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El ataque a Nabila Rifo conmocionó a Chile, generó protestas y la presidenta Michelle Bachelet fue a visitarla cuando estaba en el hospital.

Juzgan en Chile a un hombre que supuestamente sacó los ojos y dejó sin dientes a su mujer

Juzgan en Chile a un hombre que supuestamente sacó los ojos y dejó sin dientes a su mujer

La agresión a Nabila Rifo, una mujer de 29 años y madre de cuatro hijos, conmocionó a Chile. El ensañamiento del agresor no se limitó a fracturarle varios huesos y dejarle sin varias piezas dentales: tras dejarla inconsciente, tomó un objeto corto punzante y le sacó los ojos. La agresión, por la que está siendo juzgado su marido, revela hasta que punto las mujeres víctimas de violencia siguen desprotegidas en Chile.

El ataque a Nabila Rifo conmocionó a Chile, generó protestas y la presid...
El ataque a Nabila Rifo conmocionó a Chile, generó protestas y la presidenta Michelle Bachelet fue a visitarla cuando estaba en el hospital.

SANTIAGO DE CHILE.- “Soy inocente”; “Jamás le he pegado a mi señora”; “A Nabila la quiero, es la madre de mis hijos”. Esas son algunas de las frases que el único procesado del caso de violencia de género más bullado de los últimos años en Chile, Mauricio Ortega, pronunció durante el primer día del juicio en su contra que comenzó esta semana.

El 14 de mayo de 2016 en la madrugada, su mujer Nabila Rifo, de 29 años y madre de cuatro hijos, fue encontrada brutalmente agredida en la calle donde vive en la ciudad de Coyhaique, en el sur del país. Tenía múltiples fracturas y había perdido piezas dentales. Pero el ensañamiento del agresor no terminó ahí: tras dejarla inconsciente, tomó un objeto cortopunzante y le sacó los ojos. Nabila tuvo que ser trasladada a la capital donde permaneció hospitalizada durante varias semanas.

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Mientras, cientos de chilenos salieron a las calles a pedir “justicia y respeto”, hicieron vigilias y la presidenta Michelle Bachelet fue a visitarla. El caso se convirtió en un emblema de la lucha contra la violencia de género en Chile.

Esta semana, se inició el juicio que debería durar hasta fin de mes y en que la Fiscalía presentará a más de 60 testigos, 24 documentos, 22 pruebas periciales y 27 peritos con el objetivo de acreditar que Mauricio Ortega, de 42 años, es culpable del crimen. La tesis de la Fiscalía es que, tras una discusión entre ambos, Ortega comenzó a golpear a Nabila dentro de la casa. Ella habría logrado salir, pero eso no lo habría detenido. El hombre le habría dado golpes en la cabeza con una piedra para luego proceder a mutilar su rostro con las llaves del auto. Por su lado, la defensa de Ortega, quien es padre de los dos hijos menores de la víctima, dice tener pruebas de que hubo otro agresor y que Nabila fue víctima de un ataque sexual.

El rol de la "mala víctima"

Sea cual sea el resultado del proceso judicial, el caso de Nabila Rifo no solo ha causado conmoción por la brutalidad con la que se la agredió, sino que también porque ha revelado a qué punto las mujeres víctimas de violencia siguen desprotegidas en Chile.

Desde el ataque, el enfoque que le ha dado la prensa al tratamiento del caso y la manera en que se está dando el juicio, dicen los expertos, la han puesto más de una vez en la posición de tener que defenderse.

En 2016, en Chile murieron 34 mujeres en feminicidios.
En 2016, en Chile murieron 34 mujeres en feminicidios.

“Tanto los medios como la defensa de Ortega han presentado a Nabila como la “mala víctima”, informando sobre características suyas que de alguna manera terminarían justificando la violencia que se gestó en su contra. Cuentan anécdotas respecto de su vida privada, que se alejan de los estereotipos que las sociedades conservadoras como la nuestra valoran de las mujeres”, dice Mónica Maureira, representante del Observatorio de Género y Equidad, una fundación que promueve el debate y la reflexión sobre la situación de las mujeres en Chile.

