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Cándido, de 81 años y quien vive en Tunkás, trabajó intermitentemente como bracero en California hace 40 años. “Los tiempos han cambiado. Cruzar la frontera siempre ha sido durísimo pero ahora es incluso más difícil. Lo peor es que ya no sabes si encontrarás trabajo. Irse de mojado es correr un riesgo en busca de una vida imposible. Yo le diría a los jóvenes que no se fueran”. Crédito: Joey Rosa/UBELONG

Tres pueblos de Yucatán vaciados por la migración

Tres pueblos de Yucatán vaciados por la migración

Una muestra en el Instituto Cervantes de Nueva York se centra en retratos de personas en tres comunidades rurales de Yucatán que conocen la migración.

Por Carmen Graciela Díaz @carmen7graciela

En el estado de Yucatán, tres comunidades indígenas se van vaciando por la migración. Tunkás, Hoctún y Cenotillo -ubicadas a unas dos horas de Mérida, la capital del estado-, han perdido en los últimos 15 años sobre 35 por ciento de su población que se ha asentado mayormente en el sur de California.

En noviembre de 2014, un equipo de 11 fotógrafos aficionados de seis nacionalidades viajó a México para transformar en imágenes esos relatos de la inmigración. El resultado de ese viaje -coordinado por Ubelong, una organización social con base en Washington, DC - es la muestra “México: La inmigración a través de la fotografía” que se presenta desde este lunes hasta el 24 de octubre en el Instituto Cervantes de Nueva York. La expedición y la muestra fueron dirigidas por el cofundador de Ubelong, Raúl Román, y por el fotoperiodista de The New York Times, Lonnie Schlein.

Treinta y cinco imágenes dan cuenta de cómo la inmigración ha afectado la cotidianidad de estos pueblos de Yucatán, donde el desplazamiento a Estados Unidos ha aumentado con rapidez en la última década.

Según Román, el proyecto fotográfico pretendió acercar el tema de la inmigración al espectador neoyorquino a través un relato íntimo, personal.

“La importancia de esta exposición es que le pone enfrente a los espectadores a las personas que cruzan la frontera: el que se fue, el que se volvió y a familiares que esperan durante décadas a que sus seres queridos vuelvan a casa. El tema es universal porque, aunque uno no sea migrante, puede conectar con la soledad, la pérdida, el afán de superación, el fracasar y levantarse de nuevo”, explica Román.

Cada foto trae una historia como la de Sonia, cuyo marido se fue a Estados Unidos hace 17 años y aún no ha regresado. “La gente cambia cuando cruza la frontera, pero a menudo para peor”, reflexiona la mujer de 41 años que aparece en la imagen sujetando a su nieta de cuatro meses.


Tres pueblos de Yucatán vaciados por la migración


“Las voces poderosas y conmovedoras de las gentes de la región mexicana de Yucatán hablan de la pérdida y la desesperación que conllevan la masiva emigración a los Estados Unidos. Las emociones son intensas mientras esperan el regreso de hijos, hijas, padres y madres que persiguen sus propios sueños de vida”, sostiene Stephen Crowley, ganador del Premio Pulitzer 2002 junto a cuatro fotoperiodistas de The New York Times por su trabajo durante la guerra de Afganistán, y mentor de los participantes de la expedición a Yucatán.

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La muestra, como reflexiona Román, es un conglomerado de miradas de los fotógrafos y los personajes que ahora esperan por la mirada del público. Román aspira también a que esa mirada salte de las fotos hacia una mayor empatía por los inmigrantes y sus circunstancias.

“Me da nostalgia pensar en las familias fotografiadas que se hubiesen sentido tan felices de llegar tan lejos con su historia”, expresa Román. En su opinión, Estados Unidos “necesita soluciones más creativas y humanistas” para encarar el debate migratorio. 

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Se enfocaron en lo que deben, y no, hacer los oficiales frente a la implementación de esta ley. El primero de septiembre podría entrar en vigencia esta ley anticiudades santuario, a menos de que prospere alguna de las denuncias en su contra. Policías temen que no se denuncien delitos por miedo a detenciones y deportaciones.
El Departamento de Seguridad Nacional advirtió que revocarán los casos de personas que ya habían sido aprobados, pero que todavía no habían viajado a Estados Unidos.
Amanda Morales, junto a sus tres pequeños hijos, decidió ir en busca de asilo a una Iglesia de Washington Heights tras recibir una orden de deportación por parte de las autoridades migratorias. Luis Barrios, sacerdote de la Iglesia Santa Cruz, le ofreció todo su respaldo.
Amanda no vio otra salida más que encerrarse en una iglesia con sus tres hijos tras recibir una orden de deportación.
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