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Crisis humanitaria


Las dimensiones de la crisis

Por José Fernando López

Más de 50,000 niños aprehendidos en la frontera. Más de 50,000 niños que hastiados de la violencia que se vive en sus países emprendieron camino hacia Estados Unidos. Más de 50,000 niños engañados por "coyotes" y traficantes. Más de 50,000 niños cansados de trasegar por las sendas del infierno. Más de 50,000 niños esperanzados en una vida mejor.

Lo dijo el presidente Barack Obama. Estados Unidos vive hoy una terrible crisis humanitaria. Más de 50,000 menores no acompañados procedentes de México y Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador, en particular), han llegado a Estados Unidos en los últimos ocho meses*. Miles han sido devueltos a su país (casi todos mexicanos). Los demás permanecen en un limbo migratorio, con una amenaza de deportación.

Y la cifra no incluye a todos los que intentaron llegar a este país. Algunos, después de sufrir torturas y vejaciones (no solo por parte de las bandas criminales, sino por las propias autoridades) llegan a perder la vida. Otros muchos, como lo muestra la siguiente visualización, son detenidos a su paso por México y devueltos a sus países de origen.

La crisis sorprendió a muchos, incluido al parecer al propio gobierno. Pero de ninguna manera fue sorpresiva. El pasado 12 de marzo, la Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados, ACNUR, presentó (casi tres meses antes de que el presidente Obama hiciera el anuncio) un estudio llamado “Children on the run”, donde mostraba ya las dimensiones del problema.

De acuerdo con el estudio de ACNUR, el número total de aprehensiones en Estados Unidos de niños no acompañados llegados de Guatemala, Honduras y El Salvador saltó de 4,059 en el año fiscal 2011 a 10,443 en el año fiscal 2012, para duplicarse a 21,537 en el año fiscal 2013.

¿Cómo y cuándo explotó la crisis en la frontera? Las cifras que develan el drama de los niños migrantes.

Según el mismo estudio, “aunque la brecha se está cerrando desde el año fiscal 2013, el número de niños mexicanos ha superado el número de niños de cualquier otro de los tres países centroamericanos. En el año fiscal 2011 el número de niños mexicanos aprehendidos fue de 13,000, llegó a 15,709 en el año fiscal 2012 y alcanzó los 18,754 en el año fiscal 2013".

Hace dos años, el Instituto Transfronterizo de la Universidad de San Diego realizó un foro denominado “Niños en la frontera”, en el que advirtió sobre el creciente flujo de menores no acompañados a través de la frontera sur de Estados Unidos. David Shirk, director del Instituto, atribuyó el hecho a los cambios en la política de seguridad fronteriza causados por los ataques terroristas del 9/11 en Nueva York.

Según un recuento del seminario hecho por Univision Noticias, “ante la dificultad para cruzar, los padres cruzan primero y después mandan a los niños, que suelen viajar solos, mientras que las agencias de seguridad de Estados Unidos no están preparadas para atenderlos”.

Haga clic aquí y vea cómo ha evolucionado la crisis de los niños no acompañados detenidos en la frontera.

En el mismo evento, el profesor Wayne A. Cornelius, del Instituto de Salud Global de la Universidad de California, manifestó su preocupación por el creciente número de menores capturados en la frontera. Según él, en los primeros meses del año 2012 ya habían sido aprehendidos más de 8,000 niños. En total, la cifra llegó ese año a 24,481.

La gran pregunta es por qué está pasando esto. El caso de Ángel es ilustrativo.


A medio camino

Por Luz Adriana Santacruz

Sus heridas siguen abiertas. Han pasado dos años desde que huyó de El Salvador, el país en donde dejó amigos y familia pero también el lugar donde dejó la violencia de las pandillas que lo acosaban. Cansado y harto del horror que lo rodeaba se decidió a cruzar montañas, ríos, países. No tenía dinero y tampoco le importaba lo que le esperaba. Sólo quería huir.

