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Foto de archivo de unas guerrilleras atendiendo a un herido en la región del Magdalena medio, en Antioquia.

Del monte a la sala de operaciones: los médicos de las FARC quieren pasar consulta

Del monte a la sala de operaciones: los médicos de las FARC quieren pasar consulta

Algunos de los exintegrantes de la guerrilla realizaron numerosas cirugías en tiempos de guerra. Sin equipo o anestesia y casi siempre sin título universitario, utilizaban los recursos de la naturaleza para tratar a sus heridos. Ahora, cerca del 28% de los exguerrilleros quieren homologar su experiencia y dedicarse a la medicina.

Foto de archivo de unas guerrilleras atendiendo a un herido en la región...
Foto de archivo de unas guerrilleras atendiendo a un herido en la región del Magdalena medio, en Antioquia.

PUTUMAYO, Colombia.- La selva y el monte no solo han sido el refugio de las FARC. También su sala de operaciones a vida o muerte y el aula de medicina. Allí, muchos guerrilleros alternaron el fusil con improvisados bisturís que les proporcionaba el propio medio. Sin títulos sellados por universidades, muchos se formaron como médicos, odontólogos o enfermeros. Tobías, un guerrillero de ‘bata blanca’ que estuvo 22 de sus 42 años en la que fue la guerrilla más antigua de América Latina es uno de ellos: “Aprendí medicina obligado por la guerra”.

Tobías dice que se inició como médico por la frustración que le generaba ver a sus compañeros morir. Nada más llegar a las FARC, recibió un curso de primeros auxilios. Pero él quiso ir más allá. Entre combates, Tobías estudió manuales médicos y ayudó a sus compañeros más experimentados en el cuidado de los heridos.

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Como cirujano, se estrenó porque no había otra. “A un compañero le impactó un proyectil en el glúteo y le sacó parte del área inguinal. El médico civil al que habíamos recurrido dijo que no se veía en condiciones de ayudarlo, que estaba muy traumatizado”, explica. Recuerda que en ese momento no dudó en ponerse los guantes. “Le abrí abdominalmente, le saqué todo el intestino, lo lavé y suturé. Era una operación de alto riesgo, pero es más arriesgado no hacer nada y dejar a un herido morir”, dice Tobías.

En La Carmelita, una de las 26 zonas de transición a la vida civil situada en el amazónico departamento de Putumayo (Colombia), Tobías y sus cerca de 400 compañeros del Bloque Sur de las FARC hacen planes para esta nueva etapa sin armas. Algunos esperan que Cuba sea su próximo destino: Raúl Castro ha ofrecido 1,000 becas para los colombianos que quieran estudiar medicina. Hasta 2022, hay disponibles 200 plazas anuales, que se distribuirán a partes iguales entre las FARC y el gobierno de Colombia. A finales de agosto llegaron a La Habana los primeros 189 becarios.

Deisi, que ahora es madre, quiere homologar todo lo que aprendió durant...
Deisi, que ahora es madre, quiere homologar todo lo que aprendió durante el conflicto para estudiar enfermería.

Como Tobías, el 28% de los guerrilleros quiere dedicarse a la atención sanitaria, según manifestaron en el primer censo de las FARC.

Una de ellas es Deisi, una guerrillera que se ha desempeñado como enfermera en los 13 años pasó en las FARC. “Me gustaría homologar los conocimientos que aprendí en la guerra”, explica. Nada más ingresar a sus filas, tomó un curso de primeros auxilios. Sus clases prácticas fueron con sus compañeros heridos y su instrumental médico era lo que encontraba a mano. “Muchas veces teníamos que usar el sujetador para hacer un torniquete y evitar que un compañero se desangrara antes de llegar al campamento”, asegura.

El conocimiento campesino fue su vademécum. La selva y el monte se convirtieron en su botica porque conseguir ciertos fármacos era “muy difícil y peligroso”. Para atajar males como la leishmaniasis (la lepra de montaña) usaban una cuchara al rojo vivo y hiel de boruga para las picaduras de serpientes. La malaria la trataban con corteza de quina.

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El objetivo de los primeros enfermeros farianos era estabilizar a los heridos hasta que fueran atendidos por un médico en el pueblo ‘amigo’ más cercano. Pero aquello no siempre era posible ni seguro para ellos.

Cirugías y microchips

El Mono Jojoy, un exlíder de las FARC abatido por el ejército en 2010, fue el impulsor de la ‘escuela de medicina’ de esta guerrilla. Hasta finales de la década de 1990, la atención médica estaba principalmente en manos civiles. Las filas farianas se centraban en los primeros auxilios. “Aprendimos a poner un vendaje, una inyección, a tratar una hemorragia o a saber canalizar para poder así auxiliar a un herido en combate sin correr más riesgos”, explica Tobías.

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Los cuatro años de las negociaciones del proceso de paz del Caguán fueron una especie de universidad de las FARC. Mientras duró aquel fallido diálogo, muchos guerrilleros mejoraron sus conocimientos sanitarios. Mauricio Jaramillo, conocido como ‘El Médico’ porque tenía un título universitario, y Laura Villa fueron los cerebros de la modernización del sistema de salud de la guerrilla, según cuentan muchos excombatientes. Entre 1998 y 2002, adquirieron destreza con el bisturí y equipo médico para reforzar sus hospitales móviles.

