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Griselda Blanco

Griselda Blanco era una mujer respetada, aunque muchos creen que más que respeto, ella inspiraba miedo. Sus acciones le merecieron la reputación de ser violenta, decidida y despiadada.

Las autoridades estuvieron tras ella por años y cuando lograron arrestarla sólo pudieron condenarla por tráfico de drogas, pero no por asesinato. Hasta que con el tiempo y con el trabajo de varios detectives, agentes especiales, fiscales y jueces, lograron tener evidencias suficientes para condenarla.

Hubo tres casos que se convirtieron en la portada del caso contra Griselda Blanco. Fueron las tres caídas de Griselda.

1-. Griselda Blanco era una de las fugitivas más buscadas por la DEA y el FBI desde 1975, cuando la acusaron de narcotráfico en Nueva York, aunque había mucho más que el tráfico de drogas.

Lo que le quitaba el sueño al detective Raúl Díaz, del grupo de homicidios de la policía de Miami, era que él tenía información de que la "Madrina de la Cocaína" estaba en su ciudad. "Griselda estuvo nueve años fugitiva, durante los tiroteos y los asesinatos y la violencia que estábamos teniendo en Miami", asegura el uniformado. Las autoridades sabían que Griselda se movía como pez en el agua entre Colombia y Estados Unidos.

Muchos de los crímenes en esa ciudad tenían su firma: Sangre, violencia extrema y destrucción de la escena del crimen. Por eso las autoridades supieron que ella podría estar detrás de un caso sucedido en 1979.

Germán Jiménez, un conocido traficante y socio de Griselda, entró a una licorería acompañado de uno de sus guardaespaldas a comprar una costosa botella de whisky. Cuando la tenían en la mano, recibieron una lluvia de balas de ametralladora disparadas desde un camión blindado, a plena luz del día. Jiménez y su acompañante murieron. "Ese fue el inicio, lo que abrió los ojos a la policía y a la comunidad de Miami sobre los carteles de la cocaína colombiana", dijo Nelson Andreu, en ese entonces detective de homicidio de Miami. El oficial dice que durante ese tiempo el portaba un revólver con seis tiros, y al ver el arsenal que dejaron atrás los asesinos de Griselda quedó asustado porque las armas que usaron eran de alto calibre y de mucha capacidad de disparo. "No existía eso aquí", dijo Andreu.

Raúl Díaz

2-. Entre el grupo de sicarios que Griselda Blanco tenía a su servicio estaba Jesús Castro, alias "Chucho". Él era un hombre cercano a la “madrina”, hasta que un día se negó a abrirle las puertas de su casa a uno de los hijos de Griselda que necesitaba con urgencia un lugar para esconderse porque las autoridades le estaban pisando los talones. “Chucho” se negó, con razón dicen algunos, pues en esos momentos se estaba separando de su mujer y le pareció que no era el momento oportuno para tener visitantes en su casa. A Griselda no le gustó la negativa y mucho menos la explicación y prometió vengarse. Con esa misión envió a su sicario Jorge Ayala, para que le arreglara el problema.

En febrero de 1982, Castro iba en su auto por una calle de Miami acompañado de su hijo Johnny de dos años cuando se le cruzaron los matones de Griselda. Durante el tiroteo, el padre se salvó, pero el niño recibió dos impactos de bala en la cara y falleció inmediatamente. Como era buscado también por las autoridades, “Chucho” veló el cuerpo de su hijo sumergido en una tina de baño con hielo. Dos días después lo dejó envuelto en una sábana a la entrada de una mezquita. Al lado dejó el pasaporte del niño.

Andreu investigó el crimen del pequeño Johnny y recuerda: “Nos enteramos después, a través de Ayala, cuando fueron adonde Griselda y le dijeron, ‘fallamos, no le dimos a Jesús pero matamos al hijo’”. Dicen que la reacción inmediata de Griselda fue de ira pero después recapacitó y dijo que era mejor que hubieran matado al hijo porque así Castro sufriría más. "Ese es el tipo de persona que era Griselda", concluye Andreu.

Nelson Andreu

3-. Cuatro meses después del asesinato del niño, Griselda Blanco envió a Ayala a la residencia del narcotraficante Alfredo Lorenzo y su esposa Grizel a cobrarles un dinero que le debían de un cargamento. Según Andreu, "el problema de Griselda Blanco era que si ella le debía dinero a usted y no quería pagarle, lo mandaba a matar. Si usted le debía dinero y no quería o no podía pagarle, lo mandaba a matar también". Al llegar a la casa de los Lorenzo, el sicario se rehusó a matar a los tres niños de la pareja. El otro matón que lo acompañaba era un cubano llamado Miguel Pérez, quien en medio de una discusión con Ayala le dijo:" Griselda dijo que matáramos a todo el mundo". Según el detective, Ayala fue quien se negó a seguir las órdenes de su jefa. “Yo no mato más niños", habría dicho Ayala después de la muerte de Johnny Castro.

El sicario preferido de Griselda era Jorge Ayala, alias "Riverita", un hombre simpático y fácil de palabra. Las autoridades calculan que Ayala asesinó a más de 40 personas por órdenes de "la madrina", aunque años después en una celda de la ciudad de Miami confesaría sólo 29 asesinatos.

El prontuario de Riverita

Una década después, Ayala colaboró con las autoridades para salvar su pellejo. Con su ayuda, la fiscalía logró el testimonio necesario para acusar a Griselda Blanco de tres asesinatos: El niño Castro y la pareja Lorenzo. Las tres caídas de Griselda que lograron documentar y rescatar del escándalo por sexo telefónico que salvó a Griselda de la silla eléctrica. Aunque eso, es tema para otra historia.