Con un nudo en la garganta y un respiro profundo Ángel, nombre ficticio para proteger su identidad, hoy de 19 años, recuerda que desde pequeño quería “irse al Norte”. Ese deseo marcó su vida pero fueron los problemas que tuvo con una pandilla los que lo obligaron a emigrar de urgencia.

Ángel, un joven salvadoreño que intentó llegar a Estados Unidos y se tuvo que quedar en México narra su experiencia.

“Me iban a matar”, le dice a UnivisionNoticias.com. La frase le cuesta. A Ángel le duele recordar.

Confiesa que era pandillero. Integraba una de las maras que azotaban a su colonia. Dice que no se juntaba mucho con ellos pero que le hacían algunos encargos: ir a Guatemala a buscar droga para traficarla en El Salvador.

Esos "favores", aunque sabía que eran delito, los podía manejar. Pero fue uno, el más terrible de todos, por el que decidió cortar.

“Me dijeron que querían que le cayera a mi hermano, que lo matara. Sentí que el mundo se me venía encima. Yo les dije que no, que iba a hablar con él, que lo iba a aconsejar pero él [su hermano] no me puso atención”, cuenta Ángel.

El hermano menor de Ángel era miembro de la pandilla contraria. La mara lo mató.

“Lo callaron. A mí me dejaron por un tiempo pero hubo un momento en el que me necesitaron de nuevo. Se agarraron con la [pandilla] contraria y me volvieron a llamar como refuerzo”, recuerda Ángel.

Corría el 2012. Ángel tenía sólo 17 años y unas cuantas monedas en su bolsillo. Junto a un amigo se armaron de valor y se aventuraron a ese mundo que parecía el ideal: la ruta hacia Estados Unidos.

Primero cruzaron en autobús hasta pasar la mitad de Guatemala. Se quedaron en el centro. A esas alturas ya no traían dinero ni tenían para comer. Les tocó caminar.

“Vinimos por las montañas. Las cruzamos día y noche. Fueron como cinco o seis días. Así nomás, sólo tomábamos agua de las piletas donde toman las vacas y donde se bañan”, recuerda.

Su paso por ese camino no fue fácil. Los ruidos de animales extraños en las noches solitarias lograban erizarle la piel a Ángel.

“Da un poco de miedo. Se oyen gritos. Muchas veces escuchamos a monos aulladores que dan miedo”, confiesa.

Nada los detenía. Ni el sol lastimando su piel, ni el calor insoportable, ni las horas de extenuantes caminatas, ni el hambre. Llegaron hasta la frontera con México. Cruzaron por un río. El agua les llegaba casi hasta los hombros.

Cuando terminaron su travesía fluvial ocurrió lo inesperado: “Mi amigo venía molesto de un pie. Se había cortado [antes de salir] pero en el camino se lastimó, se le infectó”, explica.

La herida de su compañero de viaje no paraba de soltar pus. Estaban muy asustados, estaban solos. Solo tenían lo puesto. Ni siquiera una muda de ropa para cambiarse.

La cortada de su amigo pudo más que todas las inclemencias. Se fueron a un hospital de Tenosique, Tabasco, sin imaginar que allí se separarían para siempre.

El miedo a que lo mataran las maras salvadoreñas, como hicieron con su hermano, fue la razón principal del éxodo de Ángel.

“Ahí se quedó él y me dijo que yo siguiera. Me quedé esperando afuera del hospital a ver qué me decían. Dijeron que no se podía mover, que no podía caminar, que estaba demasiado sucio. Estaba muy hinchado”, recuerda Ángel.

Ángel, triste por tener que dejar a su amigo, decidió seguir. Pero el miedo lo invadió: le pidió 20 pesos prestados (menos de dos dólares) y se entregó a inmigración.

“Pensé en seguir pero dije ‘no’. Mejor me voy a entregar. ¿Para qué seguir luchando si no podré llegar? O me pasa algo en el desierto. No quería regresarme porque me quieren matar”, dice.

