publicidad
Adolfo López points to the could-covered hilltop where the FARC's disarmament camp is situated.

Colombia busca la paz sin cocaína

Colombia busca la paz sin cocaína

Además de desarmar a los rebeldes de las FARC, el acuerdo de paz de Colombia también busca ponerle fin al comercio ilícito de drogas, pero eso requiere que el gobierno invierta dinero en el campo, y que ofrezca una alternativa viable para el floreciente mercado de la coca cuyo valor es de $88 mil millones a nivel mundial.

Adolfo López points to the could-covered hilltop where the FARC's...
Adolfo López points to the could-covered hilltop where the FARC's disarmament camp is situated.

Hace seis años, Adolfo López, de 57 años, regresó al pueblo provincial de Madrigales, en las montañas andinas del suroeste de Colombia, para recoger los restos de su hijo.

David López había muerto en un ataque con bombas perpetrado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), una insurgencia marxista que estuvo en guerra con el estado durante más de medio siglo hasta que acordó deponer sus armas en un histórico acuerdo de paz el año pasado.

El comandante responsable de la muerte de su hijo ahora vive a menos de 2 millas colina arriba de este pueblo de montaña cubierto de nubes en la zona de desarme de las FARC.

Aceptar ese hecho no ha sido fácil para López, un influyente líder campesino en Madrigales. Pero sostiene que, para que Colombia sane sus heridas, debe mirar hacia el futuro. "Aprenderé a perdonar [al comandante] algún día", dice él, con una expresión solemne.

A pesar de ser un pueblo con tan sólo aproximadamente 2,000 habitantes, Madrigales padeció directamente la violencia de la larga guerra civil de Colombia, en la que murieron más de 300,000 personas y otros siete millones fueron desplazados en los últimos 52 años. Localmente, 67 personas fueron asesinadas en poco más de una década, casi totalmente en manos de los grupos paramilitares apoyados por el estado.

El estado nunca ha existido de forma significativa aquí, y sus habitantes viven exclusivamente de la exportación de coca, el ingrediente base de la cocaína, una industria de miles de millones de dólares que Colombia ha estado tratando de exterminar durante las tres últimas décadas. Hasta ahora, los esfuerzos han tenido poco éxito duradero.

In photos: Peace in Colombia rests on finding an alternative to cocaine production

El dilema de la cocaína

La mitad de la oferta mundial de cocaína proviene de Colombia. De esa cantidad, el 80% proviene actualmente de Nariño, la provincia donde se encuentra Madrigales — la verdadera capital mundial de la cocaína.

Éste es un momento crucial para Colombia, pues los guerrilleros de las FARC comenzaron la semana pasada a entregar su arsenal de armas, parte del proceso de desarme incluido en el acuerdo de paz del año pasado.

Una parte esencial del acuerdo de paz es también ponerle fin al comercio ilícito de drogas, del que las FARC también dependían para sustentarse, pero eso requiere que el gobierno invierta dinero en el campo, y que ofrezca una alternativa viable para el floreciente mercado de la coca cuyo valor es de $88 mil millones a nivel mundial.

publicidad

En noviembre, el gobierno anunció un ambicioso plan para erradicar 250,000 hectáreas de coca, en comparación con apenas 45,000 el año pasado; la mitad a través de la erradicación forzosa y la mitad a través de un programa de sustitución voluntaria.

Ésta no es la primera vez que el gobierno ha intentado la sustitución de cultivos, pero es una oportunidad única, dicen los expertos. Si el gobierno puede proporcionar una alternativa viable a los cultivos de coca, puede detener el flujo de dinero que ha alimentado el insoluble conflicto durante décadas. Si no, corre el riesgo de sumir al país en un mayor derramamiento de sangre, dándoles a los grupos delictivos la oportunidad para que se enfrasquen en una batalla por el control del lucrativo comercio de drogas.

Ya existe resistencia al programa. Grupos disidentes de las FARC han protestado contra el proceso de paz y varias bandas criminales han dejado panfletos y mensajes de Whatsapp amenazando a los cultivadores de coca en todo el país si abandonan el negocio.

