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En busca del orgasmo perdido

En busca del orgasmo perdido

Hay que tener presente que el clímax no es el único fin de una relación sexual

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Por Andrea Mireille

Hace dos años el Doctor Stuart Meloy notó que su teléfono sonaba más de lo acostumbrado. No era para menos, el también cofundador de la Advanced Interventional Pain Management para la atención de dolores crónicos había patentado una pequeña caja que, junto con un implante en el cuerpo, produce orgasmos con sólo tocar un botón.


Como muchos de nosotros, The Orgasmatron fue un accidente: uno de los pacientes de la clínica reportó que el implante para aliviar su malestar tuvo un efecto inesperado: el aparato desencadenó un orgasmo e intensas sensaciones de placer.

El dispositivo requiere cortar gastos y comprobar su efectividad para tratar disfunciones sexuales, por lo que su llegada se antoja lejana, pero afortunadamente no dependemos de la tecnología para alcanzar el éxtasis sexual.

Todos quieren sentir un orgasmo: quien prueba, repite su nombre y evoca sensaciones tan gozosas que se ha extendido a otros placeres: a la comida (foodgasm), acostarse (bedgasm) o a escuchar música (eargasm). Su intensidad avasalladora nos hace olvidarnos de todo por un instante y nos hace sentirnos capaces de ver a la divinidad misma entre las piernas.

Mujer recostada
Todos buscan lo mismo...


Desigualdad bajo las sábanas
Resulta lamentable saber que muchas mujeres no conocen en absoluto esta sensación o que, según la sexóloga e investigadora Carol Queen, de la juguetería y centro educativo Good Vibrations, hasta un 70% rara vez o casi nunca lo alcanza durante las relaciones sexuales, contra el 75% de los caballeros que sí lo logra. La desigualdad se cuela entre las sábanas.

Una pregunta común es cómo saber si se ha tenido un orgasmo, ante lo cual surge una respuesta de poca ayuda: "Lo sabes y ya". Nada es tan simple y para averiguarlo debemos tener idea de qué es lo que deseamos conseguir. El orgasmo es, esencialmente, una reacción física, una descarga controlada por el sistema nervioso autónomo, que se produce como parte de las fases de la respuesta sexual humana: deseo, excitación, meseta, orgasmo, resolución y refracción. Esto es lo primero que debemos recordar: se trata de una parte del proceso, no de una meta o fin único, como tampoco es algo que ocurre mágica e inesperadamente, ni con tocar un botón.

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Durante los 23 segundos que dura para las mujeres -sólo seis para los hombres-, suele experimentarse euforia, espasmos, una sensación de desconexión, desvanecimiento y desde luego bienestar, relajación y tranquilidad. De ahí la conocida definición de petite mort (la pequeña muerte).

Una vez que sabemos de qué se trata, podemos buscar ese placer, el cual puede alcanzarse de muchísimas (y deliciosas) maneras: mediante la masturbación, con el uso de juguetes, estimulación oral o manual así como relaciones sexuales con y sin penetración.

Pareja besándose en la cama
Números importantes: 23 y 6.


Orgasmocentrismo
El desconocimiento no es útil en ningún área de la vida, pero como sabemos, predomina prácticamente en todas y la sexual no es la excepción. El primer paso es informarse. Francisca Molero, sexóloga, ginecóloga, directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona y directora del Instituto Iberoamericano de Sexología, señala que muchas mujeres ignoran su anatomía, además de que los genitales femeninos, a diferencia de los masculinos, no están expuestos, por lo que requieren descubrimiento y aprendizaje para ser estimulados.

Cuando se practica la masturbación con regularidad, pueden desarrollarse mecanismos determinados que le permitirán llegar al orgasmo. El autoerotismo le hará descubrir qué siente exactamente, pues aunque el porno y la publicidad nos digan que todo se reduce a cerrar los ojos, retorcerse, gritar o a morder una hamburguesa, ningún orgasmo se parece, el placer no entiende de estándares; las expresiones, gemidos, movimientos y sensaciones son únicos.

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Igualmente, conviene olvidarnos de prejuicios y comparaciones. Con frecuencia, cuando no conseguimos tener un orgasmo (o no tenemos una pareja), creemos que todo el mundo está teniendo sexo: no sólo eso, sino el mejor sexo de sus vidas, lo que aumenta las inseguridades y crea frustración. Asimismo, es necesario dejar de vernos como proveedores y suministradores: ni el hombre es quien va enseñarnos y darnos placer, ni las mujeres somos un receptáculo que ellos usan para saciarse y vaciarse. Somos personas con deseos sexuales y con capacidad para cumplirlos solos o acompañados. Ninguna de estas formas es, necesariamente, mejor que otra; sólo son distintas maneras de disfrutar.

Otro punto crucial es no obsesionarse si al momento de masturbarse o tener una relación sexual nos enfocamos únicamente en ello, o pensamos que no lo lograremos. En vez de gozar, se volverá una tortura. Molero habla del orgasmocentrismo, la fijación que nos hace creer que el clímax es el único fin y al que señala como una reducción de la sexualidad todavía vigente.

También es importante ponerse en contacto con expertos en salud física y mental para descartar cualquier bloqueo -o en su caso tratarlo-, así como revisar si hay algún padecimiento o enfermedad que este interfiriendo con nuestro desempeño. Debemos aprender a disfrutar de cada paso y extender el placer más allá de la cama.

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