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La monogamia, ¿un compromiso cultural?

La monogamia, ¿un compromiso cultural?

A nivel evolutivo, hubo un momento en que el ser humano dejó de aparearse como lo pueden hacer los primates, para culturizar el sexo.

¿Es la monogamia un impulso natural o sólo cultural del ser humano?
Por Patricia Monge


 
 
Hablar de monogamia es adentrarnos en territorios pantanosos, ya que cada sociedad e individuo tiene una percepción particular del tema.


 

Sin embargo, hay ciertos puntos interesantes que sirven de plataforma para abrir debate y, sobre todo, invitar a la reflexión: ¿Hasta qué punto somos lo que realmente deseamos ser, o por el contrario, somos el resultado de un conjunto de normas socio culturales, que pretenden adaptar nuevos modelos a nuestras pulsiones biológicas?


 


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El peor error de la humanidad


 

El libro En el principio era el sexo, de la singular pareja Jack Ryan y Cacilda Jetha, es un estudio sobre la evolución sexual, el cual plantea que, en la prehistoria, la sexualidad humana se vivía de forma similar a como lo haría la mayoría de los animales: había apareamientos en cualquier lugar, sin parejas fijas y, mucho menos, una necesidad imperiosa de casarse. El sexo era polígamo y libre.
 


No fue sino hasta el Neolítico cuando todo cambió y se culturizó el sexo. Con la agricultura y la ganadería nació el concepto de la propiedad privada, la cual transforma la sexualidad en prácticas monogámicas como una forma de garantizar la continuidad del patrimonio familiar, la crianza de los vástagos y la proliferación de los genes dominantes. 

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De esta idea, se desprenden otras. Por ejemplo, según el científico estadounidense Jared Diamond, “hace unos 10,000 años, los seres humanos cometieron el peor error de su historia: inventar la agricultura”. Según Diamond, ese momento fue el inicio  para que después apareciera una casta dirigente para gestionar y apropiarse de los excedentes, crecieron asimismo las desigualdades, comenzó la superpoblación, se incrementaron las guerras por territorios, y, actualmente, la tecnología logró colarse hasta en los pliegos más íntimos de nuestras sábanas.

 
 

 


 
 
¿Primates libertinos?
 

Ryan y Jetha también intentan encontrar argumentos para su tesis en nuestros primos más cercanos, por lo que plantean que la sexualidad humana es similar a la de los bonobos, animales cuyo ADN es 98% similar al del Homo Sapiens, que los convierte en la especie más cercana en el planeta.


 

Así, científicos como Franz de Waal, Richard Wrangham y Dale Peterson, aseguran que los bonobos son los únicos primates (aparte de los humanos) que han sido observados realizando todas las actividades sexuales descritas por el Kamasutra: sexo genital cara a cara (principalmente hembra con hembra, seguido en frecuencia por el coito hembra-macho y las frotaciones macho-macho), besos con lengua y sexo oral, sin restricciones y a forma de saludo, bienvenida o para celebrar algún acontecimiento importante, como encontrar nuevas fuentes de alimentos.


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Vea también: La monogamia: esa costumbre bárbara que nos mata
 
 

Estos animales utilizan el sexo como una herramienta para mantener la paz entre los diferentes grupos, así como para el disfrute propio y comunitario como eje del sistema matriarcal en que viven. “Las hembras bonobo usan el sexo genital hembra-hembra como forma de establecer relaciones sociales entre ellas, fortaleciendo de esta forma el núcleo matriarcal de su sociedad. La estrecha relación entre las hembras, les permite dominar la estructura social. Si bien es cierto que los machos son físicamente más fuertes, no pueden plantar cara a un grupo unido de hembras”, según los antropólogos Richard Wrangham y Dale Peterson.


 En otras palabras, nuestros primos más cercanos entienden bien el concepto de “hacer el amor y no la guerra”.
 
 

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La polémica


 

Ryan y Jetha también dan unos pasos más adelante e intentan explicar que, por razones de elección evolutiva, la eyaculación masculina es única durante el coito, mientras que las hembras están preparadas para largas sesiones de sexo y con la posibilidad de alcanzar varios orgasmos.


 

Según ellos, esto se debe a que las hembras están anatómicamente preparadas para tener relaciones sexuales con varios machos a la vez y después, en el interior de su aparato reproductivo, se “seleccionaría el espermatozoide más adecuado para la fecundación”. Estas aseveraciones, sin embargo, no pueden comprobarse y buena parte de la comunidad científica lo ha negado, pero queda el hecho de que el cuerpo de la hembra tiene mayor resistencia sexual que el del macho desde el punto de vista anatómico. Desgraciadamente, esta teoría en realidad sirve más para calentar una conversación entre amigos que cualquier otra cosa, y además hay que tomar en cuenta que el ser humano no sólo se aparea por la necesidad intrínseca de reproducirse, sino que también influye el gozo. 


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Por lo pronto, desde el punto de vista evolutivo, la ciencia no puede responder este tipo de cuestionamientos, pero sí ofrece la oportunidad de abrir un diálogo y de poner los hechos sobre la mesa —o la cama— y así poder cuestionar nuestros patrones culturales y roles aprendidos. 


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