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Gabriel Garcia Marquez
Ningún escritor logró reflejar en su obra la magia de América Latina como lo hizo el colombiano Gabriel García Márquez.

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo".

Pocas novelas tuvieron un impacto tan grande en la literatura universal como Cien años de soledad, la obra maestra de Gabriel García Márquez. Al punto de que miles de personas recuerdan de memoria esas primeras líneas de la saga de los Buendía.

Y son más aún las que recuerdan el final. “Porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Son frases mágicas, como la magia que desplegó el escritor a lo largo de todo su libro y que dio nacimiento al llamado “realismo mágico”, una escuela literaria que tuvo adeptos en todo el mundo y que todavía hoy tiene muchos seguidores.

En el discurso de aceptación del premio Nóbel de Literatura, que le fue otorgado en 1982, García Márquez habló en extenso sobre América Latina y sus contradicciones. “Me atrevo a pensar –dijo- que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras”.

Homenaje a Gabriel García Márquez, en la voz de los periodistas de Univision.

América Latina fue siempre una obsesión para García Márquez. En un discurso que pronunció en la sesión inaugural del Foro América Latina y el Caribe frente al Nuevo Milenio, llevado a cabo en París en 1999 (17 años después) dijo: “El escritor italiano Giovanni Papini enfureció a nuestros abuelos en los años cuarenta con una frase envenenada: ‘América está hecha con los desperdicios de Europa’. Hoy no solo tenemos razones para suponer que es cierto,sino algo más triste: que la culpa es nuestra”.

“Nuestra virtud mayor es la creatividad, y sin embargo no hemos hecho mucho más que vivir de doctrinas recalentadas y guerras ajenas, herederos de un Cristóbal Colón desventurado, que nos encontró por casualidad cuando andaba buscando las indias”.

Siempre fue un hombre directo. No se guardó nunca sus opiniones y se mantuvo firme en sus creencias. Hasta el día mismo de su muerte, en la ciudad de México, este 17 de abril.

Gabriel García Márquez nació en Aracataca, un pueblo de la costa norte de Colombia, el 6 de marzo de 1927. Hijo de Gabriel Egidio García, el telegrafista del pueblo, y de Luisa Santiaga Márquez Iguarán, cuya historia habría inspirado la novela El amor en los tiempos del cólera.

Su abuelo, el coronel Nicolás Márquez, veterano de la guerra de los Mil Días (un conflicto civil que sacudió a Colombia entre el 17 de octubre de 1899 y el 21 de noviembrde de 1902), le contaba al pequeño Gabriel infinidad de historias de la guerra. Mientras que su abuela Tranquilina Iguarán, le contaba fábulas y leyendas familiares.

A su abuelo se atribuye el haber llevado a García Márquez a conocer el hielo, episodio que inspiró la famosa frase del comienzo de su obra maestra: Cien años de soledad. La niñez de García Márquez está contada en detalle en la que muchos consideraron “la primera parte” de su biografía: Vivir para contarla.

Gabriel García Márquez inmortalizó a su pueblo natal, Aracataca, en el norte de Colombia, con el nombre de Macondo. Aquí en su última visita.
Cuando uno se aburre leyendo, el lector se aburre leyendo.

El abuelo de Gabo murió en 1936, año en que el pequeño García Márquez abandonó Aracataca y se fue a vivir con sus padres en el departamento de Sucre, también en la costa norte de Colombia, donde su padre había conseguido un oficio como farmacéutico.

En 1940 se fue a vivir a la ciudad de Zipaquirá, en el centro del país, gracias a una beca del Liceo Nacional de la ciudad. En 1947, presionado por sus padres, se fue a vivir a Bogotá, una ciudad andina y fría, donde empezó la carrera de derecho sin llegar a terminarla.

En la fría Bogotá, nació la que sería una de las grandes pasiones de García Márquez: el periodismo. En el periódico El Espectador, escribió algunas de sus mejores crónicas, y años después escribiría una de las columnas más leídas del país.

En Bogotá escribió también su primera novela, La hojarasca, en la que apuntaba ya los rasgos más característicos de su obra de ficción. Sería en México, sin embargo, donde escribiría su obra cumbre (Cien años de soledad).

A México se trasladó García Márquez en el año 1961, en compañía de su esposa, Mercedes Barcha, y su hijo Rodrigo. La penuria económica de los García Márquez en esa época era tal que cuando fueron a la oficina de correos a dejar el manuscrito de 590 cuartillas, no les alcanzaba el dinero para el envío.

