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¿Sirve de algo hacerle reclamos a tu pareja?

¿Sirve de algo hacerle reclamos a tu pareja?

Basta de minimizarlos, porque la mala forma de hacer o recibir los reclamos del otro aumentan la posibilidad de la fractura de una pareja.

Conoce lo que se oculta detrás de los reclamos.

Por Valeria Villa 


Es una de las enfermedades graves de una relación amorosa. John Gottman, a lo largo de 40 años, ha estudiado a cientos de parejas y sostiene que uno de los rasgos que aumenta las posibilidades de que el odio le gane al amor, es la incapacidad para la confrontación sin hacer reclamos.

Reclamar es comunicar con rabia, amargura, tristeza y una buena dosis de chantaje, a tu pareja que ha hecho algo que te lastima, que te hizo sentir poco querido, poco importante, amenazado, invisible o quizá excluido. Todo lo que alguna vez sentiste cuando nadie te preguntó por qué llorabas. Cuando nadie te consoló porque pensaban que hacías un berrinche y que ignorarte era el mejor método educativo. Cuando tu madre llegó tarde por ti al colegio y eras el último que quedaba en el patio escolar. Todo eso se remueve cuando le reclamas a tu pareja. 

El fantasma del abandono

La lista de las cosas que te pueden lastimar es personalísima e incuestionable. Que alguien que te ama te diga que estás exagerando, que está cansada de lo mismo, que te responda con poca delicadeza, que te amenace con dejarte porque eres intratable, insufrible, insoportable, activa el botón del miedo de los miedos: ser abandonado. 

Vale decir que algunas veces el machismo ronda el tema de los reclamos. Las mujeres tienden a ser mucho más obsesivas con los detalles, con las ofensas y con todo, por lo que su capacidad para reclamar es mayor que la masculina. Es misoginia pura descalificar los sentimientos de una mujer, llamándola hormonal, neurótica, loca, “argumentando” que su forma de sentir es excesiva, que se descontrola y llora. Sobran hombres que odian ver llorar a su mujer, porque les dan flojera los dramas o porque tal vez se sienten culpables y no saben pedir disculpas. También ocurre al revés, aunque en menor proporción: hombres que reclaman, mujeres que odian los reclamos.

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Cada quien debería hacerse cargo de sus enojos y frustraciones y aprender a manifestarlos lo mejor que pueda. No existe la exageración en el mundo subjetivo (a menos que esté presente un trastorno de personalidad) y lo único que puede darle forma al caos que muchas veces es la vida de pareja, son los acuerdos.

Si no hay pactos básicos de convivencia (qué cosas se valen y cuáles no), no existe el derecho legítimo al reclamo. Si se rompe el pacto, se vale reclamar, intentando hacerlo sin gritos, ni insultos, ni ira, ni golpes bajos para lastimar a quien nos lastimó. Y si todo sale mal y la pareja se deja arrastrar en una pelea horrenda, sólo queda pedir perdón y buscar la reparación. También evaluar cuánto bienestar contra cuánto malestar se vive en la relación. Cuando las cuentas no salen, y los reclamos se vuelven una enfermedad crónica, tal vez ha llegado el tiempo de una separación temporal o definitiva.


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