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Hombre en oficina

Current mood: ¡Malditos propósitos de Año Nuevo!

Current mood: ¡Malditos propósitos de Año Nuevo!

Ayer, hoy y siempre, que no nos toquen las narices, señores.

Hombre en oficina
Hombre en oficina

Por Dirk Wagenführer

Han descubierto que el tercer lunes del mes de enero es el día que más infelices nos sentimos. Pero por qué hacen eso, si ya de por sí el lunes como primer día de la semana suele tener pocos amigos. Resulta que dicen los investigadores que justo ese día es cuando nos damos cuenta de que las vacaciones de Navidad han pasado a la historia y que todavía no hemos cobrado el primer sueldo del año. Y por si fuera poco, afuera hace un frío de miedo y cuando uno se levanta por la mañana parece que es noche cerrada de lo oscuro que está todavía. Un desastre.

Sin embargo, lo peor es que debe ser justo ese tercer lunes del año nuevo cuando nos damos cuenta de que otra vez no hemos sido capaces de hacer realidad todos esos buenos propósitos que teníamos. Las intenciones siempre son buenas: hacer más deporte, comer sano, escuchar mejor a nuestra pareja… hablando del tema me estoy acordando de un chiste que me gustó: le dice un amigo al otro: “mi mujer me ha dado un ultimátum, o la escucho mejor cuando habla o…. no sé que más me ha dicho.” Para volver al tema en el que estábamos, propongo que nos valgan un pepino los malditos propósitos y, a disfrutar, que la vida se va a acabar.

Hay cosas que a partir de una cierta edad ya no se pueden hacer sin perder la dignidad. Girar la visera de una gorra de béisbol hacia atrás es una de ellas. Si quieres hacer el ridículo subes el cuello de tu Polo hacia arriba; llevas uno de esos pantalones patéticos para hombres que acaban en tierra de nadie, entre la rodilla y el tobillo o te pones cosas de Ed Hardy. Sin embargo, hay algo que no puedo dejar de hacer: me gusta llevar mis pants de Adidas. La relación que tengo yo con ellos me recuerda a mi pubertad: mis padres me decían una cosa y yo hacía justo lo contrario, un reflejo casi sobrenatural, y eso mismo me está pasando con mis pants. Y miren que me han dicho cosas por llevarlos: que parezco un camarero de un bar de mala muerte en libertad condicional, que mi pinta es un insulto y una falta de respeto hacia la gente que me rodea o que me cuesta reconocer que ya estoy entrado en años y que por eso llevo la misma pinta que mi cantante favorito, René Pérez, de Calle 13. ¿Saben qué? ¡Me da lo mismo! Ese momento cuando vuelves del trabajo, te quitas la ropa de oficina y por fin te puedes pones tus pants, para mí es sagrado. Lo siento, pero soy así de impresentable.

Hombre ejercitándose
Hombre ejercitándose

Como les decía, últimamente parece que los científicos me quieren tocar las narices. Resulta que han descubierto que el héroe de mi infancia, el legendario James Bond, es alcohólico. Han analizado el comportamiento de 007 a la hora de tomar alcohol y según este estudio no cabe duda: el hombre está enfermo. ¿Pero bueno, esta gente de qué va?, ¿se habla así de un hombre que ha salvado el mundo no sé cuántas veces? ¡Respeto, señores! 007 no solamente es una figura, si no también el prototipo de hombre como tiene que ser: guapo, fuerte, valiente y ligón.

Cuando ya más o menos había digerido ese golpe bajo me enteré de la siguiente mala noticia para el sexo masculino: han revelado que un gusano con el nombre científico Eurythoe tiene la particularidad de que, una vez que se le ha extraído el cerebro a la hembra, el mismo animal se transforma en macho. Queridos biólogos, psicólogos, antropólogos o quiénes sean responsables de estos estudios infames, por qué no se ocupan de verdaderos misterios como: ¿por qué en la recepción del hotel siempre nos atiende la chica más guapa del turno cuando habíamos hecho uso de los canales de Pay TV para –claro está- ver un documental de National Geographic? También podrían descubrir por qué en los probadores de las tiendas de ropa siempre hay posters de modelos con cuerpazos bronceados mientras nosotros nos probamos un traje de baño con los calcetines puestos, luciendo piernas color pergamino, viendo nuestra miseria en un espejo gigantesco. Lo único que de verdad les pido es que me dejen en paz con estudios estúpidos que no sirven para nada más que para destrozar mi autoestima.

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Cuando viajo me gusta ir al gimnasio por la mañana: me da energía para todo el día y parece que te has ganado el desayuno. Sin embargo, una vez casi me partí la cabeza. Estaba en uno de esos aparatos en los cuales te sientas para empujar las barras de ambos lados hacia adelante hasta pararlas justo delante de tu cara, antes de iniciar la rutina pones una clavija atrás donde están las pesas para regular la resistencia y, al parecer, aquel día no puse bien dicha clavija, porque en pleno ejercicio se cayó de su sitio y con la misma fuerza con la cual empujaba las barras hacia adelante se fueron sin resistencia alguna hacia mi cabeza. El golpe que las asas de hierro me dieron en ambos lados de la cara fue impactante. Estaba medio desmayado cuando me llevaron al restaurante del hotel donde amablemente me facilitaron dos bolsitas con hielo. Vaya escenita, sentado en un restaurante de lujo, sudado con una pinta infame y una bolsita de hielo en cada lado de mi cara. Ahora mi mujer dice que desde que me he dado el golpe estoy mejor, que algo se me acomodó. Ella sabrá.

