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Menú especial de San Valentín

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¿Estás sola este 14 de febrero? Como la autora, puede que sea el momento de darte unos pequeños grandes lujos.

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Por: Rose Mary Espinosa

Si viviera en Los Ángeles quizá este 14 de febrero desahogaría mis frustraciones de pareja en una fiesta anti Valentín, como la que año con año se organiza en Birds on Franklin: una suerte de experiencia terapéutica para liberar la agresión rompiendo piñatas, haciendo vudús, escuchando canciones de dolor y hasta concursando por contar la peor historia de abandono. http://www.timeout.com/los-angeles/bars/birds Parece extremo, aunque no tanto como desquitarse en el club de tiro de LA y que algunas guías locales ofrecen como una posibilidad de descargar la ira, el despecho o la envidia “en un ambiente seguro y vigilado”, eso sí.

Looking to do something to do while love and Hallmark take over? It's cool. We've got you. "Random Things For Singles To Do in #LA on #VDay" Sounds like a dreaded war loss when you say VDay but for some people, the notion of lovesick couples eager to overspend on obscenely expensive #gifts, overly indulgent meals, or the forced sense of #romanticism literally makes them want to gag. (Maybe even with a pitchfork!) But alas, dear #singles, we shan’t forget you too want to have, in the sentiment of Jessica Biel, an “Anti-Valentine’s Day” party so we humbly abide. Ok, not “we” but our fellow #restaurateurs and #cocktail makers. Below is a list of where you can go when you want to celebrate your singlehood on VDay! (Cue … duh duh duh …) But really, go have fun. You’re single and you’re fabulous! birdshollywood | Bagatelle Los Angeles | Wanderlust Hollywood =================================== http://atodmagazine.com/2016/02/08/random-things-for-singles-to-do-in-la-on-vday/ =================================== #ATODMagazine #ValentinesDay #single #fab #atasteofdawn #drinkup #cheers #pinata #love #kickass #losangeles #thingstodo #drink #food #fun #friends #beingsingle #thesinglelife @bagatellela #BirdsOnFranklin @dobeltequila @wanderlusthlwd

Una foto publicada por Dawn Garcia: A Taste Of Dawn (@dawngarcia) el


La realidad es que ni vivo en Los Ángeles ni me encuentro lo suficientemente frustrada como para irme a echar balazos o a sumarme a una catarsis colectiva en la que, dicho sea de paso, en una de ésas conozca nuevas amistades o acaso consiga un date. Mi tema con tan novelesca fecha no es que esta vez (otra vez) me alcance sin pareja. Mi tema son aquellas veces en las que, aun teniendo pareja, no se me hizo celebrar San Valentín.

Por unas razones o por otras. Por la distancia. Porque había visitas. O compromisos. O era el cumpleaños de alguien. O simplemente porque: Qué flojera. Eso no se celebra. Es de adolescentes, es de cursis, de pretenciosos, de hipócritas: Dime qué tan costoso es el regalo o de qué tamaño es la caja o qué tan vistosa es la envoltura y te diré cuán grande o pequeña es la culpa.

Y demás cosas que se les achacan a los que gustan de celebrar San Valentín.


Por fin una celebración

Hace algunos años, para estas fechas, se presentó la oportunidad de alcanzar a mi entonces novio en Londres. Con todo y los fríos, me hacía mucha ilusión viajar a la capital inglesa y, de alguna forma, vivir un 14 de febrero ahí. Mi novio trabajaría el día entero y por la noche, según habíamos quedado, me alcanzaría para cenar juntos en el Pain Quotidien de Covent Garden. Dediqué la mañana a terminar unos textos y hacia el mediodía me lancé a recorrer calles y sorprenderme con la decoración de los escaparates a propósito de San Valentín. Aproveché para visitar la National Gallery y recuerdo que hasta acabé comprando un paraguas, de esos clásicos de tienda de museo: muy lindos, pero carísimos. De ahí, proseguí con mi recorrido, refugiándome en distintos cafés y tomando cualquier cosa para llegar con hambre a mi anhelada cena del día de los enamorados. Desde que había salido del hotel no había encontrado, ni buscado, red de WiFi. Fue en restaurante cuando al fin lo hice, tomando en cuenta que aún tenía media hora para checar Whats, FB, Twitter, iMessage... Entonces leí el mensaje en que mi novio me decía que, después de sus sesiones, se había organizado una cena, que pidiera algo de comer y que llegaría al postre. Lo escribió cómo cualquier cosa porque, obviamente, no sabía cuánto significaba para mí ¡por fin! festejar un San Valentín. En Londres. Y con él.

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De cualquier forma ya estaba ahí, así que pedí el menú especial que incluía una copa de vino blanco espumoso y un postre de chocolate que comí tan lentamente como pude, aunque al final mi novio sólo llegó a pagar la cuenta.

My #Valentine is apparently quite aware of my #chocolate consumption capability. #ALLthecandy

Una foto publicada por Kathryn Phoenix (@kathrynphoenix) el


Curiosamente, esa noche de lluvia sería la metáfora de nuestra relación que, por más momentos increíbles, si me tocara describirla lo haría con esos términos: fría, distante, en espera continua. Por eso, cuando al fin se terminó, me significó volver a los placeres simples, a los caprichos y gustos propios.

Y a todos nos pasa, ¿que no? Especialmente cuando tenemos relaciones de pareja en las que dejamos de escucharnos y nos amoldamos al otro de tal forma que un buen día no nos reconocemos más. En mi caso, al salir de esa dinámica de alguna manera renací y me di cuenta de todo aquello que ya no tenía que soportar: dar/recibir los mismos regalos de siempre (bolsa, perfume, loción, corbata, cinturón), conciertos de grupos que no me gustaban, reuniones que me aburrían, charlas de amigos que me resultaban burdas o insultantes, el harén formado por las amigas, las hermanas, la mamá... Sé que todo ello son gajes del oficio y que, solos o en pareja, la conviviencia social siempre tiene sus asegunes, no obstante, esta sensación de liberación no la cambio por nada.

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Hasta aquí todo va bien. Por ahora la soltería no me parece una etapa ni una transición, si acaso un destino en sí mismo. No sé que me depare la suerte, pero este 14 quisiera darme unos pequeños grandes lujos: cambiar de loción, hacerme un regalo vistoso, tapizar mi espejo de post-its con mensajes de amor propio y saborear hasta el último bocado cualquiera que sea el menú.

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