Univision.com  > La Huella Digital

el chapo

El Chapo Guzmán es conducido por miembros de la Marina después de su detención en Mazatlán.

Así cayó El Chapo

Por CASTO CANDO

La operación que culminó con la captura de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo Guzmán, fue el resultado de un esfuerzo sin precedentes que tomó varios meses de preparación, con la participación de agentes de fuerzas especiales de México y Estados Unidos, centenares de interceptaciones telefónicas, decenas de sicarios detenidos y sofisticados equipos de monitoreo satelital.

Además del cuerpo élite de la Marina mexicana, que dirigió la captura con participación de la Procuraduría General de la República (PGR), por lo menos tres agencias del gobierno estadounidense estuvieron íntimamente involucradas en las operaciones: la Drug Enforcement Agency (DEA), el U.S. Marshall Service y Homeland Security.

Adicionalmente, diplomáticos del Departamento de Estado prestaron un apoyo decisivo tanto en Washington como en la embajada norteamericana en Ciudad de México, para mantener la fluidez de las comunicaciones entre ambos gobiernos, de acuerdo con fuentes consultadas por Univision.

En un trabajo conjunto, la DEA y los Marshalls acordaron entrenar a un grupo selecto de unos 200 hombres que integraron un cuerpo élite de la Marina de México, cuyo único fin era la captura del capo de Sinaloa.

Los expertos de la DEA y los Marshalls trabajaron estrechamente con los comandantes de la Marina gracias a la disposición de este cuerpo militar a cooperar con fuerzas militares y de inteligencia de otros países, en contraste con el más hermético ejército mexicano.

Los infantes de marina fueron entrenados en operaciones de fuerzas especiales, y trabajaban en absoluto secreto, manteniendo bajo estricta reserva la información sobre sus operativos de rastreo y captura.

La captura de El Chapo Guzmán en el edificio Miramar de Mazatlán minuto a minuto.

Información crucial de ICE

Agentes de la DEA suministraron a la marina mexicana valiosa información de inteligencia obtenida de interrogatorios a narcotraficantes capturados en Estados Unidos.

Sin embargo, fue la información provista por la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) de Homeland Security al gobierno mexicano, la pieza clave para la captura de Guzmán.

“Te puedo decir con cien por ciento de certeza que si no hubiésemos estado involucrados (en las operaciones) no se hubiese producido la captura”, dijo a Univision un funcionario de Homeland Security que solicitó el anonimato porque no estaba autorizado a declarar.

La información provista por las agencias federales, que incluía llamadas y contactos de celulares usados en los meses previos por miembros del cartel de Sinaloa, fue usada por la marina mexicana para realizar operativos y recabar más inteligencia sobre el paradero y las movilizaciones de El Chapo en Sinaloa y Culiacán, y finalmente en Mazatlán.

Una de las fuentes claves de información resultó ser Serafín Zambada-Ortiz, uno de los hijos de Ismael “El Mayo” Zambada, líder fundamental del Cartel de Sinaloa y considerado un estrecho aliado de Guzmán.

Zambada-Ortiz había sido detenido en noviembre de 2013 por agentes de la patrulla fronteriza cuanto intentaba cruzar desde México a Nogales, Arizona, a fin de atender una audiencia de inmigración para lograr el estatus migratorio de su esposa, de acuerdo con AP.

La detención de Serafín, acusado de conspirar para importar metanfetaminas y cocaína en San Diego, fue el resultado de una compleja investigación que las autoridades de inmigración estaban adelantando sobre potenciales cooperadores del cartel de Sinaloa en territorio estadounidense, con la ayuda de un centenar de líneas telefónicas intervenidas.

Momento en que El Chapo Guzmán es montado en un helicóptero de la Marina de México después de su detención..

Redadas en Sinaloa

Tras esta detención, se desencadenaron una serie de eventos que pusieron en jaque al Mayo Zambada, y colocaron a las fuerzas especiales tras la pista de la captura de El Chapo.

En diciembre el brazo derecho de Zambada fue asesinado luego de un ataque sostenido de cuatro horas con helicópteros artillados de la Marina mexicana contra una mansión donde se escondía, en el resort de Puerto Peñasco, en el Golfo de California.

Pocos días después, otro hombre del entorno íntimo de Zambada fue detenido por la policía holandesa cuando llegaba al aeropuerto de Shipol, en Amsterdam, procedente de México.

Con la información de inteligencia recolectada en los interrogatorios a los capturados, los datos filtrados por informantes y nuevas intervenciones de conversaciones telefónicas, los cuerpos de seguridad de Estados Unidos y México comenzaron a encontrar que El Chapo Guzmán había abandonado la seguridad de la sierra y se estaba aventurando en centros urbanos como Culiacán y Mazatlán.

“Se cansó de vivir en las montañas y de no poder disfrutar de las comodidades de su riqueza”, dijo Michael Vigil, ex director de la DEA que conoció los detalles de la operación. “Ese fue un error fatal”, acotó, según AP.

Las señales más claras de que la captura de El Chapo podía hacerse realidad, se produjeron el 12 de febrero de 2014. En la madrugada de ese día, un convoy de marinos mexicanos rodeó una residencia en la urbanización La Vista Country Club en Puebla, donde se encontraba Danilo Fernández de La Vega, presunto cooperador del cartel de Sinaloa. La captura de Fernández resultó ser un elemento crucial para la captura del capo.

