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Concentración de poder, corrupción, violencia, impunidad: una mezcla nociva para el desempeño de la profesión de periodista en América Latina. Un documental de Univision.


La palabra amenazada

Por MARIANA ATENCIO Y TOMÁS OCAÑA

En América Latina las amenazas contra los periodistas hace tiempo que dejaron de ser noticia. Que Cristina Fernández de Kirchner censure en cadena pública a un reportero es algo que no impacta a ningún argentino, que Rafael Correa rompa un ejemplar del periódico más importante de Ecuador al grito de “esto es lo que hago con la prensa corrupta” ni siquiera figura en el recuerdo popular. Sin embargo sí fue noticia que la bloguera cubana Yoani Sánchez lograse un visado para salir del país.

Los periodistas de la región han denunciado repetidamente el mal estado en el que se encuentra la profesión y las muchas presiones que reciben, pero como apunta Yoani Sánchez “lo que pasa es que, en lugar de concentrarnos en lo que nos pasa, estamos tratando de narrar lo que les pasa a otros”. En un marco de corrupción galopante, violencia del narcotráfico e injusticias diarias, el grito silencioso del periodismo por el mantenimiento de la profesión y de la labor de informar ha quedado sepultado.

Univision decidió sacar a flote muchos de esos casos en el documental “Pressionados”, que recoge el testimonio de periodistas como Mauri König, Javier Valdez y muchos otros que han sufrido en carne propia los rigores de ejercer su profesión en medio de una mezcla de factores (concentración de poder, corrupción, violencia, impunidad) que atentan contra su normal y tranquilo desempeño. La Huella Digital recoge el espíritu del documental y algunos testimonios adicionales sobre la situación de la libertad de prensa en la región.

Mauri König ha sido reconocido por sus enfrentamientos con el poder establecido. En la sureña región de Paraná, este reportero del diario Gaceta Do Povo se ha enfrentado ya en dos ocasiones a serias amenazas de muerte por parte de la policía.

En el año 2000, König fue atacado en la zona fronteriza de la triple frontera por contar cómo menores de edad eran reclutados ilegalmente para el servicio militar en Paraguay. Las fuerzas del orden de ese país lo golpearon hasta dejarlo inconsciente y temió por su vida. Los dolores causados por los más de 100 hematomas que le infringieron no fueron suficientes para alejarlo de contar las historias que molestan al poder porque, como afirma con rotundidad, su indignación es mayor que su miedo.

No son pocos, además, los periodistas de la región que se ven enfrentados al poder económico. Es el caso de Argentina, donde la cobertura de las grandes mineras se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para muchos profesionales de la información.




En el caso de México, el narcotráfico es uno de los mayores obstáculos para el libre flujo de información. Pero el impulso de la indignación mantiene a profesionales como Javier Valdez haciendo periodismo desde el centro de operaciones del narcotraficante más poderoso del mundo, el mexicano Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo.

Junto a otros periodistas, Valdez fundó en 2003 el periódico Rio Doce , una cabecera que sobrevive en el corazón de Sinaloa pese a las amenazas continuas del narcotráfico. Con una llamativa entereza, Valdez relata en la pequeña sala de redacción del diario como atacaron con granadas la anterior sede de Rio Doce. “Guardar silencio en mi caso es un acto de cobardía, de complicidad y de muerte. Y yo ni soy cómplice ni soy cobarde. Tampoco soy, no me considero, valiente, pero tampoco estoy muerto”, afirma Valdez.

México y Brasil no son casos aislados, sino desgraciadamente los patrones de otras muchas partes de la región que viven sumidos en una descarnada violencia que se apoya en la permisividad de las autoridades configurando una mordaza de enormes proporciones para el periodismo. Honduras es el ejemplo reciente de esta realidad. Desde 2010 en ese país han muerto 28 periodistas según denunció recientemente Juan Ramón Mairena, presidente del Colegio de Periodistas hondureño.

Lo más grave, es que la mayoría de los asesinatos de periodistas permanecen en la impunidad. El año pasado, el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), con sede en Nueva York, publicó la más reciente versión de su Índice de Impunidad, en el que destaca los países donde los periodistas son asesinados y los responsables quedan libres. Entre los doce países con mayor índice de impunidad, tres fueron latinoamericanos. Colombia ocupó el quinto lugar, México figuró en el octavo y Brasil en el 11. Y la situación no es menos difícil en otros países de la región, como lo muestran los informes presentados en la Asamblea Anual de la SIP realizada en octubre de este año en Denver, Colorado, Estados Unidos.

