publicidad
La mayoría de la gente se limita a pasear y tomar fotos y selfies para compartir en las redes sociales pero, según el periodista Michael Weissenstein de AP, algunos productos que venden en el mall sí que están al alcance de una pequeña pero creciente clase media-alta cubana, como pequeñas botellas de shampoo de seis dólares y juegos de platos por 100 dólares.

Se mira, se hacen selfies, pero no se compra: este es el nuevo mall de lujo de La Habana

Se mira, se hacen selfies, pero no se compra: este es el nuevo mall de lujo de La Habana

Situado en un histórico edificio conocido como la Manzana de Gómez, que pronto albergará también el primer hotel de cinco estrellas de Cuba, un centro comercial de lujo recién inaugurado en La Habana se ha convertido en una atracción para muchos ciudadanos aunque la mayoría no puedan permitirse comprar algo ahí.

Los costosos artículos que venden en el Centro Comercial en la antigua Manzana de Gómez en la Habana Univision

LA HABANA, Cuba.- En los bajos del hotel Manzana de Gómez Kempinski, una muchacha encuadra en su smartphone a otra joven. Su amiga señala la vidriera que tiene detrás, inclina sus glúteos y joroba la rodilla de su pierna izquierda hasta formar un ángulo de 45 grados con su cuerpo como si fuera un flamenco parado en un lago. Luego, saca una sonrisa forzada, totalmente fingida. Uno, dos, tres flashes relumbran en el aire. La muchacha que posaba se acerca a su amiga y le pide ver las fotos. "Mami, pero le cortaste la i al cartel de Gucci, dale, hazme otra y después yo te hago una a ti", le dice.

Estamos en el corazón de la Habana, justo al costado del Parque Central del paseo del Prado donde hay una explanada con una estatua del apóstol nacional José Martí que apunta con su dedo índice. Desde la neocolonia estadounidense de principios del siglo pasado y hasta hace unos meses, Martí le apuntaba a una edificación que en los altos por el día era un preuniversitario y por las noches una escuela de idiomas. En los bajos era un centro comercial de poca monta. Desde hace un par de semanas, Martí le apunta al primer hotel cinco estrellas de lujo que abrirá sus puertas en Cuba.

publicidad

La fecha de inauguración del hotel de cinco pisos -propiedad de Gaviota, agencia turística de los militares y administrado por la cadena suiza Kempinski- está marcada para junio, pero ya su primera planta, un complejo de galerías comerciales de lujo, tiene boquiabiertos a los cubanos.

Por los brillosos pasillos camina Judith Hernández y la siguen un grupo de veinte jóvenes. Judith es la subgerente comercial del complejo y les está mostrando el sitio a futuros trabajadores que se incorporarán pronto a la instalación. En una de las entradas, Judith, que tiene 57 años y lleva el pelo rojizo, dice: “Esto está diseñado al mejor estilo europeo, se llama Manzana no por New York sino porque se lleva toda la manzana de cuadras a la redonda”.

Así es el nuevo centro comercial de lujo de La Habana

Judith prosigue su explicación de las dependencias. Al fondo del grupo, una de las futuras trabajadoras le dice a otra señalando un edificio de la calle adyacente: “increíble, esto impecable y allá cayéndose la fachada y con peste a orine”.

Todas las entradas a la tienda están custodiadas por agentes de seguridad que visten con camisa y saco pese al calor de La Habana. Los guardias llevan un finísimo micrófono que les sale de dentro del cuello de la camisa y se les cuela por toda la oreja derecha. También hay más policías de lo normal por los alrededores.

Desde las 9:00 am, hora en que abren las tiendas, se nota el ajetreo de gente. Por las cuatro entradas que dan al centro de la zona comercial -donde antaño yacía un busto de Julio Antonio Mella, mártir revolucionario- no dejan de entrar personas. Los cubanos lucen asombrados ante semejantes vidrieras, estantes y ante la pulcritud de los pasillos que se comunican. Dos jóvenes vestidas con uniforme de preuniversitarios conversan ante la tienda Lacoste:

publicidad

-Ño, viste esos bolsos que bonitos.
-Sí, pero lo que no son bonitos son los precios.