“Se menciona que iba a fiestas, que bebía alcohol, que usaba cierto tipo de vestimenta. Hay especulaciones sobre si usaba ropa interior o no al momento del ataque, alimentando el morbo sin ahondar en el hecho de que la violencia contra las mujeres es un problema social. Es preocupante que Nabila no haya tenido la debida protección como víctima”, agrega.

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Tras el tercer día del juicio, el mismo gobierno, a través de la directora regional del Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género, María Francisca Rojas, lamentó la manera en que las partes se referían a Nabila. "Se mira a la víctima como evaluándola, como preguntando hasta situaciones íntimas de ella", declaró la funcionaria a Radio Cooperativa. “Es importante velar y cuidar que aquí existe un delito, y no evaluar cómo iba vestida, qué llevaba puesto", agregó.

Denuncia previa

Nabila Rifo tuvo una buena recuperación. Hoy vive con sus hijos en la casa de su madre. Su nueva condición de no vidente no le permitió retomar su trabajo de cajera en un local nocturno, pero según informes de medios locales, subsiste vendiendo muebles a través de una página Facebook que sus hijos le ayudan a manejar. Y está a la espera de que la llamen a declarar. Será una prueba más en la vida de esta joven que creció en un ambiente precario y marcado por la violencia intrafamiliar. Es una realidad en la que viven muchas chilenas. En lo que va de 2017, ya se han registrado en Chile 13 feminicidios con resultado de muerte.

Para Lorena Astudillo, abogada y vocera de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, quien viajó a Coyhaique para asistir al juicio, los feminicidios difícilmente disminuirán en Chile si no se cambia la legislación vigente. Explica que la Red analizó los feminicidios ocurridos entre 2010 y 2012. El estudio arrojó que la mitad de las mujeres asesinadas en esos años habían presentado entre una y diez denuncias previas por violencia intrafamiliar. Agrega que al menos 70% de esas mujeres habían recibido anteriormente amenazas de muerte por parte de sus parejas.

“Muchas veces ellas no les creyeron, pero se lo mencionaron a un familiar. Contaron que les habían dicho: "Voy a hacer que desaparezcas"; "Algún día ya no vas a estar" o "Vas a ser la número tanto", dice Astudillo.

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En Chile, explica, existe la figura de “maltrato habitual”, que implica que si un hombre agrede a su pareja una vez, eso no constituye delito, sino que una falta.

“Para que sea considerado delito la mujer tiene que ser agredida varias veces. ¿Cuántas? Tampoco lo dice la ley, el criterio del juez va a determinar si cinco, diez o veinte. Tiene que ser habitualmente. Es decir que la ley está dando permiso para que las mujeres sean agredidas”, lamenta.

Quienes creen que Ortega es culpable aseguran que eso es lo que habría pasado en el caso de Nabila. En junio de 2015, cuando la pareja estaba separada, el hombre en un ataque de celos ingresó a la casa de su exmujer y sus hijos rompiendo la puerta con un hacha. La joven puso una denuncia que el tribunal luego resolvió obligándolo a someterse a un tratamiento de control de impulsos.

“No puede ser que a un hombre que amenaza de muerte con un hacha no sea sancionado”, se indigna Astudillo. “Los tribunales de justicia minimizan la violencia intrafamiliar, la validan”.

En las próximas semanas, la justicia tendrá que evaluar qué pasó realmente en el ataque de mayo pasado. Los antecedentes son complejos. Ha habido declaraciones contradictorias por parte de Nabila y el testigo del ataque que llamó a la policía para pedir ayuda hizo una descripción del agresor que no corresponde netamente al perfil físico de Ortega. Por ahora, Ortega se enfrenta a cargos de mutilación, feminicidio frustrado, violación de morada y amenazas, por las que la Fiscalía pidió una condena de 29 años de cárcel.

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Por su parte, Nabila ya fue condenada a vivir en la oscuridad.


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