publicidad
París, Francia

París aprende a convivir con el miedo

París aprende a convivir con el miedo

París nunca fue sometida a semejante dinámica, pero tras los atentados del pasado viernes, es ya una metrópoli en alarma permanente.

París, Francia
París, Francia

Por Saraí Suárez @saraisuarezs desde París 

Bogotá, Peshawar, San Sebastián, Beirut, Mogadishu... Ciudades castigadas durante años por ataques frecuentes de grupos terroristas. Ciudades donde vivir bajo la sombra de la muerte fue o sigue siendo moneda corriente.

París nunca fue sometida a semejante dinámica, pero tras los atentados del pasado viernes, es ya una metrópoli en alarma permanente. Ahora, sus habitantes sienten el peso de la amenaza y se plantean distintas formas de cohabitar con el miedo. Sandra, estudiante venezolana percibe la tensión: “La gente oye un petardo y cree que es una metralleta. Hay que tener la cabeza fría, tratar de recuperar los hábitos diarios sin caer en provocaciones ni falsas alarmas” dice. Sin embargo, cuando el orden social es quebrantado por actos de violencia tan brutales como los recientes atentados, es difícil mantener la calma.

Las escenas de pánico se pueden desencadenar en cualquier momento. Así ocurrió el domingo, 48 horas después de la tragedia, en varias zonas de la capital francesa. Nezhaa, parisino de origen argelino, dice tener miedo y estar consciente de que deberá convivir con ese sentimiento. “Estaba en un supermercado y un niño reventó un globo. La gente empezó a gritar y a correr hasta que nos dimos cuenta de lo que había ocurrido en realidad. Después de estos ataques, donde quiera que estemos, el miedo estará allí. Ya no hay un objetivo definido, esto es contra toda la población”, afirma resignado. El mensaje de los terroristas llegó fuerte y claro. Aunque, en su opinión, la única manera de sobrevivir en este nuevo contexto es asumiendo responsabilidades en el plano político y social y, sobre todo, resistiendo. “La resistencia comienza por vencer tus propios miedos”, asegura.


publicidad
El miedo de París Univision

Gabriela, una joven mexicana empleada en un céntrico restaurante, exterioriza una gran tristeza. “Por desgracia, la gente inocente siempre paga el precio de los poderosos, que se libran de todo esto subiendo a un helicóptero, mientras nosotros nos quedamos abajo recibiendo las balas”, reflexiona. Su jefe, explica, le sugirió “tener cuidado por un tiempo, ir de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. Nos dijo que no saliéramos porque no sabemos qué va a pasar. Todo el mundo teme un nuevo atentado. Por ahora nos sentimos muy vulnerables”.


María, española que trabaja cerca de Notre Dame, comenta que si hay un nuevo atentado se irá del país: “Tengo muchísimos nervios, no paran de sonar las sirenas y estoy en tensión todo el tiempo, así no se puede vivir. Tomar el metro me pone muy mal”.

publicidad

De una violencia a otra


Un grupo de personas en las calles de París
Un grupo de personas en las calles de París

El temor ha hecho más mella, si cabe, entre los recién llegados. Sin vínculos afectivos con la ciudad y su gente, tienen menos recursos emocionales para sobrellevar el espanto. “Me vine desde Buenos Aires buscando seguridad y tranquilidad y me encuentro con esto. Es terrible, y aunque las cosas se van a calmar, no me siento segura con los bombardeos como estrategia para buscar la paz”, cuenta Romina, que se mudó a París hace dos meses.

Rodrigo Yàñez, antropólogo y sociólogo chileno observa, no obstante, el abismo que separa América Latina de Europa a la hora de enfrentar y manejar el miedo. “Allí hay un nivel de violencia cotidiana al que nadie se enfrenta aquí. Por lo tanto, nuestras sociedades están más o menos acostumbradas a manejar la violencia. Los habitantes de París se sienten perdidos en este momento, descontextualizados, carecen de herramientas para afrontar esta nueva realidad. La proximidad entre estos atentados y los de Charlie Hebdo hace que el carácter excepcional de este fenómeno desaparezca y esto condiciona sin duda el comportamiento de la población”, señala.


Una mujer porta una bandera de Francia en las calles de París
Una mujer porta una bandera de Francia en las calles de París

La realidad, sin embargo, ha trascendido orígenes y pasaportes. Son las nuevas reglas impuestas por los atentados las que dictarán las conductas a adoptar. Alex vivió en Colombia durante los años del narcoterror, cuando las mafias de la droga hacían estallar bombas en los centros comerciales y carros repletos de explosivos en las calles. Reside en París hace más de una década y ofrece su experiencia personal como mecanismo de defensa: “Lamentablemente, uno termina por desarrollar nuevos comportamientos que le permiten sentirse protegido. Poco a poco, comienzas evitar lugares lugares que puedan resultar peligrosos bajo ciertas circunstancias o amenazas; estás más alerta, tratas al menos de no ser presa fácil para quienes quieren hacer daño y causar terror. Cuando no puedes hacer nada para evitar el riesgo, simplemente te resignas, asumes el miedo y suplicas que no te llegue la hora”.

Yàñez explica que este tipo de fenómenos “afectan profundamente la identidad de las sociedades”. En el caso de París avanza que, de la mano de las autoridades, sus habitantes tendrán que desarrollar códigos y estrategias propios para hacer frente a la nueva realidad. “Los sujetos que están detrás de estos hechos son franceses; aunque tengan origen extranjero, fueron criados y educados aquí. Esto tiene que ser motivo de cuestionamientos profundos para las instituciones y autoridades. Temo que lidiar con atentados va a ser parte de la vida europea del siglo XXI”, concluye el sociólogo.

publicidad
Contenido Patrocinado
En alianza con:
publicidad
publicidad