Mientras tanto, líderes sociales de todo el país están siendo asesinados por grupos criminales armados. La ONU estima que 42 han sido asesinados desde enero, aunque el gobierno niega que el número. Dos ex miembros de las FARC también han sido asesinados, lo que cuestiona la capacidad del estado para cumplir con su promesa de seguridad para todos.

publicidad

A pesar de estos reveses, el experto en Colombia Bruce Bagley, de la Universidad de Miami, mantiene la esperanza. "El proceso de paz aún no ha fracasado — a pesar de que ha sido escabroso … los precios de los productos básicos están bajando, y los ingresos no son suficientes, y la financiación internacional ha sido relativamente limitada", dijo.

Lo que el país necesita desesperadamente, según él, es algo parecido a un Plan Marshall en el campo, refiriéndose a la iniciativa de Estados Unidos para ayudar a Europa a recuperarse económicamente después de la Segunda Guerra Mundial.

La financiación de la Unión Europea está disminuyendo conforme sus estados miembros enfrentan la creciente crisis de refugiados y las amenazas terroristas. Estados Unidos prometió $450 millones bajo la administración de Obama para "Paz Colombia", pero no queda claro si Trump honrará ese acuerdo.

Relacionado
Los presidentes Donald Trump y Juan Manuel Santos se reunirán este jueve...
El presidente Santos espera blindar los fondos para la paz durante su visita a Washington
El Congreso de EEUU aprobó 450 millones de dólares para apoyar el reciente acuerdo de paz que puso fin a 52 años de guerra en Colombia con los rebeldes de las FARC. Pero Donald Trump no es un gran admirador de los programas de ayuda exterior del Departamento de Estado.

"Queremos ser como Estados Unidos"

Arnulfo Velázquez, un comandante local del 8vo Frente de las FARC, está preocupado por el apoyo económico para el proceso de paz. En una reciente reunión en la "recepción" del campamento — un terreno neutral donde los invitados oficiales pueden hablar con los guerrilleros — donde llevaba una bufanda de colores y un sombrero de ala de cuero, dice que el gobierno no ofrece suficientes garantías para los cultivadores de coca.

"Queremos ser como Estados Unidos", dice. "Los agricultores allá tienen el mejor trato del mundo", añade, con una sonrisa irónica.

Hasta el año pasado, el negocio de la coca en esta región estaba dominado por las FARC, que impuso un "impuesto revolucionario" sobre las ganancias de los productores de coca, pero desde noviembre, sus 7,000 guerrilleros se han retirado a los campamentos de desarme.

publicidad

Aunque hay cerca de 1,000 efectivos de seguridad patrullando Madrigales, así como una delegación de la ONU, la atmósfera es muy tensa.

Ha habido avistamientos no confirmados de hombres camuflados en la zona, lo que podría indicar la presencia de paramilitares o bandas de delincuentes armados que participan en el comercio de la droga.

A pesar de la incertidumbre que rodea el proceso de paz, las FARC han permanecido en sus precarios campamentos improvisados, en espera del desarme. Y prácticamente no ha habido violaciones del cese al fuego.

Un tercio del país — que anteriormente estaba bajo el control de las FARC o era tierra de nadie — está ahora oficialmente bajo el control del gobierno colombiano, excepto pequeñas áreas disputadas por el otro grupo insurgente del país conocido como el ELN.

Se estima que el 34% de los cultivadores de coca en todo el país han suscrito la iniciativa. El estado planea involucrar a más de 80,000 e invertir más de 600 millones de dólares en el programa de sustitución de cultivos. Sin embargo, uno de los efectos perversos de esta situación es que muchos de los cultivadores de coca han plantado más cultivos, con la esperanza de que serán indemnizados proporcionalmente. Esto explica en parte el actual auge de la coca en Colombia, que ha aumentado un 80% durante los dos últimos años.

En su infancia

El programa de sustitución de cultivos está en su infancia, y aún no ha comenzado en Madrigales. Otro programa de erradicación respaldado por la ONU en torno a la zona de desarme de las FARC ha producido algunos resultados parciales; 105 familias fueron indemnizadas, con unos $1,200 inicialmente, y se les ha prometido la misma cantidad para lanzar proyectos alternativos.

publicidad

Sin embargo, no todos los cultivadores están contentos con los resultados, y siguen desconfiando de que el gobierno cumpla sus promesas. "Es suficiente para subsistir", dice López, cuyos cultivos fueron erradicados, "pero no he recibido el segundo pago — nadie lo ha recibido", añade.

