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Los Castro mienten

Los Castro mienten

Yo fui cruelmente torturado mientras estaba preso en Isla de Pinos. Y de esto tengo más de 250 testigos.

Ahora, en el 2008, el ex preso político Jorge Luis García Pérez Antúnez

tuvo que escuchar algo parecido de parte del dictador de turno, Raúl

Castro, que en Cuba no se torturaba a nadie. Esto me obliga a

desmentir dichas aseveraciones ya que yo, personalmente, fui cruelmente

torturado mientras estaba preso en Isla de Pinos. Y de esto tengo más

de 250 testigos. Encontrándome en la prisión de Isla de Pinos fui sometido a una de las torturas más crueles a que puede ser sometido ser humano alguno. El gobierno cubano implantó en la isla un plan de trabajo forzado para obligar a los presos políticos a claudicar en sus principios democráticos. Para esto dividieron a los cerca de 7,000 prisioneros en docenas de bloques de trabajo. Uno de los bloques fue formado exclusivamente de estudiantes al que llamaron Bloque 19. Por ser estudiante, yo cai en dicho bloque. Nos sacaron a trabajar en septiembre de 1964 pero contrario a lo que creíamos, nos daban golpes trabajáramos o no. En definitiva lo que buscaban era aterrorizarnos para que pasáramos al Plan de Rehabilitación. Era tanto el abuso que Ricardo Vázquez y yo decidimos que si nos golpeaban de todos modos, era mejor que nos dieran sin trabajar. Así es que un día de la segunda mitad de 1965 decidimos plantar al trabajo forzado. El problema fue cuando dije que no trabajaba más. En esa ocasión el Teniente Girón extrajo su bayoneta y, usando en la mano izquierda un estilete y en la derecha la bayoneta, comenzó a pincharme con el estilete y a golpearme con la bayoneta. Dándome golpes me llevaron hasta el jeep y me metieron en él. Mi cuerpo estaba lleno de heridas por lo que me llevaron directo al hospital de la prisión donde fui curado de más de 20 heridas, grandes y chiquitas. Me cogieron puntos en al menos 12 heridas. Desde ese momento Ricardo y yo nos declaramos en huelga de hambre hasta que nos sacaran del área de trabajo forzado. Al cabo de 48 días en huelga de hambre, durante los cuales nos suministraban a intervalos alimento líquido por la nariz amarrados a una cama, vino al edificio donde me tenían en esos momentos el Teniente Girón rodeado de secuaces. Me levantaron en vilo y me montaron en un camión llevándome para el campo de trabajo. A Ricardo lo dejaron en el edificio. Al llegar al campo me depositaron en el suelo, sobre la yerba mojada, mientras que al resto de los estudiantes se los llevaron para el potrero del lado. Entonces sentí una patada en el costado y la voz del Cabo Campeón que me gritaba que me parara porque tenía que trabajar. Al ver que yo no me movía, pues estaba muy débil, Campeón me viró boca abajo, me bajó los pantalones hasta las rodillas y puso la punta de la bayoneta sobre mi nalga izquierda. Mientras me gritaba: arriba, Bravo, parate que vas a trabajar, hundía la bayoneta en mis carnes hasta que su punta chocó con el hueso de mi cadera. Sentí un dolor inmenso, pero noté también que Campeón sacaba la bayoneta de la herida. Después de un profundo silencio sentí nuevamente un dolor desgarrador y era que el oficial, con toda la crueldad del mundo, metió nuevamente la punta de la bayoneta dentro de la misma herida y empujó hasta que esta chocó otra vez con el hueso de la cadera. Entonces el despiadado militar le dio vuelta a la bayoneta dentro de la herida y yo me desmayé de tanto dolor. Cuando desperté me encontraba sobre una cama en el hospital. Me habían dado 7 puntos, en esa herida, ademas de los que me dieron en la ocasión anterior. Si esto no es tortura le pido a cualquier lector que me diga qué cosa es. Esa fue la última gran prueba por la que tuve que pasar por rechazar el trabajo forzado. De ahí me llevaron para las oscuras celdas de castigo en confinamiento solitario donde permanecí casi un año. Al cabo de ese tiempo me trasladaron para la prisión de la Cabaña donde no había plan de trabajo forzado. Hay muchos casos más que atestiguan que Fidel y Raúl mienten cuando dicen que la revolución nunca ha torturado a ningun preso. Yo tengo muchos testimonios de torturas cometidas por la revolución en las despiadadas prisiones castrenses.

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