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Una esquina para
recuperar el aliento

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Ni siquiera sus más encarnizados rivales niegan hoy que los Dreamers son unos duros luchadores.

El sueño de convertirse en parte integral de este país, a pesar de haber entrado por la puerta de atrás, los transformó de jovencitos indocumentados e invisibles en verdaderos boxeadores políticos que se subieron al ring para enfrentarse, sin temores, a los grandes intereses ideológicos detrás del movimiento contra la inmigración.

Pero todos los grandes boxeadores, de Joe Louis a Julio César Chávez entre los de verdad, y de Rocky a Joe Palooka entre los héroes de ficción, necesitan una esquina con un banco donde recuperar el aliento y juntar fuerzas para el siguiente round.

El Programa de Acción Diferida para Jóvenes, o DACA, evita la deportación de los Dreamers y les permite tener una licencia de conducir y un permiso de trabajo.

Para los Dreamers ese banquillo se llama Deferred Action for Childhood Arrivals (DACA) o Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, una manera de referirse a los niños que llegaron de la mano de sus padres indocumentados siendo menores de 16 años de edad.

No fue la solución integral que buscaban los Dreamers, pero DACA les sirvió para encontrar un piso relativamente sólido donde pararse por un tiempo y seguir en la pelea.

De hecho, algunas organizaciones de jóvenes indocumentados calificaron la medida –expedida el 15 de junio de 2012, mediante un memorando del gobierno del presidente Barack Obama– como una "enorme victoria" para el movimiento.

DACA instruía a las oficinas federales de Protección de Aduanas y Fronteras (CBP por su sigla en inglés), Inmigración y Aduanas (ICE, por su sigla en inglés) y el Servicio de Inmigración y Ciudadanía (USCIS, por su sigla en inglés) para que actuaran de manera discrecional con ciertos jóvenes inmigrantes carentes de documentos.

Los protagonistas

Los beneficios contemplados en la norma incluían la posibilidad de solicitar un empleo y escapar del fantasma de la deportación por un plazo temporal renovable de dos años, siempre y cuando los beneficiarios cumplieran con un grupo de requisitos:

 Tener menos de 31 años de edad el 15 de junio de 2012.

 Haber entrado a Estados Unidos antes de cumplir los 16 años.

 Haber vivido de manera constante en Estados Unidos desde el 15 de junio del 2007 y haber estado físicamente en el país el 15 de junio del 2012 y en el momento de presentar la solicitud.

 No haber enfrentado nunca un proceso de deportación o, en caso contrario, demostrar que el proceso estaba cancelado.

 No haber "sido encontrado culpable de un delito grave, delito menos grave de carácter significativo, múltiples delitos menos graves", o representar "una amenaza a la seguridad nacional o a la seguridad pública", según señala el USCIS en su website.

Alrededor de 1.7 millones de Dreamers son potencialmente elegibles para DACA. Hasta ahora se han inscrito un poco más de 600,000.

El trámite tenía un costo de 465 dólares (380 dólares por el procedimiento burocrático y los otros 85 para cubrir los análisis biométricos). Y, como se encargan de remarcar los federales, no otorgaba ningún estatus migratorio definitivo, ni abría un camino a la ciudadanía.

La USCIS se guardaba, además, la discreción de aprobar a los solicitantes y su decisión sería inapelable. Es decir, si no lo concedía, el solicitante no podría apelar la decisión o presentar una moción para reabrir el caso.

En cambio, si la solicitud era aprobada, el aspirante recibiría “una notificación de la decisión por escrito y un Documento de Autorización de Empleo en el correo por separado".

Con estos requisitos en mente, se calculó que alrededor de 1.76 millones de jóvenes eran elegibles para la Acción Diferida. Desde septiembre de 2012, cuando se empezó a aplicar la medida, hasta diciembre de 2013, el gobierno había recibido 638,054 solicitudes, de las cuales se habían aprobado 610,694.

No fue fácil vencer las resistencias. Por eso, aunque para algunos la cifra es muy baja (apenas una tercera parte de los potenciales usuarios se han acogido a la medida), para otros ha sido un logro enorme.

Este 15 de junio se cumplen dos años de haberse aprobado el programa y muchos esperan que la cifra se multiplique. Aunque la verdadera aspiración es que se convierta en un programa permanente.

Un DREAM ACT que acabe con la incertidumbre y permita que miles de jóvenes se sientan acogidos en este país como lo que ya son: parte integrante de una sociedad a la que quieren devolver todo lo que han recibido y por la que estarían dispuestos a entregarlo todo.