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Con la mirada
fija en un sueño

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“El miedo te da solamente dos opciones, te puede hacer ir para adelante o para atrás, y cada uno puede elegir en qué dirección marchar".

La contundente frase es de Giancarla Rojas, una soñadora de 18 años que ya cuenta con su DACA. Por eso, según ella, “el punto ahora es ponerse en movimiento“.

Giancarla, quien entró al país en enero del 2007 por la frontera sur, junto a su hermanita de siete años, recuerda que el día en que se anunció el memorando de DACA estaba en la sala de su casa, junto a su padre.

Giancarla Rojas llegó a Estados Unidos en 2007, cuando tenía 13 años. Jugó un papel muy activo en el movimiento de los Dreamers que condujo a DACA.

"Sentí como si tuviera más libertad. Era un peso que ya no tenía más, porque por muchos años viví con miedo, desde que llegué a este país pensaba que el ICE nos iba a deportar", aseguró.

Pero Giancarla siguió adelante motivada por las palabras de su papá: "algo va a pasar en el futuro, solamente ten confianza y estudia".

Al igual que otros jóvenes entrevistados por Univisión, Giancarla reconoce que, gracias al programa de Acción Diferida, "mi vida cambió muchísimo".

La posibilidad de tener una licencia para conducir, un permiso de empleo, un número de Seguridad Social y la oportunidad de seguir estudiando, fueron fundamentales para ella.

Sin embargo, pese a esos enormes avances, "pienso en mis padres, ellos no tienen DACA, ellos corren el riesgo de ser deportados" en cualquier momento, dice.

Y no es para menos. Según Rigoberto Rivera, uno de sus colegas de Georgia: "actualmente se deportan 1,100 personas al día; eso significa que 1,100 familias son separadas diariamente. Eso es muchísimo".

Rigoberto, de 24 años, llegó a Estados Unidos en 1999 a través del paso fronterizo de Brownsville, en Texas. Para él, la Acción Diferida "es un alivio temporal, aunque igual puedo decir que fue una gran bendición para mi porque me brindó muchas oportunidades".

Como muchos de sus compañeros, pudo conseguir un empleo y ayudar financieramente a su familia, además de trabajar sin miedos en favor de los derechos de los inmigrantes indocumentados.

Los protagonistas

Si bien disfruta a fondo de las oportunidades abiertas por DACA, Rigoberto recuerda que los objetivos deben ser siempre mayores, como el Dream Act o la reforma migratoria integral.

El siguiente paso de esta lucha, dice, debe ser "hablarle a la gente que puede votar para que sean la voz de los que no podemos votar en las elecciones, para que ellos presionen a los políticos de sus comunidades" en favor de las personas sin papeles.

"Si no se aprueba una reforma migratoria este país no sobresaldría, porque hay once millones de personas que están aquí sin documentos, que trabajamos duro, en los trabajos que mucha gente no quiere hacer", acota Hareth Andrade.

Con 20 años de edad, Hareth llegó a Estados Unidos en el año 2001, "con mis abuelitos y mi hermanita". Para ella, una reforma integral, completa, "será un paso en la dirección correcta para la historia de este país".

"Con paciencia todo es posible", comenta por su lado la soñadora Lesly Pineda, de 22 años, quien llegó a Estados Unidos a los tres, haciéndose pasar por la hija de otra familia.

Gracias a DACA, asegura, "logré la meta de tener un buen empleo" y se abrieron "puertas para ver qué más hay en el mundo".

La Acción Diferida, añade por su parte Diego Sánchez –llegado a Estados Unidos en 1999 con una visa de turismo de seis meses– "es apenas el primer paso, y todos aquellos que la conseguimos debemos luchar juntos en favor de quienes no pudieron hacerlo".

"Si hubiera que describir DACA en una sola palabra sería 'libertad', porque ahora no tengo el temor de ser deportado en cualquier momento".

Diego dice que si tuviera que describir DACA en una sola palabra esa sería "libertad", porque "ahora no tengo el temor de poder ser deportado en cualquier momento".

Claudia Flores, de 23 años, llegada cuando tenía 14, prefiere la palabra "poder", porque la Acción Diferida "me dio el poder de trabajar, de luchar por mis sueños y el poder de levantarme como comunidad".

Para Claudia "sería lamentable para este país que no se logre una reforma migratoria". Si no se alcanza ese objetivo, dice, "mi vida quedaría de nuevo en la incertidumbre, porque dependería de una administración, de quién sería el presidente y de si ese presidente o presidenta decide extender o no" a DACA.

"El consejo que le doy a mis hermanos y hermanas soñadores y soñadoras es que continúen en la escuela", dice por su lado Antonio Castañón, de 24 años, quien llegó en el año 2001 desde México, también con una visa de turista.

"Yo estoy seguro de que esto se va arreglar de una manera u otra, afirma. Lo que los Dreamers tienen que hacer es mantener su mirada fija en sus sueños... Si quieren ser doctores, maestros, científicos, sigan en ese camino, realmente tienen futuro si se concentran en la educación".

"Al fin y al cabo, dice Antonio, si Estados Unidos "va a ser siempre el país del inmigrante" es mejor no pensar que "DACA es la solución total: ahora tenemos que seguir luchando, por la ciudadanía".