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El peso de los gobiernos

A mediados de 2012 la Sociedad Interamericana de Prensa dijo que la libertad de expresión en Latinoamérica atraviesa un panorama "sombrío" que se extiende con "un patrón de adversidades comunes" por Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia y Nicaragua de la mano de "presidentes arbitrarios e intolerantes". No son los únicos países donde existen serias trabas a la libertad de expresión (ver infografía), pero sí los que más han acosado a la prensa en los últimos años.

Las presiones a los comunicadores son una técnica común que comparten Cristina Fernández, Nicolás Maduro, Rafael Correa o Evo Morales. Las modalidades van desde el acoso público y en cadena nacional hasta el estrangulamiento financiero de las cabeceras ‘incomodas’.

El periódico argentino Perfil denunció al Gobierno por cortar la publicidad oficial en sus páginas. La Corte Suprema de ese país dictaminó que se estaba violando la libertad de expresión. Además, los enfrentamientos entre el gobierno y el Grupo Clarín han traído como consecuencia “una prensa altamente polarizada”, según el CPJ.

Quizá los más llamativos son los ataques personales de los presidentes a periodistas concretos, lo que en Estados Unidos o en Europa sería motivo de un escándalo nacional. El ecuatoriano Rafael Correa no solo descalificó el trabajo de Emilio Palacio en el diario El Universo, si no que en diferentes conferencias de prensa le llamó ‘enano’, ‘enemigo del gobierno’, ‘mala persona’, ‘gente siniestra’, ‘mentiroso’ o ‘psicópata’.

Hoy Palacio vive exiliado en Miami tras una denuncia del presidente contra él y contra el diario en el que trabaja por una columna de opinión en la que el periodista ponía en duda la veracidad del intento de golpe de estado de la policía contra Correa en el año 2010. El presidente ecuatoriano pidió sanciones millonarias y varios años de cárcel para este reportero. Finalmente Correa retiró la demanda. Palacio pidió y obtuvo asilo político en Estados Unidos por miedo a nuevas represalias.




El máximo exponente de ese patrón era el fallecido presidente venezolano Hugo Chávez, algo que su sucesor, Nicolás Maduro, no ha dudado en emular. La más conocida de las continuas salidas de tono del expresidente contra la prensa tuvo lugar en 2010 cuando Hugo Chávez se enojó al ser interrogado por la corresponsal de Radio Francia Internacional sobre los resultados de las elecciones legislativas.

Chávez cuestionó a la periodista en duros términos, tratándola de mentirosa e ignorante. Incluso llegó a acusarla de “hacer una pregunta configurada de manera extraña", "gelatinosa”, "sin fundamentación lógica". "Como si vivieras en la luna, por esto te he preguntado de dónde tú eres, Andreína”, le espeto a la periodista Andreína Flores. Sin embargo esta no fue la única ocasión en la que Chávez arremetió contra los periodistas.

El principal objeto de sus ataques siempre fueron los periodistas de Globovisión, el único medio de Venezuela que no estaba de una u otra forma bajo su control o a favor de sus ideas. En Globovisión trabaja desde hace años la periodista Del Valle Canelón, quien define su labor como “periodismo de guerra”, porque dice que aunque obviamente el riesgo no es el mismo, el concepto si lo es dado que “te tienes que cuidar de estar trabajando…”.

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En el filo de la navaja

“Nosotros hacemos periodismo en el filo de la navaja. El filo de la navaja, si te caes de un lado te corta, si te caes del otro te corta. Hay que saber patinar sobre él”. La frase es del veterano periodista Rafael Fizmourice, dueño del periódico hoy y del canal 5 de Ciudad Juárez.

Hacer periodismo en la frontera de México con Estados Unidos es asumir un alto riesgo. Tanto que fotógrafos y reporteros suelen salir en grupo para intentar minimizar el riesgo. Una anomalía que solo la violencia y las amenazas han podido conseguir, dado que lo habitual es que el periodista luche por la exclusiva, busque llegar primero e intente diferenciar su trabajo del de sus colegas.