La situación de violencia ante la qué Ángel se enfrentó en El Salvador fue motivo suficiente como para que México lo aceptara como refugiado permanente.

Tuvo sus momentos de desesperación. “Me enojé, lloré, aventé cosas. Estaba encerrado y ya me estaba volviendo loco”, dice.

Un año se le pasó entre amarguras y extrañezas. Así cumplió la mayoría de edad, en México.

Desde que era pequeñito, Ángel se ha valido por él mismo. Dejó la casa de su madre a los siete años y su abuelita lo recibió. Allí vivió un par de años.

“Quiero ver a mi mamá. Le pediría disculpas por lo que pasó”, explica.

Aunque hoy Ángel cree que su presente y su futuro están en México, aún le ronda la idea de seguir hasta el Norte: “Volvería a cruzar la frontera. La he pasado peores pero me he levantado”.


Las causas del problema

Por María Arce

Ángel, el adolescente salvadoreño que cruzó tres países en su intento por llegar a Estados Unidos, salió huyendo de su país acosado por una pelea entre maras que le costó la vida a su hermano y amenazó con acabar con la suya.

“Los niños simplemente no cruzan fronteras internacionales a menos que algo terriblemente malo este sucediendo en casa”, dice Wendy Young, presidente of Kids in Need of Defense, KIND, una organización fundada por Angelina Jolie y Microsoft Corporation para dar asistencia legal a los niños migrantes.

Hablan expertos, políticos y víctimas. ¿Quién tiene la verdad sobre las razones de la oleada de inmigrantes centroamericanos a Estados Unidos?

“La causa principal (de esta migración) es la violencia en Centroamérica. La violencia se está volviendo más fuerte, más extrema y está apuntando a los niños”, destaca Young. “Está tomando el control de comunidades, escuelas, hogares. Este no es un problema migratorio, es un problema de refugio”, señala sobre la crisis que atraviesa Estados Unidos por la llegada masiva de menores migrantes.

En los años 80, Estados Unidos vivió una crisis similar. La cantidad de chicos que escapaban de sus países aumentaba a medida que se recrudecían las guerras civiles en América central, destaca un informe del Vera Institute. Tres décadas más tarde, el fenómeno se repite pero por otro tipo de violencia.

Desde los Servicios de Migración y Refugiados de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (MRS, en inglés), coinciden en señalar que “la violencia y los criminales han penetrado todos los aspectos de la vida en Centroamérica, convirtiéndose en los factores primarios que impulsan la migración de menores de edad desde esa región”.

El MRS envió una delegación en noviembre pasado a Centroamérica para evaluar la situación de los niños: “En cada país –particularmente Honduras y El Salvador– pandillas bien organizadas han suplantado a las autoridades locales en zonas rurales y pequeñas localidades del interior..

En muchos casos, el Gobierno es incapaz de evitar la violencia entre pandillas y la intimidación contra la población general, especialmente de los jóvenes”, dice el informe que compartieron con UnivisionNoticias.com.

 

El informe destaca cómo los “pandilleros se infiltran en las escuelas obligando a los estudiantes a unirse a ellos o, de lo contrario, arriesgarse a ser castigados violentamente ellos o sus familias. Incluso, pandilleros que se hallan en prisión, tienen la capacidad de ordenar acciones violentas contra miembros de la comunidad”. La delegación recibió reportes que indican que hasta “agentes de la ley colaboran con las pandillas”.

La violencia, la falta de oportunidades económicas y educativas llevan a la desintegración de muchas familias pobres, dejando a los niños desprotegidos y forzándolos a migrar.

“El aumento de la violencia, combinado con la falta de empleos y educación de calidad, ha llevado a la ruptura de la unidad familiar, cuando los hombres cabeza de hogar, o en ocasiones ambos, padre y madre, parten hacia Estados Unidos, dejando a los hijos con familiares, con frecuencia los abuelos” a los que “se les hace más difícil protegerlos”, dice el reporte de los obispos.

