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Alfredo 'Feo' Barrón.

‘Feo’, el expandillero que dejó las armas para rescatar a los niños de la violencia

‘Feo’, el expandillero que dejó las armas para rescatar a los niños de la violencia

Alfredo Barrón se alejó de la pandilla Barrio 18, la más antigua de Los Ángeles, para dirigir programas que ofrecen oportunidades a jóvenes involucrados en bandas callejeras.

Jóvenes expandilleros cambian las armas por pinturas y brochas para embellecer a Pico-Union Univision

LOS ÁNGELES, California.- En el antebrazo izquierdo de Alfredo Barrón está tatuado un número 18, que se puso al ingresar a la pandilla Barrio 18, la más antigua de Los Ángeles, California, pero él dice que esa marca ahora solo representa un pasado violento que no quiere para los niños de su vecindario.

‘Feo’, como le dicen en Pico-Union, a donde llegó hace más de 30 años proveniente de México, dejó las armas y los botes de aerosol a mediados de la década de 1990, y ahora dedica su tiempo libre a cubrir el grafiti y recoger la basura que se acumula en los callejones de esa comunidad.

“Nosotros ya pasamos por balaceras, estuvimos en la cárcel y en el hospital. Es un ciclo que queremos cortar”, dice Barrón, de 49 años, después de una extenuante jornada limpiando un callejón de Pico-Union durante un caluroso día.

Su plan, explica, es recuperar los espacios que los pandilleros les han robado a los niños en una zona que siete bandas callejeras, entre estas la violenta Mara Salvatrucha (MS-13), se pelean a muerte.

Barrón no está dispuesto a ceder un centímetro, porque dice que los pocos parques en esa comunidad ya están ocupados por los grupos delictivos. El más grande, el MacArthur, es “propiedad” de la MS-13 y de tres pandillas más, como lo estableció la Mafia Mexicana, de acuerdo a un reporte federal.

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Desde hace décadas, la pandilla MS-13 impone su dominio sobre dos parques ubicados en barrios hispanos, donde se reúne con sus miembros, vende drogas, recluta, extorsiona, vigila a las autoridades, ajusta cuentas y asesina.

“Ahí la pobre gente ni quiere salir”, asegura este hombre de bigote abundante y barba.

Una imagen se le ha quedado grabada: la de esos niños que juegan en diminutos espacios en un complejo de apartamentos, porque sus padres temen que terminen en medio de una balacera o que los recluten las malas amistades. Por ello, ese lugar es tan importante para Barrón.

“Si pasas por el callejón ves que en el día los niños juegan detrás de las rejas, solos en sus patiecitos; ves que están como encarcelados. Las paredes están llenas de grafiti, hay ratas”, dice.

Recuperando espacios para la comunidad

Aquella tarde en que Barrón habló con Univision Noticias el termómetro casi marcaba los 100 grados. Pero él, sudado y sucio después de la extenuante jornada de limpieza, no podía borrar la sonrisa de su rostro. “Nuestro plan es darles un parque a los niños”, expresó.

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Barrón salió de la Barrio 18 en 1997 para unirse a la organización Pico Union Housing Corp, que brinda apoyo a jóvenes que han decidido alejarse de las bandas callejeras. Lo reclutó la activista Gloria Farías, a quien él considera una madre.

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‘Feo’ cuenta que decidió dejar su vida de pandillero cuando nació su primera hija. Pese a los violentos enfrentamientos con otras bandas y otras actividades delictivas en las que participó para ganar “dinero fácil”, él cuenta que ahí conoció a personas que le inculcaron estudiar y ser positivo. Los “cholitos”, como él les llama, fueron sus primeros amigos cuando tenía 17 años y recién había llegado de México.

“Es difícil cuando sales de la pandilla porque cuando estás con ellos tienes todo y fácil: buena vida, no ocupas trabajar si eres inteligente, tienes poder, no te falta nada”, comenta.

“Pero cuando dejas eso, el primer año es muy difícil, porque tienes que trabajar para mantenerte. A los 28 años apenas aprendes a pagar ‘biles’ (cuentas), a vestir a un hijo, a pagar por tu ropa”, comenta.

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Barrón no da detalles de por qué terminó en la cárcel o en el hospital. Solo menciona que se involucró en “cosas feas y tristes”. También menciona que “no todo es verdad” sobre las pandillas.

Ahora, en su barrio lo identifican como un “veterano”, como llaman a los expandilleros, y saben que se gana la vida dándole mantenimiento a las viviendas. Es además una fuente de empleo para los jóvenes que quieren cambiar de vida. “Cuando yo tengo trabajo me los llevo”, dice.

En fotos: los parques de la MS-13 en su bastión en Los Ángeles
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