Pero los planes de paz saltaron por los aires con un recrudecimiento de los combates. Tobías recuerda que el cerco del Ejército en la Cordillera Oriental de Colombia le obligó a convertir sus conocimientos teóricos en prácticas de urgencia. “Hubo unos enfrentamientos muy duros. El Ejército nos dividió y nos cortó el acceso al puesto de salud, que se quedó en el otro lado”, recuerda. Desde entonces, Tobías ha realizado más de un centenar de cirugías de guerra y ortopédicas, “muchas veces sin anestesia convencional”. Según apunta, a veces se usaba la hoja de coca para tratar de calmar el dolor.

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Las ofensivas lanzadas por los expresidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe durante la primera década del 2000 obligaron a las FARC a apostar por la autosuficiencia. Depender de la sanidad civil era un riesgo alto, como ya advirtió el Mono Jojoy. Tan alto que él mismo murió en 2010 al ser localizado por un GPS que las autoridades insertaron en unas botas especiales para la diabetes que el líder de la guerrilla usaba. La tecnología espía fue otro arma que causó muchas bajas en las FARC.

“En aquellos años teníamos que movilizar nuestros campamentos, con los heridos a cuestas, tres o cuatro veces por noche”, recuerda Deisi. Los encargados de los hospitales móviles, que habían llegado incluso a contar con equipos de rayos X, tenían que priorizar la portabilidad del instrumental que cargaban los guerrilleros en sus mochilas. Por eso fueron claves los remedios naturales como la suelda consuelda, una planta con propiedades antiinflamatorias ideal para fracturas, un problema frecuente entre los combatientes.

Como parte de esa estrategia de supervivencia, los médicos de las FARC se especializaron en diferentes ramas. Algunos fueron odontólogos o bioanalistas. Otros practicaron los cuestionados abortos en plena selva cuando los anticonceptivos de larga duración fallaban. Aunque la guerrilla asegura que en sus filas el aborto era libre y voluntario, la Fiscalía acusó en junio a Héctor Albeidis Arboleda Buitrago de interrumpir forzosamente centenares de embarazos de combatientes de las FARC y otras dos guerrillas. La comandancia fariana ha negado cualquier vínculo con Arboleda.

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La mayoría de los médicos farianos tuvo que lidiar con los "tripeados", como llaman a los heridos de bala en el estómago e intestino, y con aquellos que recibían el impacto de la metralla de las bombas. Para desinflamar heridas usaban hojas de mango, aunque las esquirlas a veces eran intratables en la selva.

Recelos médicos

Anayibe fue una de las guerrilleras heridas. “En una emboscada contra el Ejército en 2013, recibí un impacto de bala en la cabeza y me quedé inconsciente. Mis compañeros me dieron por muerta. Aún así, me sacaron”, cuenta. Esta guerrillera, que estuvo 11 de sus 25 años en las FARC, perdió la movilidad total de su cuerpo. “Durante dos años y medio me moví en silla de ruedas, ahora en caminador. Todo ha sido posible gracias a la ayuda de los compañeros y de la población civil”, explica.

Las zonas veredales como La Carmelita sirven de lugar de transición haci...
Las zonas veredales como La Carmelita sirven de lugar de transición hacia la vida civil.

Pero aunque muchos exguerrilleros sueñan con colgar en su consulta un título oficial en medicina expedido por la universidad cubana, la noticia de que el gobierno de Raúl Castro concedería becas para estudiar medicina a integrantes de las FARC levantó ampollas en una parte de la sociedad colombiana.

“Cuando uno ha estado tanto tiempo en guerra, tiende a ver las cosas blanco o negro, bueno o malo”, explica a Univisión el director de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), Joshua Motretti. “En Colombia se ha creado una campaña polarizante frente a este acuerdo por el rechazo que genera el tema de las FARC. Pero este proceso está mejorando mucho las condiciones de los ciudadanos. Algunos teóricos hablan que hemos logrado evitar más de 3,000 muertos desde que comenzó el cese al fuego bilateral. Este es un proceso de largo aliento, creo que vamos por un camino adecuado”. Motretti asegura que de cada 10 personas que han pasado por la ARN en sus 14 años de vida, 8 se mantienen en la legalidad.

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El analista Eduardo Álvarez, de la Fundación Ideas para la Paz, reconoce el esfuerzo de la ARN durante estos años, pero cree que es urgente que la estrategia de reincorporación se precise más y se adapte al perfil de los exguerrilleros. La reacción de las comunidades ante los excombatientes dependerá, explica este experto, de las relaciones que sus habitantes tuvieran con ellos: “En algunas zonas, las FARC han sido más una fuerza predatoria. En otras, aseguran que tienen apoyo social”.

Las críticas más férreas al proceso vienen de los simpatizantes del partido del expresidente Álvaro Uribe, el Centro Democrático, que critican los “beneficios” que se dan a estos exguerrilleros y cuestionan los Acuerdos de La Habana. Sin embargo, un 56% de los encuestados por la ONG Corpovisionarios afirma que estaría dispuesto a dar trabajo a un excombatiente colombiano.

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