también aprende otros aspectos como gestión de recursos humanos, planificación y compra de productos.

Una vez que concluyen el taller, las reclusas obtienen un certificado avalado por la Asociación Nacional de Restaurantes que les permitirá buscar un buen empleo cuando salgan de la cárcel.

El programa que inició en agosto de 2014, ha mostrado resultados favorables, ya que del grupo de tituladas son pocas las que regresan a la cárcel con nuevos cargos, según indicaron las autoridades del departamento del alguacil.

Mejor aún, algunas de ellas ya han obtenido trabajo de gerente en algún restaurante de su comunidad.

"Además de lo que les estamos enseñando, lo que queremos es que tengan confianza en ellas mismas para que puedan hacer algo cuando salgan de la cárcel", comentó Erika Frierson, capitana en el Centro de Detención Las Colinas de San Diego, California.

El principal objetivo del taller culinario es ofrecer la oportunidad de una nueva vida que aleje a estas mujeres del crimen.

publicidad

El esfuerzo de María Lamas, de 32 años, fue reconocido hoy por autoridades, quienes le entregaron un certificado al ser la primera participante que pese a no hablar nada de inglés logró graduarse con éxito e inclusive, se desempeñó como asistente de sus maestros.

"Es un privilegio estar en esta clase, no cualquiera puede. Me voy con una gran responsabilidad de poder llevar en alto lo aprendido en esta clase", comentó la interna quien terminará su condena de 18 meses dentro de dos semanas.

Lamas, de nacionalidad mexicana, jamás pensó que su gusto por la cocina se convertiría en la esperanza de un nuevo comienzo.

"Tengo muchas aspiraciones, quiero estudiar un poquito más y si Dios me lo permite tener un restaurante chiquito", dijo.

Para poner en práctica lo aprendido, el grupo trabaja turnos de 10 horas en el Café Missing Fork y en el Coffee House al interior del centro, en donde prepara alimentos para el personal.

De esta manera, se inculca profesionalismo y responsabilidad, además de exponer a participantes a un ambiente que más se asemeje a un restaurante donde deberán tratar con clientes, se indicó.

Para Kanya Arredondo, de 26 años, este programa le ha permitido transformar una experiencia negativa como es estar en un centro de detención, en algo positivo que le dará herramientas para superarse.

"En cuanto termine mi tiempo aquí, quiero buscar un trabajo para tener algo que ofrecerle a mi hija y con el tiempo tratar de buscar una buena posición", comentó.

publicidad

Por su parte, Delia Gill, una de las graduadas de este programa quien al poco tiempo de salir de la cárcel encontró trabajo en un restaurante de comida rápida, calificó esta experiencia como "una segunda oportunidad".

"Decidí que era suficiente, era momento de crecer y tomé ventaja de este programa porque quise que una vez que saliera iba a hacer algo diferente para no tener que regresar, y eso pasó, entré en esta clase, obtuve mi certificado y ahora estoy trabajando en un restaurante y no podría estar más feliz", aseguró.

publicidad
Contenido Patrocinado
En alianza con:
publicidad
publicidad