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Gabriel Garcia Marquez

!Santo súbito! (o ¡Santo ya!). Ese fue el clamor de las miles de personas que asistieron a los funerales del papa Juan Pablo II en abril de 2005. Los fieles seguidores de Karol Wojtyla, quien gobernó la iglesia católica durante casi 27 años, no querían esperar para verlo ascender a los altares.

42 años antes, en junio de 1963, muchos de los prelados que asistían a las deliberaciones del Concilio Vaticano II, en Roma, hicieron lo mismo cuando se enteraron de la muerte de Angelo Giuseppe Roncalli, Juan XXIII, el papa que había convocado la histórica reunión.

En el caso de Juan XXIII, la solicitud de los prelados no fue escuchada por la iglesia. De hecho, pasarían 33 años antes de su beatificación en el año 2000. En el caso de Juan Pablo II el clamor dio resultado. Su causa empezó a los pocos días de su muerte y su beatificación se produjo en 2011.

¿Por qué se convertirán en santos? Nota del canal 41 de Univision, en Nueva York, sobre la cononización de Juan XXIII y Juan Pablo II.

Sus trayectorias vitales no podían ser más distintas. Juan XXIII, apodado “el papa bueno”, es recordado, sobre todo, por su decisión de convocar un Concilio que puso a cimbrar las bases de la Iglesia, abrió el espacio a doctrinas como la llamada “Teología de la liberación” y enfatizó la opción de la Iglesia por los pobres. Un “papa liberal”, dirían algunos.

Juan Pablo II contribuyó, con su acción y su palabra, al derrumbe del Muro de Berlín , la caída del comunismo y el fin de la llamada “guerra fría”, se apoyó en las rígidas estructuras de la curia romana para consolidar su poder e impuso un conservadurismo extremo en temas como la familia, la sexualidad y la reproducción. “Un papa conservador” en opinión de muchos.

Juan XXIII reinó tan solo cinco años. Elegido el 28 de octubre de 1958, cuando tenía 77 años, falleció antes de ver terminadas las deliberaciones del Concilio Vaticano II. Juan Pablo II reinó durante casi 27 años, el tercer reinado más prolongado en la historia de la Iglesia, y realizó 104 viajes apostólicos en los que visitó 129 países, lo que le valió el nombre de “papa viajero”.

Dada la edad tan elevada que tenía en el momento de su nombramiento, Juan XXIII era considerado como un “papa de transición”. Su temperamento, su calidez y su generosidad lo convirtieron, sin embargo, en un líder carismático, que se ganó rápidamente el afecto de todos sus fieles.

Juan Pablo II solo tenía 58 años cuando fue elevado al solio de San Pedro. Y desde el comienzo de su reinado asombró al mundo con su vitalidad y su protagonismo en el debate sobre algunos de los temas doctrinales y políticos que más preocupaban a la sociedad de su tiempo. En su reinado realizó 738 audiencias con jefes de estado y de gobierno.

Según dijo en algún momento el líder del Sindicato Solidaridad, Lech Walesa, "a Juan Pablo lI le corresponde el 50% del colapso del comunismo".

El primer papa no italiano desde 1523, Juan Pablo II ha sido, sin duda, uno de los papas más influyentes en la historia de la Iglesia, y uno de los más queridos por sus fieles. Se calcula que más de 17 millones de peregrinos asistieron a sus audiencias de los miércoles, y atrajo a millones de muchachos a sus Jornadas Mundiales de la Juventud.

Su devoción a la Virgen, que lo llevó a cambiar la tradición heráldica del Vaticano, al incluir una gran letra M en su escudo, le ganó simpatía y fervor en países de larga tradición mariana como México. Pero fue en México, precisamente, donde encontraría una piedra que tallaría por siempre en sus zapatos.

Juan Pablo II ha sido uno de los papas más influyentes en la historia de la iglesia.

Juan Pablo II desoyó durante su largo reinado muchas de las repetidas acusaciones sobre los casos de pederastia que se presentaban en la Iglesia. En particular, las acusaciones en contra de Marcial Maciel, sacerdote mexicano fundador de Los legionarios de Cristo, y uno de sus amigos más cercanos.

Los hechos posteriores a la muerte de Juan Pablo II demostraron que las acusaciones en contra de Maciel eran ciertas, su nombre pasó al ostracismo y su comunidad tuvo que ser completamente reestructurada. Ese, para muchos, era un lunar en la vida de Juan Pablo II que debería impedir su santificación.

El clamor de los fieles en la plaza de San Pedro el día de su muerte fue más grande, sin embargo, que las quejas de los afectados. Y el papa Benedicto XVI, sucesor de Juan Pablo II en el máximo trono de la iglesia (y uno de sus más fieles peones durante su reinado) decidió iniciar casi de inmediato el proceso de beatificación.

El proceso terminó solo seis años después, con la aceptación de su primer milagro: la curación de la enfermedad de Parkinson de la monja parisina Simon Pierre, sin que los médicos pudieran explicar el fenómeno.

El primero de mayo de 2011, día de la beatificación de Juan Pablo II, ocurrió su segundo milagro: la curación de una humilde mujer costarricense de un aneurisma en el lado izquierdo de su cerebro. El camino a la santificación estaba libre.

El milagro que llevó a Juan Pablo II a los altares.

Por un hecho de justicia histórica (o por aplacar las críticas relacionadas con el tema de la pederastia) el papa Francisco decidió que Juan Pablo II no sería elevado solo a los altares. Estaría acompañado por “el papa bueno”, Juan XXIII, de tendencias contrarias y por quien profesa una gran veneración.

En el caso de Juan Pablo II, el Vaticano decidió hacer una excepción al iniciar su proceso de beatificación mucho antes de los cinco años prescritos en el código canónico. Por eso no sorprendió que también en el caso de Juan XXIII decidiera hacer otra excepción. Del “papa bueno” solo hay un milagro reconocido, no los dos que exige también el código canónico. El papa tiene la potestad para hacerlo.

Juan Pablo II y Juan XXIII se suman así a una extensa lista de papas (más de 80) que han sido canonizados a lo largo de la historia. El último antes de ellos fue Pio X, que gobernó la Iglesia Católica entre 1903 y 1914, y fue canonizado el 3 de septiembre de 1954 por Pio XII.

Entre tanto, han sido canonizados innumerables personajes de la Iglesia. Solo Juan Pablo II elevó a los altares a 483 santos. Más que todos los papas juntos en los últimos 500 años.

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