“Los jóvenes huyen para eludir a las pandillas, ayudar a la familia o reunirse con sus padres u otros seres queridos de los que llevan años separados”, agrega.

Otro informe de la Conferencia de Obispos dice que el 85% de los niños migrantes han reportado experiencias traumáticas antes de ingresar en los refugios; que el 58% había sido abusado físicamente en sus países de origen; que tres de cada 10 fueron abandonados por al menos uno de sus padres y que el 25% dijo haber sido testigo de crímenes violentos.

La violencia siempre presente. Es que, incluso, cuando los jóvenes “se las arreglan para escapar de su entorno de violencia, se ven luego expuestos a extremo peligro y a maltratos por parte de los delincuentes, a lo largo de las rutas migratorias. El recorrido rumbo al norte es cada vez más peligroso y los jóvenes hallan poca protección en México”, dice el informe que encabezó el obispo de El Paso, Texas, Mark Seitz.

Reportes como este del Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU coinciden: el 48% de los niños desplazados “compartieron experiencias de cómo habían sido afectados personalmente por el incremento de la violencia en la región por parte de actores criminales armados organizados, incluidos los carteles de droga y bandas o por actores estatales. El 21% de los niños mencionaron que habían sobrevivido a abusos y violencia en sus hogares por parte de sus guardianes”.

Se han mencionado muchas otras causas para explicar la ola migratoria, incluyendo rumores difundidos boca a boca entre familias o dolosamente por "coyotes" y criminales, de que al llegar a Estados Unidos los menores recibirían beneficios migratorios (que les permitirían acogerse al programa de Acción Diferida, DACA, o beneficiarse de una reforma que cada día parece más lejana). Pero ninguna causa tiene la fuerza de la pobreza y la violencia.

Desde 2009, KIND ha dado asistencia a más de 6,000 niños y, de acuerdo con Young, “ninguno de ellos ha mencionado a la reforma migratoria” como motivo para migrar hacia Estados Unidos. La violencia que sufren los menores en sus países es tanta, que no le temen a la violencia que saben que encontrarán en su camino hacia el norte.


Una dura travesía

Por Leonor Suárez

“Es horrible… las cosas que se ven en el camino son horribles”, dice Zaira controlando el llanto al recordar lo que acaba de pasar para traer a sus hijos a Estados Unidos. Ella acompañó a sus pequeños en el viaje que miles están haciendo solos.

Son niños que en su mayoría se lanzan solos, o acompañados por un extraño, al mar indómito de las fronteras centroamericanas, plagadas de predadores que se alimentan del mal ajeno: los "coyotes", para quienes traer y llevar niños es un negocio.

Una madre habla de su paso y el de sus niños en el viaje desde Honduras hasta Estados Unidos.

Los "coyotes" aprovechan (y según algunos crean) el rumor que mueve a sus víctimas, polluelos hambrientos de libertad, a hacer un viaje que, aunque cargado de sueños, golpea el alma. Les hacen creer que al final del viaje tendrán beneficios migratorios y podrán quedarse en Estados Unidos.

Los niños que llegan a su destino poco hablan de esta experiencia. “Mi hijo está muy retraído, no habla conmigo de nada”, dice María, cuyo apellido no se revela por su seguridad. Su hijo adolescente llegó hace un año y aún no se ajusta a su nueva vida.

María pagó varios miles de dólares para que se lo trajeran de su natal Honduras pues ya lo habían amenazado varias veces y varios de sus amigos habían sido asesinados. “Eran las maras”, dice María.

La hija mayor, Zaira, acaba de llegar junto a sus dos pequeños de nueve y cuatro años. Salió de Choloma, una ciudad industrial ubicada cerca de San Pedro Sula y de la frontera con Guatemala.

Zaira es testigo de la historia que miles de niños y jóvenes viven, pero pocos cuentan. “En el grupo que yo venía solo éramos dos con nuestros hijos, el resto eran muchachos solos, es horrible”.