En muchas partes de México el peligro no viene solo del narcotráfico, que trata de imponer sus posiciones y de utilizar los medios de comunicación para trasladar el miedo a la población, la amenaza al funcionario público o el mensaje de poder a sus rivales. El peligro es aún mayor por la connivencia del narcotráfico con el poder político. Esto es lo que sucede en Sinaloa según Javier Valdez.

El periódico de Valdez lleva años denunciando los nexos entre el cartel de Sinaloa y el gobernador del estado Mario López Valdez. “Es muy frustrante denunciar un político corrupto con nexos con el narcotráfico y que no pase nada”, relata Valdez. Tan es así que cuando la sede del periódico sufrió ataques, la redacción dudaba de la autoría. “De todos pensamos mal, tanto del gobierno como del narcotráfico”, señala Valdez. Su coraje de seguir bolígrafo en mano le valió el reconocimiento del Comité para la Protección de Periodistas en 2011.

En Colombia, el periodista Gonzalo Guillén y los analistas políticos León Valencia y Ariel Ávila fueron amenazados y tuvieron que abandonar el país por sus denuncias sobre los vínculos de un mandatario regional (el gobernador del departamento de la Guajira, Francisco Kiko Gómez, hoy detenido), con organizaciones criminales.




Desafortunadamente, no todos los que hacen este tipo de denuncias terminan vivos. Muchos que plantaron cara al poder en México no pueden contar su historia. Es el caso del periodista de Ciudad Juárez Armando Rodríguez, conocido como ‘El Choco’. Fue asesinado con 10 disparos cuando salía de su casa junto a su hija. Años después el crimen continúa en la impunidad.

La viuda de Rodríguez, Blanca Martínez, recuerda que Armando había recibido amenazas desde dos años antes, pero que “el era un apasionado de su trabajo”. Sin embargo, relata que “él sí entendía que había como a veces que cuidar cosas, porque podía estar en peligro su vida… de hecho, comentábamos algunas veces, una nota no vale una vida ¿verdad?”.

Pero México no es el único país de la región que sufre esta realidad. En Brasil han muerto este año tres periodistas según datos del CPJ, en Colombia uno. En los países de Centroamérica la profesión de periodista tampoco atraviesa su mejor momento. Las disputas entre las pandillas y con los gobiernos han generado un clima de tensión y violencia en el que ejercer el periodismo se convierte en una tarea titánica. Según un informe reciente de Reporteros Sin Fronteras, en Guatemala, Honduras o El Salvador existe menos libertad de prensa que en Mozambique o Kuwait.

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Bajar la cabeza

Más allá de los ataques gubernamentales y las agresiones físicas hay un tema igual de nocivo pero difícil de cuantificar y abordar para los periodistas que es la autocensura. El autocensurarse implica el ceder a las presiones, bajar la cabeza, dejar de luchar. Para algunos periodistas es vergonzoso hablar del tema y confesar los momentos específicos en los cuales tuvieron que autocensurarse..

En Venezuela, la reportera DelValle Canelón ha cubierto la fuente militar durante más de una década para el canal Globovisión, hasta hace poco el único medio crítico en ese país. “Es muy difícil cumplir la labor en esas condiciones, pero uno termina acostumbrándose”, dijo. “Quizás amoldándose a esa manera de hacer periodismo y ver de qué manera tu lo puedes burlar”.

Lo más irónico es que a veces la autocensura ocurre en el momento de denunciar los propios abusos en contra de los periodistas. El equipo de PRESSionados siguió a Canelón durante la cobertura de las últimas elecciones presidenciales en Venezuela, y presenció cómo la periodista confrontó a un general por no haberle dado una entrevista en vivo, como al resto de los medios del estado. Las consecuencias no tardaron en salir a flote.

Horas después, la pareja de Delvalle Canelón –un soldado– fue detenido por órdenes de ese general durante más de 12 horas, según la periodista. Ella nos aseguró durante nuestra entrevista en Venezuela que no quería denunciar el caso y tenía miedo hablar del tema frente a nuestras cámaras.

