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Un hombre con el agua hasta las rodillas en Port Arthur, Texas, zona industrial donde viven muchos latinos y afroestadounidenses.

Las minorías han sido condenadas a vecindarios de más riesgo frente a los desastres naturales

Las minorías han sido condenadas a vecindarios de más riesgo frente a los desastres naturales

En Houston y otras ciudades de EEUU, los latinos y afroestadounidenses tendrán más dificultades para recuperar sus casas y sus vidas. Esto tiene su origen en una historia de discriminación que se mantiene hasta hoy.

Un hombre con el agua hasta las rodillas en Port Arthur, Texas, zona ind...
Un hombre con el agua hasta las rodillas en Port Arthur, Texas, zona industrial donde viven muchos latinos y afroestadounidenses.

El activista Hilton Kelley ha estado quejándose en Facebook Live los últimos días acerca de las familias que fueron evacuadas de sus hogares para escapar del huracán Harvey y ahora están recibiendo avisos de desalojo. Se trata de personas que viven en Port Arthur, Texas, la pequeña ciudad de la Costa del Golfo a unas 90 millas al este de Houston, pero que actualmente están dispersas por Louisiana y Texas.

El propio Kelley tuvo que evacuar —su cuarta vez en los últimos 15 años debido a inundaciones provocadas por huracanes—, pero pudo regresar a su casa la semana pasada. Ahora está intentando localizar el mayor número posible de familias dispersas a través de los medios sociales para averiguar quién no ha podido regresar y por qué. Fue entonces que se enteró de los avisos de desalojo.

Una carta de desalojo en Texas, luego del paso del Huracán Harvey (Hilton Kelley).

Este tipo de desalojos ciegos son un verdadero shock para muchas familias, pero ya sucedieron luego del huracán Katrina. Muchos residentes de Nueva Orleans ni siquiera recibieron un aviso: en su lugar, se enteraron a través de la TV de que no iban a poder regresar a sus hogares. Éste fue el caso de los inquilinos del complejo de viviendas públicas ‘Big Four’ de la ciudad, que fueron clausurados definitivamente durante Katrina, aunque muchos de ellos no fueron afectados por las inundaciones.

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Éste es el tipo de desplazamiento que Kelley lucha para evitarles a las familias, a través de su organización sin fines de lucro Community In-Power and Development Association (CIDA), la cual aboga en favor de las familias que viven bajo la amenaza constante de los desastres ambientales.

No se trata solo de inundaciones y huracanes. Port Arthur está saturada de refinerías de petróleo y plantas petroquímicas, muchas de ellas ubicadas dentro de los patios de las viviendas, escuelas y áreas de recreo. El complejo de vivienda pública Carver Terrace en Port Arthur estaba completamente rodeado por estas venenosas industrias antes de ser derribado el año pasado, lo cual Kelley había estado pidiéndole al gobierno federal durante años. Todos los inquilinos de Carver Terrace fueron reubicados, sacándolos finalmente de las nubes de aire contaminado que atacaban sus pulmones y fosas nasales todos los días.

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Este tipo de desplazamiento fue necesario —solicitado, incluso— por los propios inquilinos. Sin embargo, el tipo de desplazamiento involuntario que es cada vez más frecuente en Port Arthur debido a las cada vez más peligrosas tormentas es algo que Kelley no ha logrado detener. Después de la reciente evacuación por Harvey, consideró por un momento no regresar a su casa y al restaurante que administra. Sin embargo, cambió de opinión después de considerar lo que perdería y cuán difícil sería empezar de nuevo en otra ciudad.

"Hay 'tiburones' ahí afuera esperando a que soltemos lo que tenemos aquí y colarse mientras nosotros emigramos", dice Kelley. "Las industrias simplemente engullirán esta tierra y habremos perdido lo que ha sido nuestro. Tengo propiedades aquí. Cuando salgo de aquí, no tengo nada en Dallas, Colorado o Nueva York. Y no puedo imaginarme intentando comprar un restaurante o una casa en esta situación actual".

Este tipo de desplazamiento es cada vez más inevitable para la gente de color, no sólo a causa del cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos, sino a causa de las políticas discriminatorias que los empujan hacia condiciones inhabitables. Es una realidad que rara vez se aborda a la hora de trazar los mapas de dónde la gente puede y no puede reconstruir. Pero ignorarla probablemente significa que las políticas de reconstrucción van a sufrir de las mismas diferencias que anteceden, por varias décadas, las recientes recuperaciones después del paso de tormentas.

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El problema del desplazamiento es aún más pronunciado para los latinos. Al mismo tiempo que Harvey estaba destruyéndolo todo a su paso, Trump decidió rescindir DACA, lo cual puso a miles de niños inmigrantes en un riesgo aún mayor. Si el congreso aprueba la solicitud de Trump, entonces esos niños enfrentarán el tipo de reubicación que no sólo los envía a otra ciudad, sino a un centro de detención, y luego a otro país con el que, en muchos casos, no tienen ninguna conexión real, si crecieron en Estados Unidos.

