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Conversación entre dos personas

¿Sabes escuchar?

¿Sabes escuchar?

Sorprende lo egocéntricos que podemos ser. ¿Te contamos por qué? ¿O tampoco te interesa?

Conversación entre dos personas
Conversación entre dos personas

Por Lía Bonaparte

Escuchar es todo un arte, en serio. Parece, de pronto, que casi nadie sabe hacerlo desinteresadamente. No sólo se trata de poner atención en lo que te dicen, sino de analizar el mensaje, no interrumpir, no juzgar y hacer las preguntas correctas. La verdad no es nada fácil, tal vez por eso tus amigos cada vez te cuenten menos cosas.

Pero en lugar de preocuparse, hay que ocuparse. Así que pon atención. Si te preguntáramos qué profesionales crees que son los mejores escuchas, ¿qué contestarías? Pues los que ganan dinero por escuchar. Los psicólogos han dedicado mucho tiempo y estudios a encontrar la mejor manera de internarse en la mente de sus pacientes para poder ayudarlos. Y nos inspiramos en uno de ellos para escribir este artículo: Carl Rogers.

Rogers (1902-1987), humanista pionero en la investigación psicoterapéutica, creía que las personas hacemos lo mejor que podemos con los recursos que tenemos pero que al sentirnos juzgados, comenzamos a dejar de expresarnos. Por eso, para que las personas crezcan, necesitan desenvolverse en un ambiente seguro que los ayude a ser ellos mismos.

Según su “enfoque centrado en la persona”, para que este nivel de confianza se logre, el escucha debe ser auténtico, aceptante y empático. Y aunque esta sea una teoría diseñada para psicoterapeutas, el mismo Rogers decía que podía usarse en todos los ámbitos de la vida y a mí me ha funcionado de maravilla. Así que te contaremos más sobre estas tres condiciones para ser buen escucha y sobre lo que Rogers llamaba “la docena sucia”. Para oreja:

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—Autenticidad. Tiene que ver con lo que sucede dentro de ti al comunicarte con alguien en particular y con lo que haces con ello. El objetivo es lograr expresar lo que sientes en la comunicación con el otro siempre poniéndolo a su servicio. Cuando haces esto, las personas con las que hablas perciben que eres congruente porque las acompañamos desde tu interior, pero sobre todo que le das importancia a lo que dicen.

Por ejemplo, si tu prima te está contando cómo le dolió cuando murió su perrito y tú recuerdas el momento en que murió tu gato, no vale decirle: “sí, me acuerdo cuando se murió Mefistófeles. Estuve tres días seguidos tirada en la cama llorando. Bla, bla, bla”. Lo que acabas de hacer es desviar la conversación hacia ti y comunicarle a tu prima que su dolor no es tan grande como fue el tuyo. La invalidaste. Lo que debes hacer es pensar en cómo se siente ella en su situación, recordando cómo te sentías tú, puedes hacer una intervención mucho más valiosa para tu prima como: “Me imagino lo triste que debes estar. Él era tu compañero incondicional”. Así, das pie a que comparta contigo su tristeza.

Ahora, veamos, ¿qué pasaría si en lugar de estar hablando de su mascota, tu prima está hablando del “sexo salvaje y liberador” que tuvo? Al tratarse de un tema controvertido que posiblemente mueva algo en tu interior, puede que te escandalices o que te preocupes porque la quieres, o que te parezca algo súper divertido y cool. En cualquiera de estos casos, el impulso será decir cosas como: “Pero si lo acababas de conocer ¿no?”; “¿usaste protección?”, o “¿en serio? ¡Qué envidia! Me urge una noche loca”. El problema con todas estas respuestas es que llevan un juicio de por medio o son egoístas, de nuevo. Estás llevando la conversación a tus necesidades y no a las de tu prima. Una mejor intervención, puesta al servicio de la escucha, sería recurrir a preguntas que citen sus propias palabras, por ejemplo: “¿cómo te liberó esa noche?”.

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Ojo: es importante observar cuáles temas te molestan. Si no los identificas bien, fíjate cuáles tiendes a eludir o en cuáles te defiendes inconscientemente desviando la conversación hacia otras cosas. Si te sientes amenazada, te será difícil ser auténtica y mantener una aceptación positiva incondicional, de la cual te contaré ahora.


—Aceptación positiva incondicional. Es como el amor que le tiene una madre a un hijo. Claro que el amor siempre es condicionado, no pienses en las veces que te has sentido juzgado por tu mamá y en todas las expectativas que tiene sobre ti. Se trata de ese amor que lo perdona todo. Ese es el respeto que deberíamos intentar demostrar con las personas cuando nos confiesan algo íntimo. Ese es, al menos, el nivel de aceptación al que aspiran los terapeutas discípulos de Rogers, aunque a veces sea una tarea muy difícil.