Decidieron enviar media novela y al día siguiente fueron a empeñar sus joyas de poco valor y regresaron a despachar el resto, para darse cuenta, con gran enojo de Mercedes, de que primero habían mandado la parte final.

"Lo único que falta ahora es que la novela sea mala", le dijo su esposa, según narró el mismo Gabo. Pero la novela, publicada en 1967, vendió en una semana un primer tiraje de 8,000 ejemplares, se convirtió en su obra cumbre y 45 años después se mantiene en las listas de libros más leídos en el mundo. A los 40 años ya era un escritor reconocido.

Después de Cien años de soledad, García Márquez publicó varios libros de cuentos, la novela El Otoño del Patriarca, con la que desafió todos los cánones literarios (al reducir al mínimo los signos de puntuación) y un libro que ha dado para cientos de titulares de prensa: Crónica de una muerte anunciada.

En esa época empezaron a llegar los premios internacionales, como el Rómulo Gallegos y el Premio Neustadt, en 1971, y la consagración definitiva en 1982 con el otorgamiento del premio Nobel..

Gabriel García Márquez fue un colombiano universal. Un hombre que dejó una huella imborrable en el alma de todos sus lectores.

Mientras crecía su popularidad literaria, García Márquez empezó a hacer amistad con poderosos líderes del mundo, incluido Fidel Castro, lo que le valió años después el distanciamiento de algunos de sus pares, en especial el de Mario Vargas Llosa, con quien había mantenido una larga amistad.

Para nadie eran un secreto, sin embargo, sus posiciones de izquierda, y sus críticas al sistema político colombiano, que lo llevaron a fundar, a mediados de los años setenta, la revista Alternativa, en asocio con otros conocidos periodistas colombianos.

A comienzos de los años 80, y por esas posiciones, el gobierno colombiano empezó a acosarlo, por lo que tuvo que solicitar asilo en México, país en el que, con excepción de cortas temporadas en España, y en Cartagena, Colombia, fijaría su residencia permanente y donde moriría finalmente a los 87 años.

García Márquez es, sin duda, uno de los más grandes escritores de nuestro tiempo, y de todos los tiempos. Pero la literatura no fue el único oficio al que dedicó su vida. Entre las cosas que siempre dijo querer más, estaba el periodismo. Y en ese campo fue también uno de los mejores.

Enrique Santos Calderón, ex director del diario El Tiempo, el más importante de Colombia, y ex director también de la revista Alternativa, a la que García Márquez apoyó con ahínco en los años setenta, escribió una pequeña nota sobre el Gabo periodista, publicada en el especial digital que le dedicó la Fundación Para el Nuevo Periodismo Latinoamericano, FNPI, que apoya el desarrollo del periodismo en toda la región.

La siguiente es la nota de Enrique Santos, titulada, “La exaltación del reportero”:

"Del Gabo destaco ante todo su exaltación de reportero. Del periodista raso que sale a cubrir el acontecimiento del día -trágico, festivo, político, deportivo- y no solo recopila con precisión los datos esenciales -qué, quién, cómo, cuándo, por qué- sino que logra narrar la historia que estos encierran.

"Siempre recuerdo su insistencia en que el periodismo consiste en saber contar el cuento bien contado. Pero ojo—nos repetía mucho en la revista Alternativa— rehúyan de la crónica sabrosa que no esté apoyada en la reportería rigurosa.

Para ser periodista hace falta una base cultural importante, mucha práctica, y también mucha ética.

"Cuando conocí a Gabo, a comienzos de los 70, ya yo llevaba varios años de periodismo, pero trabajar con él -en una revista izquierdista en los 70, en un noticiero de televisión oposicionista en los 90- fue aprender todo lo que el periodismo tiene de disciplina, lectura, culto al idioma, olfato para lo insólito, búsqueda de lo personal y lo humano, averiguación meticulosa de datos y respeto por lo que es verdadero y justo.

"En fin, le aprendí el amor profundo por este oficio que lo nutrió y lo hizo grande. Porque nunca renegó de él, aunque lo supo trascender a tiempo".

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Texto: José Fernando López con Noticias.univision.com. Video: Leonor Suárez. Portada: Matilde Bonifaz. Programación: Caridad Tabares, Edmundo Hidalgo. Gerencia de Proyecto: José Fernando López. Fotos: Getty Images

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