Bryan Parras, un organizador del Texas Environmental Justice Advocacy Services (t.e.j.a.s), está trabajando mucho estos días con familias latinas que están preparándose para la recuperación tanto de Harvey como de las políticas restrictivas de inmigración de Trump. El desplazamiento es un peligro que acecha siempre en torno a las comunidades latinas, y sus opciones de estar en un lugar seguro son cada vez más limitadas, especialmente a medida que se forman nuevas tormentas en el Golfo.

"Eso es lo que hace un desastre: realmente destruye el tejido de una comunidad y ésa es incluso una destrucción mayor, porque es psicológica, es espiritual, es una cuestión cultural", dice Parras. "Incluso si se quedan, ese lugar es diferente. Ha sido marcado por el trauma, así que quedarse no garantiza que uno podrá mantener esos lazos culturales con sus vecinos".

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"No hay verdadera seguridad"

Una recuperación equitativa será especialmente difícil en Houston, dado que en esta ciudad no existe la zonificación, es decir, en establecer reglas para la construcción y el uso de un terreno. Es a causa de esa ausencia de restricciones de zonificación que la contaminación se concentra en el lado oeste de la ciudad, desde el Shipping Channel hasta Port Arthur, donde vive la mayor concentración de familias latinas y afroestadounidenses. Aquí es también donde se ubica la mayor concentración de instalaciones petroquímicas tóxicas, sitios Superfund (áreas designadas para descontaminación), alcantarillas desbordadas, incineradores de desechos y vertederos.

"Esta falta de política de zonificación ha permitido un patrón algo errático de uso de suelo en la ciudad", escribieron los estudiosos de justicia ambiental Robert Bullard y Beverly Wright en su libro de 2012, The Wrong Complexion for Protection: How the Government Response to Disaster Endangers African American Communities. "Los vecindarios negros de Houston fueron extraoficialmente 'zonificados' para ser basura".

Y ahora ese revoltijo de productos químicos tóxicos y basura está esparcido a través de esos mismos vecindarios de Houston, donde las familias latinas y de raza negra tienen menos recursos para recuperarse. Los funcionarios de salud pública están diciéndole a la gente que no toque las aguas de las inundaciones, especialmente en aquellos lugares donde se han derramado productos químicos volátiles, inflamables y tóxicos.

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Estos problemas eran evitables. Los defensores de la justicia ambiental han estado pidiéndole al gobierno federal durante años que actualice las regulaciones para desastres químicos del programa de gestión de riesgos de la EPA para proteger mejor a las familias que viven junto a estas refinerías y plantas químicas. Obama emitió una orden ejecutiva en 2016 solicitándole a la EPA que comenzara a realizarle estos ajustes al programa de gestión de riesgos. Sin embargo, una de las primeras órdenes del día de Trump cuando llegó a la Casa Blanca este año fue retrasar las actualizaciones.

Nueve meses más tarde, las casas de las familias están rodeadas por un caldo tóxico que se creó a partir de los vertidos de las refinerías de petróleo, las alcantarillas desbordadas y la explosión de plantas químicas. No hemos visto aún el informe de toxicología para ver qué tipo de efectos a corto y a largo plazo tendrán estos derrames y explosiones sobre la salud de las personas. Mientras tanto, el 29º distrito electoral, que incluye estas comunidades, ha sido conocido durante mucho tiempo como el distrito con el menor número de personas con seguro médico en el estado con el menor número de personas sin seguro.

No sólo eso, sino que estas familias viven también en ciudades donde la infraestructura para las aguas pluviales y la gestión de inundaciones es anticuada y está deteriorada. Esto sólo profundiza las disparidades raciales en juego cuando se trata de la exposición a riesgos ambientales y el aumento de la probabilidad de desplazamiento. Nueva Orleans ya fue un buen ejemplo de esto: la ciudad sufrió inundaciones masivas el mes pasado, a pesar de la multimillonaria reconstrucción de esos diques. A los afroestadounidenses en la ciudad les será más difícil recuperar sus hogares y comunidades.

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"No hay verdadera seguridad. Podemos, en el mejor de los casos, reducir el riesgo, no eliminarlo", dice el geógrafo radicado en Nueva Orleans Richard Campanella. "Los dispositivos de ingeniería (tales como diques y muros de contención) le permitieron a esta ciudad deltaica convertirse en una metrópolis moderna. Pero también tienden a producir una falsa sensación de seguridad. La gente dio por sentado que esos dispositivos de ingeniería siempre iban a funcionar como estaba previsto. Al menos dos veces en los últimos doce años, no fue así".

Las recientes inundaciones de Nueva Orleans fueron consecuencia de un sistema de drenaje defectuoso, el que era considerado el ‘mejor del mundo’ hace un siglo, según Mark Davis, director del Institute on Water Resources Law and Policy de la Universidad Tulane. Pero fue un sistema que no le pudo seguir el paso al rápido crecimiento y urbanización de Nueva Orleans en las décadas siguientes. Lo mismo sucedió en Houston con Harvey, donde las inundaciones en el lado oeste de la ciudad fueron consecuencia de un inadecuado sistema de embalses del cual los ingenieros dijeron que necesitaba una modernización urgente hace décadas.

