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A couple looks out towards Malaysia's skyline

¿Estás exagerando con Tinder y las citas amorosas?

¿Estás exagerando con Tinder y las citas amorosas?

Ten cuidado, es posible que estés frente al vicio de abusar de las citas y eso puede no ser tan positivo.

A couple looks out towards Malaysia's skyline
A couple looks out towards Malaysia's skyline

Por Violeta Verdú

Angélica se dio cuenta que algo no estaba bien cuando vio que no había tenido una noche libre en semanas. Llevaba 18 meses trabajando como asistente administrativa en una oficina que coordina servicios para bodas y su vida era, en general, bastante cómoda. Por fin vivía sola y su salario le permitía no compartir departamento, tenía un empleo divertido y ya había olvidado totalmente a aquel que fue su ex novio en la universidad. No era fea. Y sabía sonreír y coquetear. Era entonces una gran ventana de oportunidad para salir con quien quisiera.

Primero fue a tomar una copa con el chico que se encargaba de proveer vinos europeos a la empresa. La pasaban bien. Pero Angélica no estaba en mood de enamorarse ni mucho menos tener una relación así que le aclaró desde el principio que no pasaría de unas cuantas citas casuales.

Luego, unas amigas le contaron de Tinder y encontró su mina de oro: “no había nada más fácil: bastaba con tocar un ícono para tener un prospecto a date todas las noches”, recuerda. “En menos de dos semanas mi rutina hasta antes del almuerzo era coordinar mi agenda para verme con todos los matchs que me parecían interesantes. Al principio me pareció increíble porque, imagínate, una sola chica puede gustarle a más de diez chicos ¡qué maravilla! Siendo así, no estaba ni remotamente interesada en tener un compromiso con uno solo, ¿para qué comer un solo dulce si tenía toda la dulcería a mis pies?”.

Copas de Vino
Copas de Vino

Citas que empalagan

En poco tiempo, Angélica se acostumbró a su nuevo estilo de vida: Lunes con el de los vinos, martes con el de la oficina de enfrente, miércoles con el de Tinder que está de paso por la ciudad, jueves con el ingeniero en sistemas, viernes con el chef… y francamente en un principio le pareció divertido.

“Ni siquiera me acosté con todos, no se trataba sólo de eso, sino de la emoción de tener una cita y otra más. Incluso, un poco la adrenalina de que algunos de mis galanes me vieran con la cita en turno”. Angélica estaba convencida de que eso le gustaba: la emoción del momento. El problema, claro, empezó cuando de repente, Angélica se sintió más cansada y aburrida y dejó de encontrar atractivo en sus citas de prácticamente todas las noches.

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La sicóloga Carmen Moguel explica que “en estos tiempos del Amor líquido (término creado por el polaco Zygmunt Bauman que define la fragilidad de las relaciones humanas en estos tiempos modernos. Vivimos en un mundo lleno de tentaciones pero son cada vez más fugaces. Pasa que con la nueva tecnología que hay muchos canales para conocer gente, con sólo darle la opción “Sí” a la pantalla de un celular, lo cual nos hace menos pacientes, tolerantes e insatisfechos permanentes”.

Agrega: “Ser soltero no es malo, ni mucho menos tener un estilo de vida de soltero, el problema es que cuando una persona busca algo que no tiene claro en una y otra y otra cita, acabará sintiéndose vacía y perdiendo una idea clara de lo que espera para su futuro”.

Angélica vivió eso en carne propia. Hubo semanas en las que tenía citas con chicos prácticamente todas las noches y eran contadas las ocasiones en que repetía compañía. Con el paso de los meses, sintió fastidio de dar siempre el mismo discurso de presentación, de contar muchas veces el mismo chiste y de beber siempre un Martini de manzana. El problema es que estaba metida en el rush y en la adrenalina que ello le generaba y dejarlo no era tan fácil.

La adicción de gustarle a todos

“Toda aquella actividad que ocupa buena parte de nuestros pensamientos y ocupaciones del día, y que empieza a representar una distracción u obstáculo para nuestras actividades diarias, es una adicción en potencia. Salir con muchas personas o tener muchas parejas genera lo mismo que una sustancia: nos eleva las conexiones neuronales y empezamos a querer más y más”, dice Carmen.

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Afortunadamente para Angélica, se dio cuenta a tiempo y además se percató de que todas esas citas eran con un objetivo básicamente vacío: ya no importaba mucho si le gustaban o simpatizaban, no se trataba de tener una buena charla ni un gran one nigth stand, simplemente era salir por salir, un poco por miedo a sentirse sola y otra por el infinito placer que le ocasionaba gustarle a tantas personas.

Decidió reducir sus citas a dos veces por semana sólo si le apetecía y optó por hacer un ejercicio que había perdido: detenerse a analizar si esa persona le gustaba, o no. Ahora, no tiene novio y sigue llevando una vida libre de soltera pero intenta salir sólo con las personas que realmente le pueden parecer atractivas. “No pasa nada si un jueves en la noche te quedas en casa a ver Netfilx o pintarte las uñas, también puedo pasarla bien”, asegura.

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