Productos más caros que el salario promedio

Unos metros más adelante está el área de perfumería y cosméticos. Las dependientas llevan unos ajustados vestidos de guayaberas azul clarito de mangas largas y los hombres, pantalón oscuro y guayabera del mismo color. Marta Rodríguez, jefa del área, le dice a Héctor Martínez, portero: “Mira como se ha llenado la tienda, no dejes pasar a más nadie hasta que te diga”.

El aire acondicionado ya no se siente potente y hay demasiadas personas manoseando los productos. Una ironía. Pues todos los productos, incluso los más baratos tienen más valor que el salario promedio de un mes de un cubano: 24 dólares. Los habaneros que acuden a la tienda van solo a mirar y no a comprar, van a hacer colas para asomarse al capitalismo más furibundo que se abre espacio en Cuba.

Dos señoras cincuentonas, que lograron pasar antes de que cortaran la entrada, comentan: “Ay Niurka, vieja, qué tentación estas colonias, pero no puedo llevarlas”. La señora que habla tiene en la mano dos frascos de eau de toilette. Una vale 95,20 dólares y la otra 77,80 dólares, el cuádruple de su pensión. Marta, la jefa de la tienda, que las escucha, me dice: “Que quedará para mí que gano 12.50 dólares al mes”.

publicidad

Yudier y Armando entran a la perfumería cuando Héctor, el portero, vuelve a dejar entrar. Afuera hay una fila de 10 personas. Los muchachos pasean por la tienda sin hablar, sólo se miran, pero no comentan. Toman los productos en sus manos, miran los precios y los vuelven a colocar. Llegan al final del local donde están las gafas, ahí si hablan.

- Esas gafas valen más de 100, uf -le exclama Armando a Yudier.
- Yo no sé para que la gente quiere unas gafas que valen eso, si al final allá afuera en el boulevard las venden baratas- dice Yudier.
- Verdad, con el perfume sí tiene sentido porque dice quien tú eres. Yo me acuerdo que cuando mi papá tenía el Carolina Herrera que le regalaron, era otra cosa. Nada más que nos los echábamos de vez en cuando, lo ahorramos seis años- responde Armando.

La dependencia siguiente es la primera tienda de cámaras profesionales fotográficas que abre en el país. No hay ni una persona. Nada más dos tenderas que conversan tras un mostrador. La más cara es una Leica que vale 8,180 dólares, el resto son Canon y Nikon. Todas superan los 1,000 dólares. Sarah Sánchez, una de las tenderas, dice: “En las dos semanas que llevamos abiertos no hemos vendido ni una sola cámara, la única venta ha sido un filtro que le vendimos a un canadiense”.

Por uno de los pasillos camina una pareja de novios. El hombre le dice a la mujer: “Los que padecen de la presión no pueden venir aquí”.

publicidad


En la joyería, lo más barato son unas esmeraldas de 1,866 dólares. La gente no se lo puede creer. El rumor corre de boca en boca en la calle y la gente no deja de ir a presenciarlo. Es la dependencia más concurrida y puede que la que menos venderá también.

Hay personas adentro que se encorvan con los ojos saltones detrás de los mostradores y no se creen los precios desorbitantes. Hay personas mayores que, como niños chiquitos en la juguetería, se pegan a los cristales y unen las manos simulando un monóculo para mirar hacia dentro de la tienda. Quizás la imagen del fin del igualitarismo en la isla. De la llegada del consumismo y la desmantelamiento de la ideología social que por tantos años imperó en la nación y que ahora parece esfumarse de una vez.

En la misma joyería, hay relojes que tienen la etiqueta de precios bien chiquitas. Un señor de 74 años se me acerca y me pregunta el precio de uno de ellos. De un Longines. Le digo que 1,535 dólares. El señor vuelve a mirar el mostrador, calla unos segundos y luego me dice: “Son otros tiempos, solo nos queda mirar. Y mirar no cuesta nada”.

Mira también:

En fotos: Tras la visita de Obama, los cubanos siguen esperando cambios
publicidad
Contenido Patrocinado
En alianza con:
publicidad
publicidad