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Una de las pocas fotos que existen de El Chapo lo muestra en el penal de Almoloya de Juárez, después de su detención.

Arresto y Fuga

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Por GERARDO REYES

El Chapo Guzmán era el hombre más buscado de México en junio de 1993. Las autoridades lo consideraban sospechoso de la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. Era tan desconocido que los afiches de “se busca’’ mostraban un dibujo más parecido a una caricatura que a un retrato hablado.

Guzmán, de 36 años, sabía que estaba en serios problemas pero subestimaba la capacidad del gobierno mexicano que estaba presionado internacionalmente para mostrar resultados.

Se tomó su tiempo para organizar una cuadrilla de escape que incluía a su amante María del Rocío del Villar Becerra, y esperó varios días para que su abogado, el licenciado Juan Calas, le entregara un pasaporte falso.

La idea era escapar hacia Guatemala y luego seguir a El Salvador donde tendría que despachar un cargamento de cocaína a Estados Unidos y comprar fusiles de asalto, según un reporte de la Agencia Antinarcóticos de Estados Unidos (DEA).

Otto Pérez, presidente de Guatemala, habló por primera vez con Univision sobre la detención de El Chapo en 1993.

Univisión reconstruyó estos momentos de la vida de Guzmán con la ayuda de dos personajes claves en la persecución del fugitivo: el actual presidente de Guatemala, Otto Pérez, quien entonces era el jefe de los servicios de inteligencia de su país, y el subprocurador mexicano de la época, Jorge Carrillo Olea.

Pérez nunca había contado esta historia. Durante 20 años la mantuvo en reserva, en parte por temor a represalias de Guzmán, según lo explicó en una entrevista con Univisión. El hoy presidente era entonces capitán. Llevaba un año y medio como director de inteligencia.

Según Pérez, un oficial que trabajaba para una unidad móvil de inteligencia, había logrado infiltrar a un grupo de Guzmán que se había establecido en Tecun Umán, población fronteriza con México. El oficial aceptó un pago de 30,000 dólares y una camioneta a cambio de protección del paso de cargamentos de droga.

“La mejor operación de inteligencia es cuando hay alguien adentro’’, explicó Pérez. “Esto fue avanzando, tomó tiempo que ellos ganaran confianza, a él lo deberíamos haber movido pero lo dejamos precisamente para que pudiera avanzar en tener más inteligencia sobre lo que se estaba haciendo”, agregó (ver entrevista en la sección TESTIMONIOS).

Otto Pérez en su época de militar. Era jefe de inteligencia de su país cuando se produjo la detención de El Chapo.

A los pocos días de la muerte del cardenal, el oficial infiltrado empezó a escuchar que algo grande pasaría por la frontera. Al principio pensó que se trataba de mercancía. “Dos días antes, tuvo que haber sido el 7 o el 8, empezamos a tener información que era posiblemente que el mismo Chapo viniera aquí a Guatemala”, explicó Pérez.

Las autoridades mexicanas seguían de cerca los pasos de Guzmán aprovechándose de un sistemático descuido en su desplazamiento hacia el sur, según Carrillo quien coordinó la operación.

En su desplazamiento hacia Guatemala Guzmán “iba dejando un rastro, como animal herido” y ordenaba a sus acompañantes destruir los cartelones de “Se busca” que aparecían en su camino, comentó varias veces el procurador general de México entonces Jorge Carpizo, ya fallecido.

Otros sostienen que fue Amado Carrillo, el Señor de los Cielos, quien entregó detalles de la ubicación de Guzmán. Entre ellos el abogado de la arquidiócesis de Guadalajara, José Antonio Ortega, que a su vez se basa en la versión del abogado del Señor de los Cielos.

“No es así porqué restaría mucho el mérito de la operación, tendría yo que decir es una mentira muy cínica’’, respondió el ex subprocurador Carrillo Olea.

Ilustración del momento en que se produce la captura de El Chapo Guzmán por parte de las autoridades de Guatemala, que lo bajan de la camioneta en la que huía.

Con los datos del oficial infiltrado y la información enviada por México, en Guatemala la gente de Pérez se preparaba para recibir la caravana. Guzmán pasó la noche en un hotel céntrico de la ciudad y al día siguiente los servicios de inteligencia se enteraron de que su plan era salir de Guatemala hacía El Salvador.

Pérez resolvió que era el momento. No quería dejarlo salir del país pero estaba reacio a atraparlo en una zona urbana. Temía que los gatilleros del narcotraficante reaccionaran violentamente. Así que permitieron que la caravana tomara la autopista hacia El Salvador y a unos 25 kilómetros de la capital, los militares montaron un retén.

Guzmán y sus hombres no ofrecieron resistencia. “La reacción que tuvo fue una reacción de tranquilidad, es decir no se le vio asustado, nervioso ni tampoco se le vio violento’’, recuerda Pérez quien cruzó una mirada con el prófugo sin mediar palabra.

¿Ofreció sobornos?, le preguntó este reportero a Pérez. “Sí, ofreció dinero, ofreció información, ofreció una serie de cosas, él hablaba de millones de dólares, estoy hablando de por lo menos un millón de dólares, dos millones de dólares’’, detalló Pérez.