"Lo que estamos viendo en Texas es un recordatorio de que fácilmente podrían haber tenido esta cantidad de lluvia sin vientos huracanados en lo absoluto", dice Davis. "Fue una tormenta de movimiento lento con presión suficiente baja como para hacer subir [el agua] y dificultar el desagüe. Realmente vamos a tener que comenzar a pensar en términos de qué riesgos naturales estamos corriendo y por qué motivos los estamos corriendo y si estamos siendo honestos con nosotros mismos sobre lo que realmente significa eso desde el punto de vista de las inversiones y la justicia".

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El Houston invisible

Bullard, un destacado estudioso y activista de justicia ambiental, ha estado hablando sobre estos problemas desde su primer libro Houston Invisible, publicado hace treinta años este mes. La parte ‘invisible’ de la ciudad son los vecindarios negros y latinos omitidos o ignorados a la hora de tomar decisiones acerca del nuevo desarrollo urbano. Estos son lugares donde viven las personas de color no porque lo eligieron, sino a causa de políticas racistas como la exclusión. Bullard advierte que estas comunidades podrían ser invisibles nuevamente durante la fase de recuperación de Harvey.

"Cuando se empieza a hablar de cómo se va a reconstruir y recuperar, hay que vigilar eso muy de cerca, porque si no sería sólo reconstruir sobre la inequidad", dice Bullard, quien ahora radica en Houston como profesor de planificación urbana y política ambiental en la Universidad del Sur de Texas. "Si no tenemos cuidado, esas zonas podrían ser reconstruidas con todo tipo de protecciones, ecologizándolas con mayor resiliencia, pero se desplazará a las personas que vivían en esos vecindarios durante mucho tiempo, así que se produce esa gentrificación de reconstrucción".

Al fenómeno al que se refiere Bullard se le llama ‘gentrificación climática’ en algunos lugares y es una gran preocupación para las comunidades negras en el sur de la Florida, tras el paso destructivo de Irma. Sin embargo, parece erróneo darle al cambio climático este tipo de crédito. Las personas de estas comunidades más afectadas son vulnerables al desplazamiento a causa de las injusticias que soportaron mucho antes de las inundaciones y las tormentas. Viven en comunidades expuestas a inundaciones debido a las políticas racistas como la exclusión que encabezaron la segregación que todavía se ve hoy en día.

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Como Susan Rogers explicó en el blog OffCite el año pasado acerca de cómo la Homeowners’ Loan Corporation (HOLC) trazaba las zonas de exclusión en los mapas de Houston en la década de 1930, "el racismo es evidente" en las áreas destinadas a la desinversión. Los mapas con colores más fríos (azul, verde) eran asignados a los vecindarios que la HOLC determinaba como seguros para préstamos. Los colores más cálidos (amarillo y rojo) eran etiquetados como vecindarios ‘decadentes’ o ‘peligrosos’ que los prestamistas debían evitar. Éste era un tipo de zonificación con el que aparentemente Houston estaba dispuesta a vivir.

Este mapa de Houston muestra cómo los vecindarios de minorías se calificaron de manera negativa (en colores rojo y amarillo) (Cortesía de OffCite).

Resulta que los vecindarios con una alta concentración de afroestadounidenses eran catalogados como no apropiados para las inversiones. Uno de los documentos culpables en el proceso de exclusión fue la directriz ‘Planificación de vecindarios rentables’ de la Administración Federal de Vivienda, creada para las compañías constructoras, principalmente para los suburbios. Así lo describió Rogers:

El boletín ‘Planificación de vecindarios rentables’ describe e ilustra en una serie de dibujos las ‘buenas’ y ‘malas’ prácticas de desarrollo. Sin excepción, estos dibujos definen los ahora típicos modelos suburbanos de calles discontinuas, grandes lotes, y centros comerciales como ‘buenos’ y las tipologías urbanas tradicionales como ‘malas’. En efecto, la combinación de políticas y prácticas tales como la ‘exclusión’ aseguraron que las ciudades centrales, las zonas de uso mixto, y los vecindarios de color disminuyeran.

Esa disminución no sólo provino de la negación de los préstamos y las inversiones en esos vecindarios. También ocurrió porque los modelos reconocidos en los vecindarios ‘buenos’ —esos ‘grandes lotes’, por ejemplo— son los que terminaron haciendo que la ciudad fuera aún más propensa a las inundaciones. Además del defectuoso manejo de aguas pluviales de la ciudad, Houston también sufre regularmente de inundaciones urbanas, debido a los abundantes niveles de estacionamientos y superficies impermeables que pavimentan la ciudad. Por lo tanto, lo que era ‘bueno’ y rentable para la expansión y los suburbios es lo que también aumentó la vulnerabilidad de estos vecindarios excluidos, haciendo de su designación como ‘peligrosos’ una especie de premisa autocumplida.

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Culpar del desplazamiento o la gentrificación al cambio climático sólo absuelve a los actores estatales y municipales directos que empujaron a las familias negras y latinas hacia ‘peligrosas’ condiciones de vida desde un principio. Esa historia no debe simplemente quedar bajo el pavimento durante la recuperación.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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