Tras el arresto, las autoridades decomisaron armas de fuego y más de una decena de celulares que Fernández usaba en sus negocios con el cartel. Los números contenidos en estos celulares pertenecían al grupo de más estrechos guardaespaldas de El Mayo Zambada, socio de El Chapo.

Al día siguiente, el 13 de febrero de 2014, las autoridades mexicanas detuvieron a un hombre conocido con el número “19”, considerado el nuevo jefe de sicarios de Zambada, que viajaba junto con otros dos hombres en una autopista costanera rumbo a Mazatlán.

Tres días después, otro hombre de 43 años de edad, con el sobrenombre de “20”, jefe de seguridad del El Mayo, fue capturado mientras transportaba un cargamento con 4,000 pepinos y bananas rellenas con cocaína.

La información telefónica provista por los celulares de Fernández llevó a la marina a capturar a otros miembros del cartel de Sinaloa en tres redadas en las montañas de Sinaloa y Culiacán. Además de armas, dinero y precursores químicos, se decomisaron más teléfonos con información todavía más crucial.

Edificio de condominios Miramar, en Mazatlán, Sinaloa, donde fue capturado El Chapo Guzmán.

El teléfono de El Chapo

En cada uno de los arrestos, los agentes mexicanos dejaron muy en claro que los operativos estaban orientados a la captura de El Mayo Zambada, no de El Chapo Guzmán. La verdadera naturaleza de las operaciones nunca se filtró, según reportó The New York Times.

La prueba reina llegó finalmente a manos de los obstinados perseguidores: uno de los teléfonos capturados en las redadas tenía el número de un teléfono satelital que uno de los arrestados aseguró era usado por El Chapo Guzmán.

De inmediato comenzaron a monitorear las llamadas satelitales para ubicar el paradero de El Chapo, mientras el alto gobierno de México y funcionarios de Estados Unidos afinaban detalles para lanzar la ofensiva final.

En una base militar en las cercanías de El Cabo, en el extremo sur de la Península de Baja, a escasa distancia tanto de Mazatlán como del resto de Sinaloa, un contingente de fuerzas especiales de la marina mexicana se unió a un selecto grupo de agentes de la DEA con el objetivo de iniciar una operación de búsqueda sistemática del capo en Culiacán.

Siguiendo la pista de uno de los guardaespaldas de El Chapo capturados, el grupo comando allanó el jueves 20 de febrero la casa de la ex esposa de Guzmán, Griselda López. Cuando finalmente lograron tirar abajo la pesada puerta de acero reforzado que bloqueaba la entrada a la casa, las autoridades descubrieron que ya era tarde y que el capo posiblemente había escapado. Pero encontraron una pista inesperada: una puerta secreta debajo de la bañera los condujo a una red subterránea de túneles y cloacas que conectaban con otras seis casas en el vecindario, cada una con una pesada puerta de acero.

“Hizo que los minutos que nos tardamos en abrirlas, sirvieran para el escape por los túneles”, dijo el fiscal Jesús Murillo Karam, quien formaba parte de las pesquisas. “Pero la investigación era tan sólida que continuamos”, acotó, según reportó The Wall Street Journal.

La caída de El Chapo Guzmán y sus consecuencias.

La ofensiva final

Alrededor de las 6 de la tarde del viernes 21, los marines y la DEA se pusieron nuevamente en movimiento: habían interceptado una llamada telefónica desde el celular satelital de Guzmán que indicaba que se encontraba en Mazatlán, a unas 120 millas de Culiacán.

El grupo de fuerzas especiales llegó a las cercanías del sitio donde se encontraba El Chapo, el condominio Miramar, un edificio color blanco perla de 10 pisos de altura, ubicado en una avenida con vista al océano Pacífico. Decidieron esperar antes de atacar de inmediato, evitando el riesgo de un cruento enfrentamiento que produjera innumerables víctimas civiles.

Los marines ordenaron el cierre de la vía frente al condominio para sellar las potenciales rutas de escape. Luego subieron al edificio para penetrar el apartamento del capo, sin saber específicamente cuál. De acuerdo con varios testimonios, los vecinos escucharon algunas personas llamando a las puertas. Inesperadamente, se oyó un ruidoso golpe contra la puerta de uno de los apartamentos en el piso 4 del edificio. Sin disparar un tiro, Guzmán fue sorprendido por los agentes de seguridad.

El Chapo fue detenido a las 6:40 a.m. Se encontraba no con una mujer, como se había reportado inicialmente, sino con un hombre identificado como Carlos Manuel Hoo Ramírez, presuntamente uno de sus guardaespaldas, de acuerdo a un reporte del gobierno mexicano citado por AP.

De acuerdo con funcionarios norteamericanos que participaron en la operación, la mayor sorpresa fue no haber encontrado un arsenal de armas de alto calibre para la protección del capo de capos. Un funcionario mexicano citado por el diario Reforma, aseguró que tras su captura, El Chapo no salía de su asombro, repitiéndose a sí mismo: “No puedo creer que me encontraron”.