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Griselda Blanco

La memoria de personajes como Al Capone, Pablo Escobar o Griselda Blanco permanece en el imaginario popular gracias a los mitos que generan sus aventuradas vidas, que con el tiempo se convierten en leyendas.

Es difícil (en muchos casos imposible) confirmar la veracidad de cada detalle, aunque el valor de las historias yace en la fascinación de la anécdota, en lo inusual de lo contado.

Aprendiendo a matar

Griselda Blanco se crió en medio de los bares y casas de citas del sector de Lovaina, en el nororiente de Medellín, Colombia, en un ambiente de arrabal descrito en los tangos que salían a todo volumen de las victrolas.

Estando en la pubertad, Griselda y su pandilla habrían secuestrado a un niño de una familia pudiente. Los prematuros delincuentes exigieron una recompensa, pero al parecer los padres de la víctima no estaban respondiendo a tiempo a las demandas. Frustrados, los niños le dieron un revólver a Griselda, de solo 11 años, y la retaron a que le disparara al secuestrado en la frente, algo que ella hizo, convirtiéndolo en su primera víctima.

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Secuestrar a un Kennedy

Estando en prisión, cuando Griselda se vio entre la espada y la pared, o mejor entre la silla eléctrica y una cadena perpetua, ordenó el secuestro de John F. Kennedy Junior con la idea de forzar al gobierno a negociar su condena. Los planes se los contó a Charles Cosby, uno de sus amantes. Este estuvo husmeando en Nueva York el vecindario del hijo del expresidente, pero al final desistió, considerándolo una “locura”.

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Quien a hierro mata…

Muchos ven como una ironía que Griselda Blanco fuera asesinada en Medellín por dos asesinos a sueldo desde una motocicleta, teniendo en cuenta que, supuestamente, ella fue quien primero empezó a contratarlos.

A Griselda le adjudican la creación de la modalidad de los asesinatos desde motocicletas a alta velocidad. Según la historia, Griselda estaba frustrada con las congestiones de tráfico vehicular en Medellín y pensó que una manera rápida de cometer el crimen y escapar era que sus sicarios usaran buena puntería y motos de alto cilindraje.

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Diamante rosa

Varias personas que conocieron a Griselda Blanco coinciden en decir que le gustaban las joyas. Dicen que en su gran colección de prendas de oro y piedras preciosas tenía un anillo con un diamante color rosa que perteneció a la legendaria Evita Perón. “La viuda negra” habría comprado la inusual alhaja en una subasta. No se sabe quién la heredó.

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¿Una tacita de té?

A Griselda Blanco le gustaba jugar a la gran dama y con frecuencia entretenía a sus amigas sirviendo té. Según su sobrino Mateo Blanco, Griselda le encargó a un contacto que conocía a alguien que trabajaba en el Palacio de Buckingham para que se robara una vajilla de té de la colección de la reina Isabel II. Cuenta Mateo que en una fiesta que ofreció en Los Angeles presentó su nueva adquisición anunciando su ingreso a la realeza: “Yo soy la reina de la coca”. “Ella misma se dio su título”, concluye su sobrino.

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Tacones lejanos

Cuentan que Griselda tenía una fijación con los zapatos parecida a la de la exprimera dama de Filipinas Imelda Marcos. Dicen que su colección superaba los 300 pares, los cuales tenía organizados por colores en su armario.

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Party Animal

A Griselda le gustaba la rumba. En varias fotos se le ve bailando y divirtiéndose. Lo que no muestran las fotos es lo que algunos testigos les contaban a los detectives que la siguieron por años. Cuentan que Griselda con frecuencia organizaba orgías en su mansión en Miami Beach. Nelson Abreu, quien fuera detective de homicidios en Miami censuró sus recuerdos. “Muchos cuentos los vimos, pero no te los puedo contar aquí”, le dijo a la corresponsal Tifani Roberts. Varios de los detectives entrevistados por Univisión coinciden en que Griselda consumía drogas y que “las fiestas en su casa duraban dos y tres días despiertos, todo el mundo consumiendo cocaína”.

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Palabra prohibida

Si había una palabra que Griselda odiaba era que le dijeran “gorda”. Recuerda el exnarcotraficante Francisco Javier Cardona, quien tuvo negocios con ella. “Uno no le podía decir a ella ‘gorda’ porque se moría”, cuenta Cardona.

Para terminar, “Juan”, un amigo de la familia, se transporta cuando le preguntan ¿Qué queda de Griselda Blanco? Después de pensar unos segundos, mirando al infinito dice, “Mitos, historias… No queda absolutamente nada más”.

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