No cabe duda, los alemanes (sí, soy alemán por si no lo habían notado en mi nombre) tenemos nuestro puntos raros: el fútbol femenino estaba prohibido en nuestro país hasta el año 1970. El 70% de los libros sobre impuestos a nivel mundial se han publicado en Alemania. Tenemos leyes como una norma de viajes para empleados públicos que dice: si un funcionario se muere durante un viaje, el mismo se considera terminado. Nos encanta separar basura para cuidar el medio ambiente, pero rechazamos contundentemente que nos pongan límites de velocidad en nuestras autopistas…

Ilustración James Bond
Ilustración James Bond

Sin embargo, el colmo fue un artículo que salió en el periódico Badische Zeitung de Friburgo que se titulaba “Standing Urinations”, que hablaba de un señor que había alquilado su casa a un hombre que al parecer no tenía ganas de sentarse cuando meaba. Cuando el inquilino se fue de la casa, el casero no se lo pensó dos veces y se quedó con la fianza que había cobrado, decía que el suelo de mármol de su baño estaba mal por culpa de las malas costumbres de su ex inquilino. Al final, el juez al que le tocó solucionar este conflicto monumental (que en Alemania se ha convertido en una especie de guerra entre los sexos) le dio la razón al hombre que se negaba a sentarse. Menos mal, porque el día que un juez me diga de qué forma debo hacer mis necesidades biológicas yo me voy. Se los juro.

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En 2015 celebramos el 50 aniversario de Nutella. Ese mismo año murió el genio inventor de esta delicia, Michele Ferrero. Por supuesto, nunca llegué a conocerlo personalmente, pero debo decir que su muerte de alguna forma me ha conmovido. Dicen que el abrazo es el primer gesto humano: lo hacemos instintivamente y lo repetimos según las ganas y vida social de cada uno hasta que morimos. Será cierto, o no. Pues bueno, para mí el segundo gesto humano ha sido meter mi dedo meñique en el folio de un bote de Nutella virgen. Desde que soy niño desayuno pan con Nutella. El que meta un bote de Nutella en el refrigerador nunca será amigo mío. La compra de plagios de Nutella está prohibida en nuestra casa. Un bote de Nutella gigante que compramos cuando introdujeron el Euro en el 2002, y que nos acabamos en un pis pás, nos sirve desde entonces de alcancía cuyo contenido subvenciona la compra de caprichos. Apuesto la cabeza a que mi generación será la primera de la tercera edad que seguirá comiendo Nutella. Para mí el primer criterio a la hora de elegir la residencia de retiro va a ser si tienen Nutella o no. Que lo sepas Michele, si no hay, me buscaré otro lugar. Te lo prometo.

En el 2015, lo confieso, me volví adicto. No pude dejar de ver Breaking Bad. Me la recomendaron y, al igual que la mayoría, me enganché. Sin duda alguna se trata de la mejor serie de todos los tiempos. Cuenta la historia de un profesor de química que por circunstancias de la vida se transforma de padre de familia en criminal. Para mí los profesores de química eran enemigos naturales, quienes no solamente me amargaban los días, si no también hundieron mi calificación final de bachillerato. Apreciado señor Schulz: que me haya reprobado en el examen oral del último curso no se lo voy a perdonar jamás. Por cierto, no me gustó su pregunta de que si habíamos leído el mismo libro para preparar el examen. Pues sí, era el mismo libro. Lo que pasó fue que yo lo interpreté de otra manera.

¿Qué más quería contar? Vladimir Putin propuso otorgarle a Sepp Blatter el premio Nobel de la Paz. Sin comentario.

El narco “El Chapo” Guzmán se escapó por un túnel de una prisión de alta seguridad. Dicho túnel tenía una profundidad de 10 metros y contaba con iluminación y tubos de plástico para ventilarse. Una auténtica maravilla. A los que construyeron el túnel: ¿no tendrán un hueco para dedicarle un poco de tiempo a la expansión, ahora sí eficiente, del Metro en Ciudad de México? El dictador gordo y enano de Corea del Norte, el ilustre Kim Jon Un, ejecutó a su jefe del servicio militar. El hombre estaba en un karaoke y cantaba un himno socialista que el régimen suele entonar en eventos oficiales; como estaba borracho y de buen rollo cambió la letra del himno de “odia a tus enemigos, ama tu patria” en “ odia a tu esposa, ama a tu fulana”. Oye, Kim Jon Un, si tienes tan poco sentido del humor al final no me voy a comprar mi depa de vacaciones en Pjöngjang, ¿eh? Donald Trump se presentó como candidato a la presidencia en Estados Unidos y lideró las encuestas durante muchos meses. Estimados republicanos: ¿a quién nos van a poner en las próximas elecciones? ¿A Homero Simpson, Shrek o Charlie Brown (btw, feliz cumple por los 60 añitos)? A estas alturas ya no importa. Por último, querido 007: por favor deja de tomar Martini y cámbiate definitivamente a la cerveza. Sabe mejor y consumiéndola con moderación es incluso saludable. Ya ves, los hombres te necesitamos.

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