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Acoso escolar: terror de miles

Acoso escolar: terror de miles

Acabar con el acoso escolar es importante para garantizar el bienestar y la seguridad de nuestros hijos.

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La violencia infantil

Desde hacía algún tiempo Javier tenía pesadillas y no quería ir al colegio. Su madre no se explicaba la razón, hasta que el niño se sinceró con ella, ni se le pasó por la mente que pudiera ser víctima de acoso infantil.

“Me dijo que tenía miedo, que un niño de su clase le insultaba y le empujaba en el autobús del colegio. No se me había ocurrido porque siempre he creído que el acoso ocurre en la adolescencia y preadolescencia y no con niños de cinco años”, cuenta Mari Paz Hernández, madre de Javier. El acoso infantil ha existido siempre, parece que forma parte del desarrollo humano y no es difícil encontrar un adulto que de pequeño haya sido intimidado por sus compañeros.

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La Asociación Nacional de Educación de Estados Unidos calcula que diariamente 160 mil niños faltan a la escuela porque tienen miedo de ser acosados. Son cientos las escuelas que han implantado programas de prevención del acaso infantil.

Pero no por ser algo común, es aceptable. Al contrario, es un comportamiento que simplemente no se puede tolerar y que si se deja pasar puede tener consecuencias nefastas. Solo es preciso citar casos como Columbine High School, donde la trágica muerte de varios estudiantes y profesores tuvo su origen en un caso de intimidación.

Las víctimas de acoso infantil sufren insultos verbales, ataques físicos y exclusión, que convierten su vida en una pesadilla y que en el mejor de los casos pueden llegar a afectar profundamente el equilibrio emocional y la autoestima del niño. En Japón, por ejemplo, un alto porcentaje de los suicidios infantiles está relacionado con un episodio de acoso escolar.

Las investigaciones indican que (los estudiantes) que son objetivos del acoso continuado de sus compañeros se encierran cada vez más en sí mismos y se deprimen. Existe otra reacción mucho menos común ante el acoso escolar que es la agresión y la hostilidad”, indican en un informe las doctoras en psicología Patricia Marks Greenfield y Jaana Juvonen.

Mientras los varones tienden a la violencia física, el acoso de las niñas suele ser psicológico e igual de dañino que el de los niños. En ambos casos el acoso de otro niño más débil hace sentir poderoso al agresor, que irónicamente suele ser una persona insegura, que recibe poca atención de sus padres, que ve mucha violencia por televisión y que puede ser él mismo víctima de acoso en casa.

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Por su parte, los niños intimidados suelen ser “diferentes” de alguna manera (más gordos, más altos, de otra nacionalidad, de otra raza, pueden usar gafas o ser más tímidos), suelen ser también más débiles física o psicológicamente.

Cómo evitar que tus hijos se conviertan en bullies

Las conductas irrespetuosas e insultantes aparecen desde que los niños comienzan a relacionarse con otros niños. Pedagogos y maestros recomiendan actuar cuanto antes:

“Es importante que el niño sepa que los padres no toleran ese tipo de actitud. Desde la guardería, hay que dejarle ver al niño que no puede pegar, ni insultar, ni herir los sentimientos de otro niño”, indica la pedagoga Lourdes Prieto.

Los expertos también acentúan la importancia de mostrar al niño otros canales para ventilar y expresar sus sentimientos. Enseñarles por ejemplo a utilizar las palabras para protestar o enfatizar lo que sienten, a no recurrir a los golpes y sobre todo a ponerse en el lugar del otro, que el niño piense cómo se sentiría si fuera insultado, ridiculizado o agredido.

“Enseñarles a compadecer al otro es crucial y hay que recompensar siempre la amabilidad y las buenas acciones. También es eficaz registrar al niño agresivo en actividades de equipo, como deportes”, agrega Prieto. 

Qué hacer si nuestro hijo es víctima de acoso escolar

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“Sobre todo es necesario estar involucrados en la vida de nuestros hijos. Conocer quienes son sus amigos, cuáles son sus actividades. Los padres deben saber si algo les preocupa y actuar de inmediato”, indica Prieto.

Pero actuar no quiere decir llamar a la madre del niño agresor y ponerse a gritar, muchas veces la situación puede empeorar incluso más. El primer paso es contactar a la maestra.

“Al día siguiente llevé yo misma al niño al colegio y pedí una conferencia con la profesora. Me agradeció que le contase el problema y dijo que no era Javier el único niño amedrentado por el otro”, relata Mari Paz.

Los psicólogos aconsejan apoyar en todo al niño acosado, nunca decirle que no haga caso al agresor, sino estudiar con él cómo solucionarlo. 

“Yo agregaría que no hay que obligar a un niño a ir al colegio si tiene miedo. Antes de que regrese al centro es preciso haber hablado con los profesores y en lo posible haber hallado una solución”, dice Prieto.

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