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Bush regresó a Texas como un ciudadano común, y vivirá en Dallas

Bush regresó a Texas como un ciudadano común, y vivirá en Dallas

Regresó a Texas tras una etapa que llenó ocho años de su vida, para comenzar una nueva como ciudadanos comunes en Dallas.

Regresó a casa

DALLAS, Texas.- El ex presidente de EE.UU. George W. Bush y su esposa Laura regresaron a Texas tras una etapa que llenó ocho años de su vida, para comenzar una nueva como ciudadanos comunes en una exclusiva zona de esta ciudad .

Bush hizo escala en la ciudad texana de Midland, donde lo esperaban centenares de personas que agitaron carteles con su tradicional letra "W" y escucharon extractos de sus discursos.

"Estoy de regreso en Texas y estoy aquí para quedarme", fueron sus primeras palabras a quienes se manifestaron como sus fieles partidarios..

George W. Bush pasó su primera noche en su estancia de Texas como un jubilado más.

Antes de trasladarse en helicóptero a su hacienda de 648 hectáreas (1.600 acres), el ex mandatario dijo a unas 3 mi personas congregadas el martes en el aeropuerto de Waco que estaba encantado de volver a Texas.

"Es un gran día porque hemos vuelto a casa de una vez para siempre", dijo Bush, acompañado de su esposa, Laura.

Sus admiradores, abrigados contra el frío, esperaron en la pista de aterrizaje durante más de una hora. Muchos de ellos agitaban carteles pintados de rojo, blanco y azul con la letra "W" y banderolas estadounidenses. Decenas de niños de corta edad eran llevados a hombros por sus padres para que pudieran ver a Bush, que saludo a varias personas y habló con otras.

Bush dijo sentirse agradecido por los amigos que tiene en Texas y por la oportunidad de servir como presidente en los últimos ocho años.

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"Regreso a casa con la cabeza bien alta", afirmó el ex mandatario e indicó que cuando llegue a su estancia de Crawford se mirará al espejo y "me sentiré orgulloso de lo que veo".

Tras abandonar Washington el martes al mediodía, Bush aterrizó en Midland, donde creció y donde miles de personas le despidieron poco antes de su primera toma de posesión hace ocho años.

Horas antes de su regreso, partes de los discursos de Bush fueron proyectados en una pantalla gigante de televisión, incluyendo los comentarios que formuló al Congreso poco después de los atentados terroristas del 2001.

"La presidencia fue una experiencia gozosa, pero pese a su grandeza, nada se compara con un atardecer en Texas", dijo Bush a una multitud de unas 25 mil personas. "Esta noche tengo el privilegio de decir seis palabras que he aguardado a decir desde hace tiempo: estoy encantado de volver a casa".

Sin pena, ni gloria...

Bush y su esposa partieron de la base de las Fuerzas Aéreas Andrews, en las afueras de la capital, a bordo del avión presidencial, que cambió para la ocasión su nombre de "Air Force One" a "Special Air Mission 28000".

Antes de abordar el aparato, Bush se reunió con alrededor de 2 mil ex consejeros, los familiares de éstos y partidarios a quienes agradeció su colaboración.

También subrayó su orgullo por la pacífica transición del control de la Casa Blanca al ahora mandatario Barack Obama.

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"Fue un momento de inspiración ver la investidura del presidente 44 de EE.UU. Fui testigo de la historia en primera fila", señaló.

La cálida recepción al ex gobernante de Estados Unidos contrastó con su casi silenciosa salida de Washington.

El despegue del "Special Air Mission 28000" apenas recibió atención de los estadounidenses o de los medios de comunicación, centrados en el histórico momento que vivía el país al convertirse Obama en su primer presidente negro.

El fin del mandato de Bush lo marcó la jura del nuevo jefe de Estado, pero quizá el momento más simbólico del traspaso de poder fue cuando Obama y la primera dama, Michelle, le despidieron en las escalinatas del Capitolio, donde le esperaba el "Marine One", convertido temporalmente en "Executive One", para llevarle a la base de Andrews.

Los dos hombres, acompañados por el vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, y su esposa Jill, se fundieron en un caluroso abrazo. Bush subió las escaleras del helicóptero y se despidió de Washington con un saludo y una sonrisa.

El momento que mejor describe el sentir de los estadounidenses ante el cambio de poder tuvo lugar cuando Bush apareció en las escalinatas del Capitolio para asistir a la investidura de Obama.

Su llegada fue acogida con un gran silencio en las gradas y con fuertes abucheos entre las masas en el Mall.

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La reacción de los ciudadanos anticipó lo que iba a pasar después, en el momento de su salida, cuando sobrevoló la ciudad, en la que casi dos millones de personas presenciaron la investidura de su nuevo presidente.

Lo más probable es que el ex mandatario no lo escuchara por el ruido de las hélices, pero abajo, en el extenso Mall, los ciudadanos le saludaron. Algunos, quizá, con cierta nostalgia ante una era que se acaba. Los más, por todo lo contrario, a juzgar por lo que dicen las encuestas. Sólo un 22 por ciento apoyaba su gestión.

Hubo más que uno que gritó "hasta nunca" o entonó junto a otros un sonoro y alegre "goodbye".

Fue una despedida cargada de simbolismo, pero Bush, aparentemente poco afectado por la escasa popularidad, soportó todas las actividades del día con una sonrisa.

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