El gobierno de Venezuela ha copiado el esquema de seguridad de Cuba, donde los periodistas son vigilados constantemente, promoviendo más autocensura. “Siempre te tienen marcada, te tienen pues seguida, para donde te mueves, para donde vas”, dijo Canelón. “A ti, y a tu equipo, les ponen unas personas, unos oficiales, allí (vestidos) de civil”.

Bajo la mirada autoritaria del gobierno y la soga de la publicidad oficial, la autocensura ocurre en las salas de redacción de América Latina a puerta cerrada. No obstante, en Argentina, PRESSionados tuvo la oportunidad de poder documentar cómo el periodista Juan Cruz Sanz se autocensuró durante una entrevista. El incidente ocurrió cuando Sanz, quien antes trabajaba en el Grupo Clarín, tuvo la oportunidad de entrevistar a un funcionario del gobierno de Cristina Kirchner en su programa de radio.

Al funcionario –el político Gabriel Mariotto, uno de los principales impulsores de la ley de medios– no se le dijo que Sanz iba a estar presente en la entrevista, porque de lo contrario se iba a negar a participar. Y, cuando finalmente lo tuvo ante el micrófono, Sanz admitió que se dejó llevar por la autocensura, para que el gobierno no continuara estigmatizándolo por haber trabajado en Clarín y le otorgara acceso en el futuro.

Sanz, un periodista joven, dice que su generación en Argentina ha vivido el peor ataque contra la profesión desde la dictadura militar. “Con Cristina Fernández de Kirchner frente al poder, esa relación con el periodismo va a seguir rota y va a continuar rota”.




Pero para algunos periodistas, la autocensura es sencillamente una manera de sobrevivir. Es el caso de los periodistas en algunas zonas de México, Colombia y Brasil, cuyas vidas…o, peor aún, las de sus familiares…están en juego.

“Yo creo que aunque no pueda contar todo lo que está pasando, si cuento un 30%, un 20%... siento que hago mi trabajo, el periodismo posible”, dijo Javier Valdez, fundador del semanario Rio Doce en Sinaloa, México.

En Brasil, el periodista Mauri König, ganador de varios premios nacionales e internacionales por sus investigaciones sobre la corrupción dentro de la propia policía, admite que se ha autocensurado por miedo a las represalias en contra de su familia.

Fue su jefa, la directora del diario donde trabajaba König, la que tuvo que aconsejarlo de que se alejase de sus investigaciones durante un tiempo, por su propia seguridad. “Ha tomado un retiro… unas vacaciones, porque fue necesario”, dijo Sandra Goncalvez, directora de Gazeta Do Povo.

Después de autocensurarse durante un tiempo, König decidió volver a las calles de Brasil. “Me quedé un tiempo haciendo otros trabajos que no sean de investigación, pero está en mi sangre. Mi indignación es mayor que mi miedo”.

Para muchos medios de comunicación, la autocensura es también un mecanismo para sobrevivir económicamente. Así lo explica Jorge Lanata, veterano periodista argentino. “Hay mucha autocensura porque los periodistas tienen miedo de que los ataque el aparato de propaganda oficial”, dijo. “Y las opciones que quedan para desarrollar en serio la profesión son cada vez menos”. Lanata calcula que en Argentina aproximadamente el 80% de la publicidad estatal se maneja de manera discrecional.

Igual ocurre en Ecuador, donde el gobierno puede llevar a los medios más pequeños a la bancarrota si retira la publicidad oficial. “Este gobierno ha creído que la publicidad oficial es un esquema de la zanahoria y el garrote”, dijo el periodista de investigación Iván Flores, antiguo editor de la Revista Vanguardia. “Zanahoria para los que están conmigo, garrote para los que son críticos conmigo”.

La autocensura, en fin, es el colofón de un panorama poco alentador para la libertad de prensa en muchos países de América Latina. Un libertad sin la cual, en opinión de muchos expertos, cualquier democracia será siempre una democracia imperfecta.

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Texto: Mariana Atencio, Tomás Ocaña. Diseño original: ARK INK. Videos: Documentales Univision. Edición de videos: Laura Prieto. Infografía: Helga Salinas. Ilustraciones: Johnny Tie. Programación: Edmundo Hidalgo, Helga Salinas. Gerencia de Proyecto: José Fernando López, Junelly Rojas. Gerencia de Producto: Alex Behrmann.

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