Según el Instituto Nacional de Migración de México 14,907 menores han sido aprehendidos en su frontera sur tan solo este año y repatriados, en su mayoría a países centroamericanos.

Zaira explica, aun muy nerviosa, que en el camino de Palenque, cerca de la frontera entre México, Belize y Guatemala, vio personas estrangulando bebés y camiones que buscaban arrollar a los migrantes, “Me parecía que estaban borrachos, o no sé”.

Gran parte del camino es en bus. Zaira cuidaba que sus hijos se incomodaran lo menos posible en medio de su apretada realidad. Yaritza, quien ya es lo suficientemente grande como para entender lo que ocurre, cuenta que su mamá “a veces estaba incómoda para que ellos pudieran dormir. Se dormía en el medio del pasillo”, explica orgullosa la pequeña.

Los chicos se ven tranquilos y ya alardean de haber aprendido un poco de inglés. Zaira es la que sabe lo duro que fue.

La llegada estuvo cerca de ser una pesadilla. A los migrantes los entregan en la frontera para que pidan clemencia. Zaira sabía que no podía regresar y suplicó a los agentes de ICE que no la soltaran en México. Ella dice, y les dijo a los agentes fronterizos, que había maleantes listos para secuestrarla y pedir rescate a sus familiares en Estados Unidos.

La mayoría de los centroamericanos que buscan llegar a Estados Unidos utilizan a "La Bestia", un tren de carga que recorre a México de sur a norte.

Esto no es tan inusual en este viaje. “Yo les dije al final que continuaran solos. Me pareció que el coyote que contratamos ya estaba preguntando mucho sobre dinero. Así que mejor no arriesgarlos más” cuenta. La última parte del camino la hicieron acompañados apenas por personas que ya venían en el viaje con ellos.

“Papá Pitufo, nos ayudó mucho”. No se trata del tierno personaje del dibujo animado, ni del siniestro líder de las Autodefensas mexicanas que usa ese alias. Es un personaje que los ayudó en la travesía y con el cual están muy agradecidos.

Zaira, Yaritza y Naúm fueron liberados en Estados Unidos y ahora están en Miami donde viven junto a María. Los niños vieron a su abuela por primera vez al llegar a suelo estadounidense.

Zaira se siente más tranquila y Yaritza dice que “aquí no hay gente mala” como en Honduras, mientras se come una torta de chocolate.

A pesar del viaje, de los riesgos y de los sueños, tal vez tengan que regresar a la realidad de la que huyeron. Ellos no tienen papeles y su suerte es por lo menos incierta.


¿Y qué hacer con los niños?

Por Jorge Cancino

Nadie sabe muy bien qué va a pasar con los niños sin compañía detenidos en la frontera. La ley señala que en un plazo de 72 horas las autoridades deben determinar si se trata de un menor de edad, si está solo, si tiene familia en Estados Unidos o si fue abandonado. Simultáneamente, el niño es revisado por un médico.

Si el niño es de origen mexicano, se inicia un proceso de repatriación acelerada, contemplado en un acuerdo firmado con ese país. Si no es mexicano, se le abre un proceso de deportación que puede demorar meses.

Los niños cuyos padres son ubicados en Estados Unidos son reunificados con una orden de comparecencia ante una corte de inmigración y se inicia un proceso de deportación. Quienes no tienen parientes, son transferidos a un albergue del Departamento de Salud y Recursos Humanos (HHS, por su siglas en inglés).

Si los padres -documentados o indocumentados- aparecen después de que el menor es trasladado a un centro del HHS, pueden reclamarlo y es puesto en libertad con la orden de presentarse ante una corte de inmigración. Los consulados o personas que tengan la patria potestad o poder legal sobre un niño, también pueden reclamarlo.

“Si nadie los reclama, se puede hacer un proceso donde el Estado sea el responsable del niño”, explicó el abogado Ezequiel Hernández. “Irónicamente, por este camino usualmente tiene más posibilidades migratorias de quedarse”, pero el pedido debe ser presentado por un abogado.

