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Lind Cortés obtuvo la residencia permanente por necesitar un trasplante de órganos.

Así consiguió esta hispana su 'tarjeta verde' por motivos de salud

Así consiguió esta hispana su 'tarjeta verde' por motivos de salud

Un abogado ha obtenido medio centenar de sentencias migratorias favorables tras argumentar que sus clientes enfrentaban una situación de vida o muerte por sus dolencias.

Lind Cortés obtuvo la residencia permanente por necesitar un trasplante...
Lind Cortés obtuvo la residencia permanente por necesitar un trasplante de órganos.

LOS ÁNGELES, California.- Un abogado californiano ha tramitado ya cien casos de regularización migratoria de personas indocumentadas en los que el argumento principal para pedir su residencia permanente ha sido la salud, o mejor dicho, la mala salud de sus clientes que, de ser deportados, se expondrían a una situación de vida o muerte.

Del centenar de solicitudes, Eric Price aseguró a Univision Noticias en Los Ángeles que alrededor de 50 ya han obtenido un fallo favorable, el resto están pendientes. Sus representados son enfermos de cáncer, padecen un serio problema cardiovascular, tienen hijos con necesidades especiales -como paraláisis cerebral- o necesitan un trasplante.

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“El juez analiza si la gente se vería afectada si regresa a su país pensando: ‘¿Recibiría el mismo tratamiento en México, Guatemala o El Salvador?’”, comentó Price.

Sólo en los últimos tres años, el abogado llevó diez casos de inmigrantes que necesitaban un trasplante de riñón con sus respectivos reportes médicos. Explicó que sus clientes necesitaban legalizar su situación para poder aspirar a un órgano nuevo (las personas que no cuentan con número de seguro social no pueden entrar en las listas de trasplantes). El juez le dio la razón en todos los casos.

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Uno de ellos es Lind Cortés, de 40 años, una mujer que fue diagnosticada con insuficiencia renal en 2005. Siendo indocumentada, ella sólo tenía acceso de forma gratuita a la diálisis mediante el sistema público sanitario de California para personas de bajos recursos, MediCal (bajo la modalidad de emergencias), pero su riñón derecho terminó por dejar de funcionar.

“Para mí no era un lujo estar bien aquí, sino era algo que tenía que hacer por mi propia vida”, dice Cortés a Univision Noticias. “Prácticamente hacerme residente era de vida o muerte”, subrayó.

La urgencia por un trasplante de órganos fue de hecho la razón por la que esta emigrante originaria de Michoacán obtuvo la residencia permanente en 2014, tras 23 años como indocumentada.

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Esta vía hacía la regularización por motivos de salud es, no obstante, una posibilidad que implica riesgos para el migrante. El camino jurídico no es claro y tampoco hay garantías.

El recorrido de Lind

En el caso de Lind, su abogado trazó una estrategia poco ortodoxa. Primero solicitó para ella asilo político, un trámite con frecuencia rechazado y que expone al migrante a terminar en la lista negra de la Oficina de Inmigración y Control Fronterizo (ICE), y ser deportado.

El segundo paso fue interponer un proceso conocido como 'Cancelación de Deportación', en el cual se le expuso al juez que la expulsión del país causaría a la mujer un daño grave para sus tres hijos, de 14, 17 y 18 años, que están bajo su tutela, y que sería como una condena a muerte ante la posiblidad de que en México no pudiera acceder a la mismos cuidados médicos que en Estados Unidos.

Finalmente, la débil salud de Lind jugó a su favor. El 7 de agosto de 2014, un juez le concedió una residencia permanente especial a la migrante mexicana tomando en cuenta su grave enfermedad.

“La gente debe saber que puede tener una oportunidad”, dijo el abogado Price.

“La posibilidad existe, hay una cantidad de caminos que se tienen que buscar, pero ciertamente si la persona necesita atención médica y tiene familiares que sufrirían con su salida del país, esa persona puede seguir el camino de Lind Cortés”, agregó Price.

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Alivio por la residencia

Gracias a la 'tarjeta verde' Lind espera desde hace dos años a un donante de riñón en el Cedars-Sinai de la ciudad de Beverly Hills y MediCal cubre sus gastos sanitarios, incluidos los que genere el futuro trasplante.

Lind Cortés en la graduación de su hija.
Lind Cortés en la graduación de su hija.

“Mi sueño es tener un riñón, tener la vida sana que tuve y desarrollarme más como persona”, dice Lind, quien llegó a este país cuando tenía 15 años, cruzando ilegalmente la frontera entre Tijuana y San Diego.

La salud de Lind se fue minando desde que nació su hija mayor, hace 18 años. Todo empezó con dolores intensos en el vientre y con fiebres altas. Pero entonces sólo contaba con una cobertura sanitaria para sus visitas a la sala de urgencias.

Por eso sólo le diagnosticaban infecciones de orina y la regresaban a casa con medicamentos.

“Si desde un principio hubieran atendido bien la infección habrían encontrado que era porque mi riñón tenía piedras”, lamenta Lind, quien se somete a las diálisis desde hace nueve años.

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Antes de recibir la residencia permanente ella intentó apuntarse en las lista de receptores de órganos en dos hospitales públicos, pero le negaron esa opción por no tener un número de seguro social. Este era su dilema, por ser indocumentada su mal se agravó paulatinamente y no tenía opciones de sanar.

“Los indocumentados no pueden calificar para seguro médico público, solo los estabilizan. Esto crea un tremendo estrés para los pacientes, sus familias y también para el personal en los hospitales”, señala Michael Gusmano, profesor asociado de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Rutgers.

Lind, quien trabaja como supervisora escolar en Los Ángeles, agradece que ella pudo encontrar la senda correcta. “Ahora estoy más tranquila, quiero seguir subiendo y no quedarme donde estoy ahora”.

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