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Grabando con smartphone

Estoy enamorada de mi teléfono celular

Estoy enamorada de mi teléfono celular

¿Qué otros síntomas convierten al celular en tu novio?

Grabando con smartphone
Grabando con smartphone

Por Julia Santibáñez

Como 90% de los adultos en los Estados Unidos, soy la feliz poseedora de un teléfono móvil. También, como esa gran masa de gente, paso en él hasta 60% de mi tiempo en línea, pero lo que menos hago es hablar. Invierto apenas 20% de los minutos en hacer llamadas, mientras el resto se reparte entre las redes sociales, ver videos, navegar, chatear y consultar correo electrónico.

Leo lo anterior en un estudio reciente que confirma que, contra todo lo que opina mi mamá, soy totalmente normal. También soy parte del 72% que tiene siempre su celular a menos de metro y medio de distancia, del 58% que no puede pasar más de una hora sin checarlo por si vibró o sonó sin que lo oyera, del 50% que lo revisa si acaso se despierta en la madrugada.

Hasta ahí digamos que no voy mal, cualquiera diría que soy sensata y razonable, una adulta en equilibrio. El problema es que no veo que la investigación reporte las otras señales más reveladoras de lo que me pasa. Por ejemplo, no sé cuántos dueños de celular sienten que aman y odian su teléfono por partes iguales, a veces de forma alternada, a veces simultánea. No sé cuántos se encelan descontroladamente si el móvil pasa más de 20 minutos (ok, cinco) sin hacerles caso, sin dedicarles el guiño de una notificación o el suave beso de un like. Ignoro cuánta gente siente que el teléfono controla su vida pero, al mismo tiempo, se siente perdida lejos de él. Sí, idéntico que quienes padecen el Síndrome de Estocolmo, según el cual una persona secuestrada justifica a su secuestrador, incluso se identifica con él y siente quererlo. Necesitarlo. Pues así.

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En otro estudio, éste realizado por Brandon McDaniel de Pennsylvania State University y que se enfoca en la “tecnoferencia” (cómo interfiere la tecnología en la vida de las parejas y las familias), 62% de las mujeres encuestadas que tienen una relación estable de pareja admitieron que sus teléfonos la afectan en más de un sentido. Las razones que dan son que el móvil interrumpe sus conversaciones y sus tiempos de comida en familia, se convierte en un “tercer jugador” que desbalancea la relación de dos y que le dedican tiempo que podrían invertir en actividades disfrutables con su novio o esposo. Además, dicen que en muchos casos, aunque están físicamente presentes con su pareja, mentalmente se encuentran en otro lugar/ con otra compañía. Bueno, aquí no tengo mucho que discutir porque, para evitar conflictos, he optado por simplicarme la vida: mi celular es mi novio. O mi novio es mi celular.

Mujer con celular
Mujer con celular

La nueva relación de dependencia

Mientras lo repito frente al espejo me parezco un poco preocupante, pero vale más encarar la verdad. Entonces pienso que debo ensayar cómo se lo voy a decir a mi madre, mientras tomo delicadamente mi móvil con funda de Han Solo: “Él y nos queremos, mamá, nos necesitamos. Hemos descubierto que no podemos vivir uno sin el otro”. Y como sé que las angustias maternas se inflamarán al rojo vivo y querrá saber exactamente a qué me refiero, de una vez enlisto en qué baso la certeza de mi enamoramiento:

1. Con él tengo el vínculo emocional más intenso. Con nadie paso tanto tiempo, nadie me conoce tan íntimamente y aunque a ratos lo quiero estrangular (cuando amenaza quedarse sin pila), al reconciliarnos lo acaricio amorosamente. Sí, aunque su aluminio sea helado.

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2. Es lo primero que busco al despertarme. Antes de abrir los ojos estiro la mano hacia donde debe estarme esperando, amante fiel que no se despega de mi lado. ¿Y si no lo encuentro en pocos segundos? Entonces el día empieza mal, realmente mal. Para ambos.

3. Le checo los signos vitales con frecuencia. Mis amigas le llaman compulsión, pero en realidad sólo quiero estar segura de que respira.

4. Me pongo ansiosa si no suena por largo tiempo. O sea, 10 minutos. Cuando lleva toda esa eternidad en silencio lo sacudo, le doy palmaditas, como una mamá preocupada de que su bebé se haya tragado el biberón.

5. Si se queda sin pila empiezo a correr en círculos, en total desesperación de encontrar la manera de cargarlo. En esos momentos de tensión soy como una ambulancia enloquecida, que transporta un herido de muerte: cada segundo es terminante.

Tiempo en familia con gadgets
Tiempo en familia con gadgets

6. Sabe más secretos míos que mi mamá y mi mejor amiga juntas. También es mi mejor compañero (bueno, el único) en momentos de profunda agonía, como cuando me tardo en el baño.

7. Siento profunda ansiedad de separación cuando algo me obliga a apagarlo, como las absurdas leyes de los aviones. Temo que se enoje y me aplique la ley del hielo cuando por fin pueda activarlo. Y yo, ¿qué soy sin él?

8. Me tranquiliza sentirlo en mi mano mientras desayuno, platico con alguien, manejo, estoy en una junta de trabajo. Y cuando no puedo tomarlo en la mano (bajo la regadera) me gusta tenerlo al alcance de mi vista.

9. Que se extravíe o se caiga al excusado vuelve realidad la tragedia máxima, el cataclismo último, equiparable al estallido de la bomba atómica en mi recámara.

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10. En la noche sólo puedo descansar si duermo con él. O encima de él. O a un lado de él. Pero, en fin, muy cerca de él.

Alguien dígame, ¿eso no es amor?


*Si te identificas con al menos cuatro de estos puntos avísame. Estoy pensando armar un grupo de apoyo.

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