Los niños abandonados pueden aplicar para un recurso de Special Immigrant Juvenile Status (SIJS) que protege a menores de edad pobres víctimas de violencia y abandono.

La abogada Aileen Josephs explicó al diario La Opinión que se trata de una manera efectiva, pero requiere que haya abogados experimentados que preparen cada caso.

Hernández, a su vez, advirtió que las citas de la corte son “sagradas”. Quien no se presente pierde su derecho de permanencia en Estados Unidos porque la corte emite una orden de “deportación en ausencia”.

Los menores también tienen otras opciones legales tal como las Visas U para víctimas del crimen. Pero, como en el caso del recurso SISJ o el asilo, necesitan abogados para presentar y ganar un caso. Este paso también es complejo.

En diciembre de 2013 se reportó que las cortes de inmigración están en crisis. Y que de los 300,000 casos acumulados en 2010 la cifra aumentó a 350,000 en el 2013 más los 52,000 niños solos detenidos en la frontera en lo que va de 2014, niños solos detenidos en la frontera. Algunos casos actualmente demoran años en ser resueltos.

Un grupo de legisladores demócratas propuso a finales de junio tratar a los miles de niños no acompañados como “refugiados” para acelerar los procesos. Indicaron que bajo esta figura podrán defenderse y respetar el debido proceso.

El DHS también explicó que algunos de los 52,000 casos podrían presentar una solicitud de asilo y de ellos algunos podrían quedarse pero advirtió que el camino es difícil y no todos ganan; algunos terminan en deportación.

Pese a la advertencia, la Oficina de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), dijo que los menores que han emigrado a Estados Unidos pueden presentar una petición de asilo que les otorgaría protecciones de la ley internacional.

Miles de niños esperan en los albergues con la esperanza de ser contactados por algún familiar.

“Casi 60% de los niños (detenidos) temen por sus vidas si regresan a sus hogares”, dijo Leslie E. Vélez, jefa de la Unidad de Protección de ACNUR.

Queda claro que no hay un solo camino para atender a los 52 mil niños detenidos; hay ´muchas opciones y muchas son complejas y difíciles.

El presidente Barack Obama le pidió al Congreso el 30 de junio 2,000 millones de d[olares para atender el problema, y a los legisladores que “presenten” propuestas para que ayuden a conseguir una solución a la crisis.

También solicitó autoridad adicional para que el Secretario del DHS ejerza su discreción en el trámite y repatriación de menores no acompañados que vienen de países no fronterizos con Estados Unidos, como Guatemala, Honduras y El Salvador. Esto significa deportaciones aceleradas.

El mandatario también pidió aumentar la cantidad de jueces de inmigración y evacuar los procesos legales con prontitud “para repatriar y reintegrar a los emigrantes a sus países”, dijo en una carta enviada a los líderes del legislativo.

Organizaciones que defienden los derechos de los inmigrantes advirtieron que las deportaciones aceleradas violan los derechos humanos y lesionan el debido proceso. Y le piden a Obama que de el trato de refugiados a los niños.

Obama dio una respuesta inesperada el mismo día. Dijo que los niños “están siendo detenidos, pero el problema es que el sistema está tan roto, es tan poco claro, que la gente no sabe cuáles son las reglas”. Y anunció, días después, que podría utilizar una acción ejecutiva si el Congreso no resuelve en breve el tema migratorio.


*A mediados de julio la cifra suministrada por el gobierno superaba los 57,000 menores no acompañados llegados a la frontera. No se conocía la cifra de los niños devueltos a sus países de origen, ni de cuántos permanecían en poder de las autoridades.

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Concepto editorial: María Arce. Gerencia de Proyecto: José Fernando López. Producción periodística: Jorge Cancino. Producción y edición de videos: Selymar Colón, Leonor Suárez. Portada: Joel Mejía, Getty Images. Programación: Caridad Tabares, Edmundo Hidalgo. Videos: Univision Noticias. Fotos: Getty Images.

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