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Luchó como voluntaria de El Centro en Nuevo México por una oportunidad para sus padres indocumentados. Crédito: Michael Saldarriaga

"Ahora puedo vernos juntos en nuestro futuro"

"Ahora puedo vernos juntos en nuestro futuro"

Una joven relata el vivir en el miedo de vivir por años con la posible deportación de sus padres hasta este jueves.

Luchó como voluntaria de El Centro en Nuevo México por una oportunidad p...
Luchó como voluntaria de El Centro en Nuevo México por una oportunidad para sus padres indocumentados. Crédito: Michael Saldarriaga

"Ahora puedo vernos juntos en nuestro futuro"

Por Yuridia Loera

Yo vine a los Estados Unidos hace más de 16 años cuando tenía apenas dos años. Mis padres cruzaron la frontera con la esperanza de establecer una vida mejor para nuestra familia. Desde que llegué a este país he visto a mis padres sacrificarse, viviendo en constante temor de ser deportados, todo para que mis hermanos, mis hermanas y yo pudiésemos tener un futuro más promisorio.

Mientras yo crecía, no quería que mis amigos supieran que yo no había nacido en los Estados Unidos. Yo ocultaba mi etnicidad, ocultaba mi cultura, y ocultaba parte de lo que yo soy. De manera equivocada me sentía apenada y avergonzada. Pero más que todo, sentía miedo.

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Temía que si alguien se enterara de que mis padres no tenían papeles nos los arrebatarían y nuestra familia se desbarataría. Siendo yo la mayor de seis hermanos, me sentía preocupada constantemente. ¿Qué le pasaría a mi familia si mi mamá y mi papá fuesen deportados? ¿Cómo sobreviviríamos? ¿Cómo mantendría yo a mis hermanos y a la vez mantenerme a mí misma?

A medida en que yo crecía aprendí a poner a un lado las dudas que me obsesionaban y hallé mi amparo en la escuela. Ahora me doy cuenta de que dejar de lado aquellas dudas no fue lo correcto.

Para salir adelante me dediqué a mis estudios y ahora soy estudiante de primer año en la Universidad de Nuevo México, estudiando ingeniería química. Mi deseo eventual es realizar investigaciones en la neurociencia e ingresar en la escuela de medicina.

Ojalá mis padres hubiesen tenido acceso a las mismas oportunidades que yo he tenido. La vida en los Estados Unidos nunca les ha sido fácil. Mi mamá no puede trabajar porque se encuentra indocumentada y aunque mi papá es mecánico, oficio que él ama y donde se supera, le ha sido difícil mantenerme a mí y a mis seis hermanos con su salario.

Mi mamá y mi papá quieren participar de manera activa en la única sociedad que sus hijos hayan conocido, pero su condición de indocumentados se lo impide. Saben que ambos pueden hacer mucho más y llegar a ser mucho más; sus méritos se encuentran mucho por encima de su condición de indocumentados.

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Y ahora pueden serlo. Con las reformas administrativas del presidente Obama, mis seis hermanos y yo no tendremos que vivir bajo un arrasador temor de que mi familia se desbarate. El amparo significa una renovada esperanza de un futuro donde mi familia tendrá una oportunidad equitativa para contribuir a la vida en los Estados Unidos.

Esta semana se vivió un día monumental para millones de familias igual como la mía. Este jueves en la noche estuve mirando y escuchando el discurso del presidente Obama junto con mis amigos y pegada al teléfono con mi mamá, celebrando esta victoria histórica.

Desafortunadamente, este amparo no se aplica a todo el mundo. Por eso es importante tanto regocijarme de que muchos de mis amigos se beneficiarán de este amparo temporario como recordar que nunca estaremos satisfechos hasta que ganemos la reforma migratoria comprensiva con camino hacia la ciudadanía para cada uno de los once millones de ciudadanos que lo anhelan.

Voluntaria, EL CENTRO de Igualdad y Derechos, New Mexico

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