López explica cómo la infraestructura del pueblo fue construida por la comunidad con las ganancias del cultivo de coca. Todo lo que el gobierno ha construido, dice — como la escuela local y el centro médico — está "a medio acabar".

Alrededor de Madrigales hay poca infraestructura como prueba. Excepto la autopista estatal que pasa por la zona, casi todos los caminos de tierra están llenos de baches, y son inaccesibles sin un 4x4 o una moto. Los pocos que están pavimentados fueron construidos por los habitantes de la ciudad, con el dinero de la coca.

López cree que, si el gobierno no cumple sus promesas de sustitución de cultivos, la gente bajará por el cercano río Patia que atraviesa estos valles para minar oro.

Sebastián Sánchez de la Oficina Agraria estatal, el órgano gubernamental responsable de la aplicación del programa de sustitución de cultivos en la zona, dice que el plan es fortalecer los cultivos que ya se cultivan localmente, como el café y el cacao.

Los grandes desafíos tienen que ver con la economía: un cultivador de coca puede hacer mucho más de un día con un acre que un agricultor que cultive café. Los agricultores actualmente no están exportando ninguno de estos productos, pero con la ayuda del programa, que verterá más de $600 millones en los próximos dos años, esperan tener listos a los agricultores.

publicidad

Sánchez admite que no se producirán resultados rápidos — la oficina implementará el proyecto durante los próximos 15 años.

Nariño y otras regiones de cultivo de coca de Colombia cambiaron de cultivos comestibles al cultivo de la coca en la década de 1980, conforme los cárteles de la droga, como el cartel de Medellín de Pablo Escobar, se ampliaban y obligaban a los pequeños agricultores a meterse al negocio de la cocaína, o los sacaban del negocio.

Los fracasos repetidos en la reforma agraria en el campo han hecho casi imposible que los pequeños agricultores produzcan otro producto que no sea coca, pues no hay carreteras de acceso a los mercados, o no tienen acceso a créditos.

Estados Unidos invirtió $10 millones en los últimos 16 años en una iniciativa conocida como Plan Colombia, ostensiblemente para ponerle fin al comercio de la coca y llevar el desarrollo al campo, pero el dinero se utilizó en gran medida con fines militares para acabar con las guerrillas de las FARC.

Si bien fue un éxito en términos militares, al modernizar la infraestructura militar de Colombia y reducir las tasas de homicidios y secuestros en todo el país, apenas arañó la superficie de la reconstrucción de la economía rural.

"Colombia necesita ponerse al día en todas las cosas que no ha hecho en los últimos 500 años", dice Bagley. "Si no hay ningún cambio en ese patrón, entonces Colombia podría recurrir a la violencia del salvaje oeste que ha caracterizado a varias zonas del país en los últimos años".

publicidad

López es escéptico de que el gobierno cumpla con el acuerdo de paz, y recuerda el resultado de un proceso anterior de desarme con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) paramilitares hace una década. Después de disolver formalmente, algunos de los paramilitares locales guardaron sus armas y regresaron a la región como una pandilla criminal conocida como "Nueva Generación".

Sin embargo, quiere que las cosas cambien. "Estamos contentos de que Nariño esté en las noticias aunque por una mala razón - eso significa que el gobierno no puede ignorarnos más", dice.

Relacionado
Una combatiente en el campamento rebelde de las FARC.
Dentro de un campamento de las FARC: así ven los guerrilleros su reintegración tras el acuerdo de paz
Tras el acuerdo con el gobierno, los rebeldes de las FARC de Colombia se preparan para reintegrarse a la sociedad. Univision Noticias visitó un campamento para conocer los retos que enfrentarán los guerrilleros una vez que entreguen las armas.
En fotos: Cómo se ven las guerrilleras de las FARC sin el uniforme
publicidad
Contenido Patrocinado
En alianza con:
publicidad
publicidad