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El Palacio de Bellas Artes
Javier Rosas Landa
Opinión

El autor, mexicano, es comerciante y admirador vehemente de la música y los espectáculos de Juan Gabriel. Acudió a los tres majestuosos conciertos de Bellas Artes.

“Yo vi tres veces a Juan Gabriel en Bellas Artes”

“Yo vi tres veces a Juan Gabriel en Bellas Artes”

Una crónica de los tres majestuosos conciertos de Juan Gabriel en el Palacio de Bellas Artes en 1990, 1997 y 2013 —desde la mirada de un comerciante y admirador de la música y los espectáculos del cantante.

El Palacio de Bellas Artes
El Palacio de Bellas Artes

Primera vuelta


Recuerdo 1990. Yo tenía 13 años y era la primera vez que un artista de música popular se presentaba en Bellas Artes. Era casi imposible de creer que ese recinto, siempre para otro tipo de espectáculos (conciertos de música clásica, ópera, ballet), abriera sus puertas para un cantante popular. La Orquesta Sinfónica Nacional, a la orden del maestro Enrique Patrón de Rueda esperaba ansiosa para ver qué podía ofrecer Juan Gabriel ante un escenario de esa magnitud.

La respuesta fue directa y brutal por parte del artista: el escenario le quedó como anillo al dedo (por no decir que le quedó chico). Con pantalón y chaqueta negros, y adornos de lentejuelas doradas, presentó un repertorio musical que recorría su historia desde 1971. Además, dio oportunidad a los chicos de la escuela Semjase —de la que era benefactor— para que lo acompañaran en el escenario cantando y tocando sus instrumentos.

Fue increíble ver como la Orquesta Sinfónica Nacional y su director —además de los coros de Bellas Artes— cantaban, bailaban y gozaban del espectáculo como si estuvieran en las butacas, sin sentirse limitados por su vestimenta de etiqueta o por la organización formal que representaban. Lo gozaban. Reían sin pudor cuando veían los bailes y los contoneos del artista. Fue, considero sin temor a equivocarme, un parteaguas en la carrera de Juan Gabriel: en ese momento se convirtió en el artista más importante de México.

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Segunda vuelta


En 1997 se presentó en ese escenario nuevamente, esta vez vestido con un traje blanco. Inició, por supuesto, con la canción 'Qué buena suerte', y agradeció a su público la dicha de un reencuentro en ese lugar luego de siete años. Delgado y con una alegría que desbordaba del escenario, se volvió a 'echar a la bolsa' al público (incluidos los escépticos) reconfirmando que él era el más grande y las razones por las que estaba una vez más parado en ese escenario. 'Así fue', que había ganado gran popularidad en España en la voz de Isabel Pantoja, fue su tema estandarte en aquella ocasión. El éxito fue arrollador.

Sentado en la galería, viendo su espectáculo, yo ya con 20 años, me di cuenta de la clase de artista que era: dejando a un lado estereotipos absurdos y homofóbicos, lo único que importaba ahí era la música, el artista, la historia que se estaba escribiendo en ese momento y que afortunadamente pude presenciar en vivo.

Juan Gabriel disfrutaba lo que hacía: gozaba el hecho de estar frente a su público y siempre mostraba su agradecimiento. No solo hacia éste, sino hacia sus compañeros de trabajo. En aquella ocasión lo hizo aún más evidente para Eduardo Magallanes, su director musical, a quien refrendó ese día como un gran señor del escenario.

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Tercera vuelta


Su último concierto en Bellas Artes fue en octubre de 2013, y en él celebró sus 40 años de carrera, toda una vida en el escenario. Tuve la fortuna de estar presente por tercera vez gracias a una persona de su staff, con quien hice amistad a lo largo de los muchos conciertos de Juan Gabriel a los que asistí. Él me hizo favor de invitarme como si fuera uno de su grupo, ya que para ese concierto no hubo venta de entradas al público (fue un evento privado).

Tengo un recuerdo imborrable tras bambalinas. Aún veo en mi memoria a los técnicos de sonido y luz dejando todo a punto, a los músicos afinando sus instrumentos, a los coros preparando la voz, a la gente de producción corriendo para alistar todo antes de arrancar el gran concierto; a Gustavo Farías, a lo lejos, dando instrucciones a los técnicos de grabación del video…

En fin, fueron momentos increíbles para un fanático como yo, que difícilmente iba a volver a vivir algo así. Aún quedan en mi mente las palabras de mi amigo del staff: “te dejo aquí un momento, pero por favor no saques fotos ni video de nada, si no, a ti y a mí nos sacan por donde entramos“. Juan Gabriel llegó media hora antes del inicio —como habitualmente lo hacía en sus conciertos— en una camioneta, vestido con ropa muy holgada. Se bajó del vehículo y fue directo a los camerinos, cubriéndose la boca con un pañuelo.

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Todo estaba listo para empezar. Salió por una puerta de madera directo al escenario, vestido con un traje negro de solapas que ostentaban una combinación patriota: verde, blanco y rojo. Sólo alcancé a desearle suerte, a lo cual me respondió simplemente: “Gracias”.

Fue la última vez que Juan Gabriel pisó ese escenario. Hace ya casi tres años. Fue un espectáculo colorido con una gran pantalla al centro que proyectaba videos de otros artistas rindiéndole homenaje. Él siempre fue agradecido.

Por eso para mí este 28 de agosto se cerró un ciclo tras 39 años de escuchar la música de Juan Gabriel. Lo admiré por sus canciones y por su calidad interpretativa. A través de él, me enamoré, me emborraché y viajé. Elegí una de sus más hermosas canciones para musicalizar mi matrimonio. De ahí que sólo me reste agradecerle por hacer de mi vida parte de la suya. Gracias, Alberto, y que Dios te bendiga siempre. Con amor, para un amor, de un amor eterno.

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