Un detalle separa las versiones de Carrillo Olea y el presidente. El primero asegura que El Chapo pasó a El Salvador y fue arrestado de regreso. Pérez negó esa versión en la entrevista con Univisión.

Tras el arresto, la mayor preocupación de los servicios de inteligencia guatemaltecos la causaba la premura de identificar plenamente a Guzmán. Después de varias horas de intercambio de información con México salieron de dudas y al anochecer iniciaron el envío de El Chapo por tierra hacia el puente fronterizo de Talismán.

La forma como los militares transportaban al fugitivo no era necesariamente la más segura. Atado de pies y manos en la parte trasera de una camioneta pick up, a la intemperie, los militares entregaron a Guzmán en la frontera con México.

DESDE SU CELDA, GUZMÁN CONVIRTIÓ LA CÁRCEL EN UN HOTEL DE CINCO ESTRELLAS A PUNTA DE SOBORNOS E INTIMIDACIÓN.

Abordo de un avión militar que lo llevó a México, Guzmán envió otra advertencia de que no estaba vencido: entregó a un oficial los nombres de funcionarios, policías y militares de México y Guatemala que recibían sobornos del narcotráfico. El militar preparó un documento que desapareció varios años después.

Al ser presentado en conferencia de prensa en México, Guzmán se quitó su gorra y explicó quién era. Los medios mexicanos reprodujeron este diálogo de un reportero que lo interrogó:
Oye Chapo, ¿es cierto que eres el rey de la coca?
Yo no me dedico a eso.
¿A qué te dedicas?
A la agricultura.
¿Qué siembras?
Pues frijoles.

El Chapo Guzmán logró que los trasladaran al penal de Puente Grande, Jalisco en noviembre de 1995. No soportaba más la estricta disciplina de la prisión anterior. Allí se le prohibía a los reclusos hablar entre ellos y recibir alimentos de fuera. Desde su celda Guzmán convirtió la cárcel en un hotel de cinco estrellas a punta de sobornos e intimidación.

La prisión era un fiesta recuerda la periodista Anabel Hernández quien ha escrito extensamente sobre El Chapo. “Le permitían la entrada de prostitutas, le permitían la entrada de viagra, porque El Chapo Guzmán consumía viagra, cocaína y le permitían no sólo eso, le permitían también tener acceso sexual a reclusas que estaban ahí’’, dijo Hernández.

Rueda de prensa en el penal en la que El Chapo dice que es un simple agricultor.

Una de ellas fue Zulema Hernández, condenada por secuestro y robo en el anexo de mujeres. Univisión logró entrevistar a su madre, Salomé Hernández, “Zulema, mi hija, decía que El Chapo Guzmán era muy lindo, que estaba enamorada de él’’.

Como en casi todas sus relaciones con las mujeres, Guzmán se obsesionó con Zulema y no ahorró cartas para decírselo. “Aunque yo me voy a quedar unos días más, me emociona tu traslado’’, escribió. “Preciosa si antes de que te trasladen nos podemos ver quiero darte un dulce beso y estrecharte en mis brazos”.

La frase de El Chapo de que se quedaría unos días más no era una metáfora. Guzmán estaba planeando su fuga y no le importaba presumirlo. Hasta la madre de su amante lo supo. Ella recuerda que Zulema le dijo que Guzmán se iba a ir.

El 19 de enero de 2001 El Chapo se escapó de la prisión. Varias versiones se tejieron en torno a cómo lo hizo. La más cinematográfica fue que se escapó en un carrito de lavandería escondido entre sábanas y tapándose con un colchón, pero con el paso del tiempo esa versión se ha convertido en un mito. Investigadores y testigos sostienen que Guzmán salió caminando por la puerta principal con la complicidad de numerosos funcionarios.

Tras la fuga de El Chapo, la hija del presidente Pérez sufrió un atentado que hoy el mandatario sospecha que podría haber sido obra del narcotraficante.

En el penal de Puente Grande El Chapo conoció a Zulema Hernández y expresó en cartas su obsesión por ella.

Una racha de penas y victorias esperaban a El Chapo en libertad. Su hijo Edgar fue asesinado en Culiacán a las puertas de un centro comercial. Un informante de la DEA le comentó a Univisión que la muerte fue producto de una cadena de errores.

Edgar se encontraba en compañía de un joven a quien Guzmán había ordenado ejecutar por unos problemas de dineros que había tenido con su madre. Guzmán no sabía que su hijo estaba con él. Un cenotafio custodiado día y noche recuerda el lugar del asesinato que cambió la vida de Guzmán. En un remoto cementerio de Badiraguato, al que pocos periodistas han tenido acceso, el narcotraficante ordenó construir además un vistoso panteón.

Las pérdidas de su hijo y anteriormente de su hermano, asesinado en una celda, y la muerte violenta de Zulema, aparentemente en manos de sus rivales, Los Zetas, no reblandecieron a Guzmán.

Cortar las cabezas de los enemigos se convirtió en uno de sus métodos de escarmiento preferido. Para la crónica judicial mexicana se volvió común encontrar mantas que explican los motivos de las masacres, y la despedida de siempre: “Atentamente, El Chapo”.