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¿Mi mascota o mi pareja?

¿Mi mascota o mi pareja?

Ocurre que encuentras al amor de tu vida. Pero ese gran hombre detesta a tu mascota.

¿Mi mascota o mi pareja?

Por Laura Martínez Belli


Llevas un par de años con una perrita que rescataste de un refugio y se han vuelto inseparables. Se acompañan, se acurrucan a ver la tele después del trabajo, cuando estás sola y sin nada que hacer la llevas al parque, si has tenido un mal día te lame, corren juntas…  


Es una gran responsabilidad e inviertes dinero en ella, pero también una enorme fuente de satisfacción, pero sobre todo: siempre que vuelves a tu hogar, a pesar del silencio, no está vacío.  Y de pronto, un día, empiezas a salir con alguien.   El hombre es perfecto: tienen muchas cosas en común, te llevas bien con él, se entienden en la cama. Sin embargo, tiene un enorme defecto: no le gustan los perros.

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Mr. Perfect y tu adorada mascota

Al principio esto no es un problema porque cada uno vive en su casa y mantienes tus dos relaciones separadas. Pero con el tiempo la cosa se pone más seria, la etapa dorada de las citas termina y deciden dar el siguiente paso. Se van a vivir juntos.  Entonces te das cuenta que Mr. Perfect no se lleva bien con tu perrita. Quizás es de esas personas que nunca han sido capaces de desarrollar un vínculo emocional con un animal y no tiene esa mágica conexión que tú tienes con tu mascota.  “¿Pero cómo es posible?”, te preguntas.  El caso es que él, en lugar de amor y caras dulces, sólo percibe pelos por toda la casa, juguetes babeados y mordidos, desorden, olor a perro en los muebles, ladridos, y, desde luego, una falta total de intimidad contigo porque la perrita siempre se sienta en medio de los dos. Ya olvídense de arrebatos pasionales en la sala porque la perrita llora y rasguña sus piernas en cuanto se baja el pantalón. Él grita y enojado te dice “¡Ya estoy harto de esta perra!”.  Tal vez tener un animal en el hogar sea algo que sencillamente no esté dispuesto a tolerar.


Y entonces te preguntas…. ¿en verdad voy a tener que escoger entre uno de ellos dos?


A veces la vida empuja a este tipo de dicotomías: a tu pareja le ofrecen una excelente oportunidad laboral, pero es en la Costa Oeste, lo que implica vivir en lugares separados y hacer viajes constantes, o tal vez encuentran el departamento de sus sueños pero no aceptan animales, o tienen que trasladarse a un país en el extranjero, o uno de los dos desarrolla una enfermedad en donde la convivencia con mascotas es poco aconsejable (alergias, por ejemplo).


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Pueden pasar muchas cosas que te hagan preguntarte qué hacer con tu mascota. Por supuesto, cuando adoptaste esa perrita sabías que era una responsabilidad para toda la vida (o al menos por los próximos 15 años), y no estás dispuesta a convertirte en el tipo de persona que abandona a un animal en cuanto las cosas se tuercen. En ese caso, considera el problema con tu pareja como una ventana de oportunidad.



Tolerancia y compromiso

A veces estas cosas suceden. Sin embargo pueden ser beneficiosas para la relación, pues brinda la ocasión de conocerse resolviendo problemas. Considéralo un regalo que la vida te ofrece para comprobar si vas a poder vivir por siempre junto a esta persona.


Para empezar, van a tener que aprender a hablar sobre la importancia emocional que ciertos temas tienen en su vida. Ahora son los perros, pero después pueden ser los hijos. Por ejemplo, ¿qué pasa si uno quiere tener hijos y el otro no?, ¿qué pasa si, aunque ambos quieran tener hijos, uno puede y el otro no? Que tu pareja acepte a tu mascota no sólo habla de su capacidad para la tolerancia, sino de su grado de compromiso. No es lo mucho que quiera al animalito, es lo mucho que le importas.


Si él comprende — pese a su desagrado —, lo importante que es la mascota en tu vida, tal vez puede hacer un esfuerzo y sacar a pasear a tu perrita de vez en cuando, alimentarla, y poco a poco ir haciendo un lazo más fuerte con ella. Porque esto es una carretera de dos vías. ¿Qué tanto quieres a este hombre y qué tan importante es en tu vida para priorizar tu relación por encima de tu mascota?  Tú también tendrás que hacer un esfuerzo. Tal vez empezar a poner límites: ya no duermas con ella en la cama y enséñale a que tiene que dormir en su kennel, no la dejes subir en el sofá. Considera la opción de conseguir un entrenador o un paseador de perros.


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Vivir en pareja es aprender a llegar a consensos. Tal vez así aprenden el significado de la verdadera convivencia. Porque la vida en pareja es eso: un continuo estira y afloja.  Vienes con el perro en el paquete y él también trae sus cosas.  Las parejas no vienen en paquetes perfectos. Debes aprender a conciliar y escoger tus batallas. No pretendas querer meter al perro en todos los planes que hagan juntos.  Con el tiempo, si todos hacen su parte, tal vez él empiece a involucrar a tu mascota sin que haya que decirlo.


¿Y si todo falla?

Si a pesar de todo la convivencia es insoportable, deberás tomar una decisión.  Si decides dejar a la mascota, no la lleves a un refugio. A veces no son el lugar adecuado y tu perrita moriría de tristeza y probablemente tú también. Mejor dedica tiempo y energía a encontrarle un lugar permanente en donde no vaya a tener que sufrir otra separación.


Si por el contrario decides que no merece la pena seguir adelante con una persona que no es capaz de encajar en tu modelo de vida tal cual es, pues ya sabes. Eso dependerá de la pareja, de tus prioridades y del nivel de compromiso que ambos tienen.


Una encuesta realizada por The Humane Society of the United States reflejó que en Estados Unidos hay 7.2 millones de mascotas, y el 39% de los hogares tienen un perro. Por otro lado, según la Agencia AP, Petside.com realizó un estudio en donde se les dio a escoger a un número de personas entre su perro o su pareja: el 84% escogió a la pareja y un 14% a su mascota. Curiosamente, el 25% de las personas que escogieron a su mascota eran solteros, frente a un 8% de casados. Está científicamente demostrado –según estudios del Hospital General de Massachussets— que el cerebro humano al ver a su mascota tiene una reacción idéntica a las que sucede al ver a un hijo. Con suerte, tal vez la pareja que te quiera sea lo suficiente capaz de entender eso. 


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