Para aproximarse, Rogers propone centrarse en los aspectos descriptivos de la situación y evitar al máximo la interpretación de lo que te cuentan. Por ejemplo, ahora utilicemos a tu amigo Juanito, que llega llorando a tu casa. Tú nunca lo habías visto llorar y entonces asumes que está deshecho y le preguntas: “¿por qué estás tan triste?”. Primer error: tú no sabes si llora de felicidad, de rabia o de desolación. Acabas de interpretar de acuerdo a tu marco de referencia y quizá sería mejor preguntar “¿qué pasó?” para entender sus emociones.

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Entonces Juanito te dice: “soy un monstruo, le fui infiel a mi esposa”. Esta es una situación en la que puede surgir un juicio, aunque no sabes bien qué es lo que realmente ocurrió. Lo mejor es tener más datos. Rogers piensa que la mejor manera de hacerlo es reflejando lo que él está diciendo (“entonces piensas que eres un monstruo”) así, en tono de afirmación, en lugar de preguntar (“¿por qué te sientes un monstruo?”), pues esta segunda opción lo llevará a querer justificar su postura e intelectualizar lo aleja de sus emociones, mientras que la primera puede ayudar a que profundice en sus sentimientos.


—Empatía. Escuchamos tanto esta palabra que creemos que somos maestros en ponernos en los zapatos del otro, sin embargo, ¿realmente lo hacemos? Ponerte en el lugar del otro es tratar de entender su situación como si tú mismo la sintieras, para después regresar a tu lugar como escucha. A lo mejor te estás preguntando ¿cómo puedo ser empático en un situación en la que nunca he estado? Fácil: la empatía no tiene que ver con la circunstancia como tal, sino con el sentimiento detrás de ésta. Pongamos otro ejemplo: tu pareja te cuenta que cada vez que recuerda cómo le pegaba su papá se siente incapacitada para la vida. Quizá tú no hayas sido abusado físicamente por alguien, pero puedes entender el terror y la impotencia que pudo sentir una niña de 5 años al ser maltratada por un ser al que amaba.

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El aspecto más importante de la empatía, según Rogers, es comunicarla. De nada sirve que entiendas perfectamente a quien te está contando un problema si no se lo haces saber. La comunicación de la comprensión empática es justamente esto: decirle al otro que entiendes la magnitud de su sentimiento y que estás con él. Lo más efectivo es mencionar el sentimiento que crees que tiene con una frase de este tipo: “Me imagino la rabia que te da al recordarlo ahora”.

Conversación Hombre y Mujer
Conversación Hombre y Mujer


La docena sucia

En el tiempo que me he hecho más consciente de la importancia de escuchar lo que nos comunican, me he sorprendido de las veces que aleccionamos, nos colocamos como superiores o imponemos nuestras necesidades a las de los demás sin darle importancia a los sentimientos que nos están manifestando (expresarlos es lo que realmente sirve como desahogo). Según Rogers, existen 12 respuestas comunes que obstaculizan la escucha y la comprensión. Cuando alguien te abre su corazón, tú:

1. Ordenas, diriges, mandas: “No hagas eso”.

2. Adviertes, amonestas, amenazas. “Si sigues reprochándoselo te va a dejar”.

3. Exhortas, sermoneas, aleccionas. “Deberías ser más paciente”.

4. Aconsejas, das soluciones o sugerencias. “No le hagas caso”.

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5. Das discursos, cátedra, argumentos lógicos. “Sólo enfrentando tu soledad te encontrarás a ti mismo”.

6. Juzgas, criticas, culpas. “Tus reacciones delatan tu inmadurez”.

7. Siempre estás de acuerdo, sigues la corriente. “Tienes toda la razón”.

8. Pones apodos, ridiculizas, avergüenzas. “Eso es una tontería”.

9. Interpretas, diagnosticas. “Claramente estás celosa de ella”.

10. Minimizas los sentimientos del otro. “A todos nos ha pasado. Te conté cuando …”

11. Preguntas, interrogas. Te centras en la información más que en la persona. “¿Y qué le contestó tu hermana a tu mamá?”.

12. Distraes, humorizas, entretienes. “Te voy a contar una anécdota”.

Recuerda, concéntrate en el sentimiento de la persona y en comunicarle que la entiendes. Esto es lo que la puede ayudar a sanar.

Si quieres profundizar más en el tema, puedes ver estos puntos explicados por el mismo Carl Rogers y luego cómo los aplica en una famosa entrevista con la paciente Gloria en este video:


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